14:20 — Mensaje de Alex
Alex: "Lucas, esta noche hay una fiesta en casa de Laura. Paso por ti a las 9. Iremos con Carlos."
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Ni para que gasto mensaje diciéndole a Alex que no iré. Ya me lo conozco. A Alex le decís que no y él lo traduce como "sí, pero insísteme cinco minutos más".
Y aunque no tengo muchas ganas, tal vez sea justo lo que necesito... distraerme. Sacarme de la cabeza a Andrea por una noche.
Espanto al gato del abuelo que se había acomodado en mi camisa recién planchada. Siempre hay gatos en este pueblo, como si fueran parte del paisaje. En cada calle hay uno. No sé si me molestan o me recuerdan demasiado a ella. Andrea solía recoger a todos los que encontraba. Los cargaba como bebés y les inventaba nombres absurdos. Y doña Nathy... siempre los dejaba quedarse.
Pensar en gatos me lleva a pensar en ella. Y pensar en Andrea... me jode.
—Abuelo, voy a salir esta noche —le aviso desde la cocina mientras abro el refri.
Vacío.
—¿No hay nada de comer?
—No llegues tarde — Evade mi última pregunta.
—Abuelo, tengo hambre— Hice berrinche.
—Ya, ya. Hay comida en el horno, más luego Fabián llena el refri. Como siempre nunca separa su vista del periódico.
Y sí, ahí está: torta de chocolate. Me sirvo un pedazo, lo llevo a la sala y me tiro en el sofá. Pongo lo primero que encuentro en la tele.
—¿¡Te estás comiendo mi torta!? —grita Fabián apenas entra y me ve.
—El abuelo dijo que podía —respondo con la boca llena, medio escupiendo migas.
—¡Abuelo! —grita él, furioso.
—Lucas se comió tu torta sin permiso —responde el abuelo desde la sala, con toda la tranquilidad del mundo.
—¡Eso no es lo que dijiste! —me levanto asustado. Esto va a escalar.
- ¿Qué? Abuelo tú dijiste que podía comerla. Respondí asustado, sabía que iba a tener una guerra con mi hermano.
El viejo se ríe. Ese traidor disfruta vernos pelear.
—¡Ya verás! —Fabián avanza decidido.
Dejando una pequeña parte de lo que quedaba de la torta, salí corriendo y me encerré en el cuarto. No es que sea cobarde... solo sé cuándo una pelea está perdida. Y esto, amigos, se llama instinto de supervivencia.
—¡Oye! —escucho su voz tras la puerta y luego algo golpea.
—¿Qué?
—¿Qué pantalón me pongo para la fiesta?
No le contesto. No tengo ganas de hablar. Hasta que él lanza la bomba:
—Hace una semana vi a Andrea en el súper.
Mi pecho se encoge. Su nombre todavía tiene ese efecto.
—¿Y hablaron? —pregunto, intentando sonar casual.
—Algo. Pero creo que no se acuerda de mí. ¿Tú la has visto? Esa niña... Dios, está hermosa.
Le tiro un zapato a la cabeza por puro reflejo.
—¡Qué te pasa, idiota! —se queja—. ¿Me lanzas uno porque dije que está hermosa?
Solo le hablé un poco, pero se me quedó viendo como si no tuviera idea de quién era. Igual... seguro todavía le gusto —dice con esa sonrisa de siempre, fanfarrona.
Sus palabras me raspan. No sé si me molesta que hable así de ella, o que lo diga tan convencido.
Abro la puerta otra vez, con otro zapato en mano. Pero él me gana y me lanza el primero de vuelta. Me lo como en toda la cara.
—Te devuelvo tu zapato —dice con una sonrisa burlona. —¿Y ustedes? —agrega, como quien lanza una piedra al agua y se queda a ver las ondas—. ¿Tú y ella han hablado?
Por dentro me tenso. No quiero que lo note, pero sé que mi silencio me delata.
Me sobo la cara ya que fue ahí donde recibí el golpe. Tú no le gustas, respondo fríamente. Y pues tampoco me reconoció dije con tristeza.
-Ah! Me has lanzado tu zapato porque dije que estaba hermosa y el otro porque obviamente le gusto, soltó una risa, No puede ser Lucas ¿Aún sigues enamorado de ella?
—Cállate, animal —le gruño, cerrando la puerta.
Pero claro, no se detiene.
—Lucas sigue enamorado de Andrea... Lucas y Andrea, sentados en un árbol...
—¡Cállate! —grito. Esta vez, más fuerte.
Y se calla. Supongo que mi voz lo hizo entender que ya no era un juego.
Me dejo caer en la cama. Miro al techo. Todo se queda en silencio... menos ese pensamiento que me persigue desde hace años.
Y sin quererlo, sin planearlo, se me escapa en un susurro:
—Sí... todavía estoy enamorado de ella.
Alex pasa por mí. Al volante va Carlos. Son las 9:12, más o menos. Llevo un jean sencillo, una camiseta blanca que se ajusta bien, chaqueta azul y zapatos casuales. Según yo, estoy atractivo o al menos, presentable.
—Hola, Lucas —me saluda Laura, con una sonrisa demasiado entusiasta.