El ruido metálico volvió a sonar.
No era un golpe torpe.
Era… rítmico.
Clang.
Pausa.
Clang.
Penny y Alison se miraron sin hablar.
—Dime que eso es una escultura moderna activándose sola —susurró Alison.
—Si es arte contemporáneo, probablemente sí. Pero si empieza a gritar… no.
El sonido venía del pasillo que llevaba a las oficinas y bodegas internas. Oscuro. Sin ventanas. Sin cielo naranja que advirtiera nada.
Afuera, la puerta principal comenzó a crujir.
Dos problemas.
Excelente.
Penny agarró una pata metálica de una de las esculturas caídas. Pesada. Sólida.
—Improvisación nivel apocalipsis —murmuró.
Alison miró alrededor y tomó… un extintor.
—Siempre quise usar uno.
—Intenta no apagarme a mí.
Caminaron despacio por el pasillo.
El eco hacía que cada paso sonara como si alguien más caminara detrás.
Clang.
Más cerca.
Alison tragó saliva.
—No me gusta.
—A mí tampoco. Pero si dejamos algo vivo aquí atrás y nos distrae cuando entren los otros… estaremos en un sándwich humano. Y no soy fan de ser relleno.
Llegaron al final del pasillo.
Una puerta entreabierta.
Luz parpadeando.
Penny la empujó con la barra metálica.
La oficina estaba revuelta.
Cajones abiertos.
Papeles por el suelo.
Y en el centro…
Un hombre.
De espaldas.
Vestido con traje elegante.
Balanceándose ligeramente.
Clang.
Tenía un martillo en la mano.
Golpeaba el suelo.
Una y otra vez.
Clang.
Alison susurró:
—¿Está… vivo?
El hombre dejó de golpear.
Su cabeza giró.
Demasiado.
Casi completa.
Los ojos no estaban blancos como los infectados de afuera.
Estaban… enfocados.
Conscientes.
Y sonriendo.
—Ah —dijo con voz normal—. Pensé que ya no quedaba nadie con buen gusto para entrar a una galería.
Penny no bajó la barra.
—¿Eres humano o edición limitada?
El hombre rió.
Demasiado tranquilo para el fin del mundo.
—Depende del punto de vista.
Alison dio un pequeño paso atrás.
—¿Qué está haciendo?
El hombre levantó el martillo, manchado.
—Preparando la siguiente fase.
Silencio.
Penny entrecerró los ojos.
—No me gusta cómo suena eso.
El hombre señaló hacia la ventana trasera de la oficina.
—El impacto no fue solo una roca. Fue un catalizador. No todos reaccionan igual. Algunos se deterioran… —hizo un gesto vago con la mano—. Y otros evolucionamos.
Alison susurró:
—Eso no suena nada hippie.
—No soy hippie —respondió el hombre—. Soy pragmático.
Se levantó.
Demasiado ágil.
Demasiado estable.
No caminaba como infectado.
Caminaba como alguien que sabía exactamente lo que estaba haciendo.
—La señal cayó porque interferimos con ella —continuó—. El caos es necesario. La estructura debe colapsar para que algo mejor surja.
Penny ladeó la cabeza.
—Oh, perfecto. Un filósofo del apocalipsis.
—Ustedes dos podrían ser útiles.
—Preferimos no inscribirnos.
El hombre sonrió.
Y entonces, sin aviso, lanzó el martillo.
Penny empujó a Alison al suelo.
El martillo golpeó la pared detrás.
—¡Extintor! —gritó Penny.
Alison reaccionó por instinto.
Descargó el extintor directo al rostro del hombre.
La nube blanca lo envolvió.
Pero él no gritó.
No retrocedió como debería.
Salió de la nube tosiendo… pero sonriendo.
—Interesante.
Penny no esperó más.
Corrió hacia él y le golpeó la rodilla con la barra metálica.
El crujido fue claro.
Pero el hombre apenas se tambaleó.
—Eso debería doler más —comentó él con curiosidad.
—Sí, bueno, reclama a servicio técnico —respondió Penny.
El hombre intentó agarrarla.
Alison, temblando pero decidida, tomó una silla y la estampó contra su espalda.
Esta vez sí cayó de rodillas.
Penny aprovechó.
Golpe directo en la cabeza.
Una.
Dos.
Tres veces.
Silencio.
El cuerpo cayó de lado.
Alison respiraba agitada.
—¿Está…?
El hombre abrió un ojo.
—La muerte es un concepto flexible ahora.
—¡No me jodas! —gritó Penny.
El hombre rió… pero algo cambió.
Su risa se volvió irregular.
Su pupila comenzó a dilatarse de forma extraña.
Su piel se tensó.
Venitas oscuras comenzaron a marcarse bajo su cuello.
Alison susurró:
—Creo que ahora sí se está convirtiendo en algo peor.
El hombre comenzó a convulsionar.
Penny agarró la barra con ambas manos.
—Alison… aléjate.
—Penny…
—Aléjate.
El cuerpo se arqueó.
Un sonido húmedo salió de su garganta.
No era humano.
No era como los infectados de afuera.
Era…
Más rápido.
Más consciente.
Sus huesos crujieron mientras intentaba levantarse.
Penny no dudó esta vez.
Golpeó con toda su fuerza directo en la sien.
El cráneo cedió.
Silencio definitivo.
Alison dejó caer la silla.
—Ok… ok… eso fue oficialmente más traumático que perder señal.
Penny respiraba fuerte.
Miró el cuerpo.
—Evolución, mis ovarios.
Afuera, la puerta principal finalmente se rompió.
El sonido del vidrio estallando llenó la galería.
Y lo peor…
No fueron solo gemidos.
Se escucharon voces.
Voces humanas.
—¡Hay gente adentro!
—¡Entren!
—¡Agárrenlas!
Alison miró hacia el pasillo.
—¿Eso suena como rescate?
Penny negó lentamente.
—No.
Eso suena como cacería.
Y ahora no solo tenían muertos afuera.
Tenían vivos peligrosos.
Y lo que sea que ese hombre estaba empezando a convertirse.
Penny miró a Alison.
—¿Sigues confiando en mí?