La enfermera volvió. Al parecer, finalmente recordó que no había terminado de conectar los monitores esta mañana. Maldigo su olvido. Maldigo el momento exacto en el que no estaba atado a esta cama. Hubiese preferido no saber.
Hubiese preferido que Fabián se callara lo que sentía, que se lo tragara como tantas veces yo tragué mis ganas de verla, mis ganas de tenerla cerca. Hubiera vivido más tranquilo ignorando que él también la ama.
Pero ahora lo sé. Y no puedo dejar de pensarlo.
Los recuerdos me golpean sin descanso.
Los veo.
De niños, corriendo juntos por el parque del barrio, compartiendo helados, escondiéndose detrás de los árboles como si el mundo fuera solo un juego. Los veo cuando los volví a encontrar… su complicidad. Cuando los encontré juntos en su casa. Dormidos. Uno abrazado al otro, como si fueran un solo cuerpo. Como si él tuviera permiso.
Permiso que yo nunca le di.
Y hace apenas unas horas… lo vi. Acariciándole la mejilla. Acomodando su cabello con ternura.
Tan cerca. Demasiado cerca.
Mi corazón late con fuerza. Lo siento crujir.
Mi instinto no fallaba. Solo… solo no quise hacerle caso. Quise taparlo con excusas. Quise ignorarlo. Quise aferrarme a la idea de que ella era mía, que me había elegido. Pero no. Siempre lo supe.
Desde que Andrea lo recordó a él primero.
Desde que su memoria trajo su nombre antes que el mío.
Desde que se refugió en sus brazos cuando la necesitó.
Desde que vi sus ojos buscarlo, aunque yo estuviera ahí.
Y ahora… ahora me pregunto:
¿Qué hago? ¿Qué harán ellos? ¿Ella lo sabe? Por lo que escuché, no. No lo parece. Pero… ¿y si sí? ¿Y si lo sabe y no me lo ha dicho? ¿Qué va a elegir? ¿A él? ¿A mí? ¿Porque tendría que elegir?
¿Y si está esperando el momento justo para dejarme?
Mi mente se llena de preguntas como espinas.
¿Me ama ella tanto como yo la amo a ella? ¿Lo suficiente para luchar?
¿Para buscarme? ¿Para no rendirse?
Sé que mi madre ha hecho todo por separarnos. Pero eso, ¿es suficiente excusa para que ella no haya vuelto?
¿Tal vez no quiso?
¿Tal vez se rindió antes?
¿Tal vez… eligió a Fabián?
Y entonces la frase maldita retumba en mi cabeza una y otra vez:
“Él también la ama. Él también la ama. Él también la ama.”
Tocan la puerta.
Mi corazón se detiene por un instante.
—Por favor… dígales que estoy muy cansado. No quiero ver a nadie —le pido a la enfermera sin fuerzas.
Pero no me hace caso.
Entra Fabián.
Lo miro… y me asqueo.
Su presencia me resulta insoportable.
—Hola, hermanito —dice con una sonrisa fingida. Muy fingida. Tiene los ojos hinchados. Ha estado llorando, seguramente después de decirle al abuelo que ama a la mujer que yo amo.
El abuelo también entra. Me saluda con entusiasmo.
Fabián se acerca. Se sienta junto a mí. Me acaricia la pierna como si todo estuviera bien.
—Necesitamos hablar —dice en voz baja, como si estuviéramos compartiendo un secreto.
Hablar.
Hablar… ¿de qué?
¿Va a confesarme lo que siento que ya me gritó en la cara?
—¿Sobre qué? —pregunto. Me cuesta contener la furia.
—Sobre Andrea —responde.
Su nombre en su boca me enardece.
Estoy seguro de que, si pudiera caminar, lo habría golpeado sin pensarlo.
Antes de que pudiera decirle algo —gritarle lo que merecía—, la enfermera interviene como enviada del cielo.
—Lo siento, pero estuvo en varios análisis esta mañana. Está agotado. Necesita descansar. Por favor, pueden retirarse.
No protesté. No lo necesitaba.
La rabia hablaba por mí.
Ella los sacó. Y por primera vez en horas… me quedé solo.
Pero no me sentía mejor.
Horas después, mamá llegó.
—Mañana te dan de alta —dijo. Su voz era más suave que de costumbre—. Saliste bien en todos los exámenes. Así que el miércoles… viajamos.
Me quedé en silencio. Algo dentro de mí… simplemente cedió.
—Está bien —dije.
Ella parpadeó, desconcertada.
—¿Cómo? ¿Qué dijiste?
—Eso. Está bien.
—¿Entonces recapacitaste?
No respondí. Solo me volteé, dándole la espalda.
No sé por qué dije eso. No sé si es lo que quiero.
Pero he pensado toda la tarde. ¿Y si es lo mejor?
¿Y si esta es la señal que el universo me está gritando para que no estemos juntos?
Y si el destino es otro…
Y si yo solo estoy estorbando su final feliz con Fabián…
Solo pensarlo me rompe.
Pero entonces mi corazón grita, resentido:
Eres tú.
Tú esperaste.
Tú luchaste.
Ella es tuya.