FABIAN
Hace aproximadamente dos años regresé al pueblo para pasar tiempo con el abuelo. Lucas estaba por terminar la secundaria, y yo debía empezar la universidad. Vine a consultarle al abuelo sobre su trabajo, porque quería dedicarme a lo mismo: agroindustria. Sin embargo, me topé con una realidad que él había mantenido oculta... una deuda considerable que se convirtió en nuestro secreto.
Comenzamos a trabajar juntos, día tras día. Aunque logramos disminuirla poco a poco, los gastos seguían siendo muchos. Un día, en el local donde suelo trabajar cada verano, escuché una conversación entre el gerente y tres tipos. Le estaban ofreciendo un préstamo grande. Me tomé semanas para pensarlo, y cometí la peor decisión de mi vida: pedí uno también.
La suma fue enorme. Se la entregué al abuelo, pagamos la deuda, invertimos, crecimos… y en un año logré devolver hasta el último centavo, con los intereses absurdos que exigieron. Pero no fue suficiente. Comenzaron a extorsionarme. No cedí… hasta ahora.
Lucas volvió al pueblo, con la firme idea de quedarse y reencontrarse con Andrea. Yo no llegué con esa intención, pero no puedo negar que el hecho de quedarme con el abuelo también me hacía pensar en ella… y en verla otra vez. Sin embargo, Lucas lo tenía claro desde el inicio.
Una semana después de haberse instalado, vinieron los tipos al local. Destrozaron el lugar, llegaron con amenazas. Intenté defenderme como pude, pero eran tres. Justo cuando creía que no podría más, Lucas apareció… y aunque sólo tenía unas medias llenas de piedras, logró darles con precisión. Uno recibió un golpe en la cabeza, otro en la boca. Lucas, sin miedo, se enfrentó a ellos. Y yo también. Lo vi correr, ellos detrás de él… y yo detrás de ellos.
Los perdió entre callejones. Cerré el local, fui donde el gerente, revisamos las cámaras y desde entonces, la patrulla ronda el lugar. No los había vuelto a ver hasta ahora por lo que sucedió
Cuando hablé con Lucas, mencionó que los había evadido gracias Andrea, me recorrió el cuerpo escuchar su nombre y me llenó de temor pensar que estaba en peligro.
—Me ayudó, aunque estuvo en riesgo… pero mientras esté con ella, no le pasará nada. Lo juro —me dijo.
Ese juramento me atravesó. Me enceló, y no supe por qué… hasta ahora.
Ahora lo entiendo. Siempre me gustó. Siempre la quise. Pero siempre supe que mi hermano también.
No podía competir con él. Y aunque alguna vez imaginé: "¿Y si ella me eligiera a mí?", sabía que no sería así.
Desde niños, siempre fue Lucas. Yo soñaba con consolarla, rescatarla, ser su refugio. Pero ella siempre corría hacia él. También pasó ahora, ya adultos. Cuando quise estar ahí para ella tras lo de la abuela, fue a sus brazos, no a los míos. Y eso me desarmó.
Y todo esto… todo, fue por mi culpa. El accidente, el dolor, la separación. Yo metí a los dos en esta historia. Y ahora me carcome la culpa, el arrepentimiento y la resignación.
Tenía que ayudarlos. No podía permitir que, además de todo lo vivido, ni siquiera pudieran comunicarse. Por eso le propuse a Andrea que le escribiera una carta.
—Afuera de la clínica hay papelerías. Busca lo que necesites. Mientras tanto, yo revisaré cómo está el panorama por su habitación —le dije.
Ella sonrió. Vi esperanza en sus ojos… y eso me rompió. Porque ver esa esperanza que no era para mí, dolía.
Mientras caminaba hacia la habitación, pensaba que pasar tiempo a su lado me calmaba… porque en verdad la amaba. Y deseaba, con todo mi ser, que me eligiera a mí.
Estoy harto de fingir que no me gusta.
Al principio, lo mío solo era un gusto infantil. Pasar tiempo con ella era divertido, pero de niños uno no entiende nada. Me repetía que no podía estar enamorado a esa edad, pero Lucas sí lo estaba. Y por eso siempre sentí que él la merecía más. Yo no tenía recuerdos tan nítidos como él. Me hacían feliz, sí… pero no vivía en ellos.
Ahora es distinto. Ahora la amo. Y siento que mi hermano es inmaduro para estar a su lado. Quiero ser yo. Que me mire a mí. Pero, ¿qué clase de hermano soy?
Qué egoísta.
Porque fue Lucas quien se enamoró primero. Yo no tengo derecho.
Sé que no valdría la pena arriesgarlo todo. Ella, aunque aún no lo diga abiertamente, lo ha elegido. Tal vez me recordó primero, tal vez alguna vez le gusté, pero no me está mirando ahora. Si se va, no me llevará en su memoria. Lo llevará a él.
Y está bien.
En esta historia, por lo menos uno no tendrá un final feliz. Elegí ser yo.
Al llegar a la puerta de la habitación, vi que mamá hablaba con papá y con el abuelo. Ella se iba a ausentar unos minutos, y papá se quedaría a cargo. Así que simplemente me senté al lado del abuelo, esperando el momento justo para decirle a Lucas que Andrea estaba ahí, tan cerca… deseando verlo.
—¿Qué pasa, Fabián? —me preguntó el abuelo, sacándome de mis pensamientos.
—¿A mí? Nada. Bueno… sí. Estoy esperando que papá se distraiga para decirle algo a Lucas —respondí.
—No, hablo de ti —insistió—. Tienes un semblante de derrota. ¿Qué te pasa, hijo?