Si el destino nos encuentra

8. AÚN SIGO ENAMORADO DE TI

14:20 — Mensaje de Alex

Alex: "Lucas, esta noche hay una fiesta en casa de Laura. Paso por ti a las 9. Iremos con Carlos."

****

Ni para que gasto mensaje diciéndole a Alex que no iré. Ya me lo conozco. A Alex le dices que no y él lo traduce como "sí, pero insísteme cinco minutos más".

Y aunque no tengo muchas ganas, tal vez sea justo lo que necesito... distraerme. Sacarme de la cabeza a Andrea por una noche.

Espanto al gato del abuelo que se había acomodado en mi camisa recién planchada. Siempre hay gatos en este pueblo, como si fueran parte del paisaje. En cada calle hay uno. No sé si me molestan o me recuerdan demasiado a ella. Andrea solía recoger a todos los que encontraba. Los cargaba como bebés y les inventaba nombres absurdos. Y doña Nathy... siempre los dejaba quedarse.

Pensar en gatos me lleva a pensar en ella. Y pensar en Andrea... me jode.

—Abuelo, voy a salir esta noche —le aviso desde la cocina mientras abro el refri.

Vacío.

—¿No hay nada de comer?

—No llegues tarde — Evade mi última pregunta.

—Abuelo, tengo hambre— Hice berrinche.

—Ya, ya. Hay comida en el horno, más luego Fabián llena el refri. Como siempre nunca separa su vista del periódico.

Fui hasta el horno y lo abrí.

Torta de chocolate.

Mis ojos brillaron.

Corté un pedazo generoso.

Luego otro.

Porque nadie puede vivir con un solo pedazo de torta.

Me dejé caer en el sofá, puse cualquier cosa en la televisión y ataqué mi botín.

—¿¡Te estás comiendo mi torta!? —grita Fabián apenas entra y me ve.

—El abuelo dijo que podía —respondo con la boca llena, medio escupiendo migas.

—¡Abuelo! —grita él, furioso.

—Lucas se comió tu torta sin permiso —responde el abuelo desde la sala, con toda la tranquilidad del mundo.

—¡Eso no es lo que dijiste! —me levanto asustado. Esto va a escalar. - ¿Qué? Abuelo tú dijiste que podía comerla. Protesté, incorporándome del sofá mientras sentía cómo mi esperanza de supervivencia disminuía considerablemente.

El viejo se ríe. Ese traidor disfruta vernos pelear.

—¡Ya verás! —Fabián avanzó hacia mí con peligrosa determinación.

Miré la torta.

Miré a mi hermano.

Volví a mirar la torta.

La decisión más difícil de mi vida.

Dejé el plato sobre la mesa con un pequeño trozo todavía intacto y salí corriendo.

No es que sea cobarde... solo sé cuándo una pelea está perdida. Y esto, amigos, se llama instinto de supervivencia.

—¡Abre, Lucas!

—¡No! ¡La violencia nunca es la respuesta!

—¡Te comiste mi torta!

—¡Y estaba deliciosa! ¡No me arrepiento de nada!

Escuché el golpe de su mano contra la puerta.

Luego el sonido de la risa del abuelo inundando la casa.

Me dejé caer al suelo, apoyando la espalda contra la madera.

—¡Oye! —escucho su voz tras la puerta y luego algo golpea.

No le contesto. No tengo ganas de hablar. Hasta que él lanza la bomba:

—Hace una semana vi a Andrea en el súper.

Mi pecho se encoge. Su nombre todavía tiene ese efecto.

—¿Y hablaron? —pregunto, intentando sonar casual.

—Algo. Pero creo que no se acuerda de mí. ¿Tú la has visto? Esa niña... Dios, está hermosa.

Abro lentamente la puerta y le tiro un zapato a la cabeza por puro reflejo.

—¡Qué te pasa, idiota! —se queja—. ¿Me lanzas uno porque dije que está hermosa?

Solo le hablé un poco, pero se me quedó viendo como si no tuviera idea de quién era. Igual... seguro todavía le gusto —dice con esa sonrisa de siempre, fanfarrona.

Sus palabras me raspan. No sé si me molesta que hable así de ella, o que lo diga tan convencido.

Abro la puerta otra vez, con otro zapato en mano. Pero él me gana y me lanza el primero de vuelta. Me lo como en toda la cara.

—Te devuelvo tu zapato —dice con una sonrisa burlona. —¿Y ustedes? —agrega, como quien lanza una piedra al agua y se queda a ver las ondas—. ¿Tú y ella han hablado?

Por dentro me tenso. No quiero que lo note, pero sé que mi silencio me delata.

Me sobo la cara ya que fue ahí donde recibí el golpe. Tú no le gustas, respondo fríamente. Y pues tampoco me reconoció dije con tristeza.

-Ah! Me has lanzado tu zapato porque dije que estaba hermosa y el otro porque obviamente le gusto, soltó una risa, No puede ser Lucas ¿Aún sigues enamorado de ella?

—Cállate, animal —le gruño, cerrando la puerta.

Pero claro, no se detiene.




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