Sigo el consejo de Fabián. Camino hasta la papelería más cercana, compro unas hojas en blanco, un sobre y un esfero. El corazón me late tan fuerte que apenas logro sostener el bolígrafo cuando me siento en la misma banqueta donde lloré esa mañana. Respiro hondo y empiezo a escribir.
Amado Lucas.
Tengo tanto que decirte y no se por donde iniciar.
Te he buscado, empezaré por ahí porque bajo ninguna circunstancia quiero que pienses que me he rendido, que no me he esforzado, pero tu mamá me lo impidió, con firmeza, con dureza… incluso con desprecio. Me comentó que te irás a la ciudad porque tienes una beca, y te quiero decir que está bien, está bien Lucas que vayas, Lo que quiero preguntarte es… ¿quieres que te acompañe? Porque lo haría, Lucas. Esta vez sería yo la que corra tras de ti. Estudiaremos juntos, estaremos juntos. Solo eso me importa, así que no dejes tu futuro, mas bien inclúyeme en él.
Hoy traté de verte, pero, aunque insistí no se me permitió y conversé con Fabian y me sugirió que te escribiera que él podía hacerte llegar mis sentimientos, por eso estoy haciendo todo esto de manera apresurada y desesperada.
También quiero decirte, aunque me hubiese gustado ver tu rostro cuando lo mencionara que recordé nuestra despedida de niños, tu promesa de volver por mi y mi promesa de esperarte, nuestros “te quiero” infantiles pero reales y nuestra promesa en conjunta de estar juntos adultos, ahora y no volver a separarnos
No necesito recordártelo porque estoy segura que si lo recuerdas, no nos separemos corazón, necesito de ti, todo, completo, tus besos, caricias, pero si aun nada de eso fuera posible solo necesito tu compañía.
Estoy segura que no quiero dejar esta historia en pausa, no quiero repetir la historia de nuestros abuelos, no quiero vivir arrepentida o en otro amor, quiero elegirte todos los días y que tú lo hagas conmigo.
Busquemos soluciones juntos, no quiero ser tropiezo en tu vida, seamos avance.
No nos esperemos, no hagamos promesas a futuro, seamos nuestro presente
Te amo
Tuya, Mia.
Doblo la carta con delicadeza y la guardo en el sobre. Lo doblo una vez más como si así pudiera proteger mis sentimientos. Camino por los pasillos buscando a Fabián, pero por más que lo busco no lo encuentro, no cargo celular, no tengo nada. Pero intento mantener la calma, igual puedo darsela mañana y que se la haga llegar.
Decido regresar a casa, aquí por mas que lo intente no podré verlo.
Mi madre me recibe. Le cuento lo ocurrido. Se indigna, por supuesto, pero me escucha con paciencia cuando le digo que aún tengo un hilo de fe. Esa carta... es mi única esperanza.
Esa noche, espero a que Fabián pase a ver al abuelo, pero no aparece. Decido ir hacia su casa, y en medio del camino, nos encontramos.
—¡Fabián! —saludo, emocionada—. Justo iba a buscarte. Aquí está la carta.
—Andrea… —dice, sin aliento—. Iba a buscarte. Pasó algo.
—¿Por la carta? Si, ya la terminé.
—No, le adelantaron el alta a Lucas. Ya está en casa. Y se va mañana. Está decidido a irse con mis padres. No sé por qué. No sé qué le dijeron, pero… Andrea, si no hablas con él ahora, se irá sin despedirse.
Sus palabras golpeaban fuertemente mi corazón, no comprendía lo que decía
—¿Sin despedirse?
Por qué quería irse sin decirme, sin despedirse, sin darme la cara. Yo no impediría su viaje, porque es su futuro, ¿pero porque me excluía de él?
—Rodea la casa. Yo distraeré a mis padres en la sala. Toca su ventana. Necesitan hablar. Necesitan arreglar esto.
Corremos. Fabián, más rápido, podría haberme dejado atrás, pero se adapta a mi paso. Al llegar, rodeo la casa con cuidado, con el corazón desbocado, la carta aferrada a mis dedos como un salvavidas.
Y entonces lo escucho.
—Sí… no te preocupes. Ahí estaré.
Su voz.
—También te extraño. Tengo muchas ganas de verte.
¿Con quién habla?
—Ya estoy recuperado, aunque todavía necesito terapia. Pero ya podremos vernos, cariño…
No entiendo. ¿A quién le dice eso? ¿Tiene otra? Se asomó un poco más a la ventana
—También te extraño, tengo muchas ganas ya de verte
—¿Qué estás diciendo, Lucas? —pregunté, furiosa para mis adentros, sin atreverme aún a alzar la voz.
Su tono seguía siendo dulce, casi meloso.
—Sí… me has hecho muchísima falta todo este tiempo. Ya estoy mejor, aunque todavía necesito un poco de terapia… pero ya casi, ya pronto podremos estar juntos, cariño.
Cada palabra que salía de su boca me golpeaba como un mazo, una tras otra, sin darme espacio para respirar, para pensar. No lo estaba entendiendo. ¿Con quién hablaba? ¿"Cariño"? ¿Era con otra persona? ¿Acaso estaba saliendo con alguien mientras jugaba conmigo? ¿Era yo, como había insinuado su madre, solo una aventura de verano? ¿Un recuerdo tibio del pasado?
Me acerqué un poco más a la ventana, conteniendo el temblor de mis manos, con la desesperada esperanza de que él me viera… de que notara mi presencia y me explicara lo que estaba diciendo.