La noche había caído por completo.
El cielo ya no era naranja brillante.
Era rojo oscuro, como una herida que no cerraba.
Penny y Alison se habían refugiado en un terreno abierto, lejos de la base. Un viejo parque industrial abandonado. Silencioso por ahora.
Encendieron una fogata pequeña con madera rota y papeles húmedos.
El fuego crepitaba suave.
Por primera vez en horas… no corrían.
Penny estaba sentada frente a Alison, mirándola como si todavía necesitara confirmar que seguía viva.
Alison sostenía el celular de Penny.
Sin esperanza real.
Solo costumbre.
—No creo que haya señal —murmuró.
La pantalla mostraba una barra.
Apenas.
Intermitente.
Alison parpadeó.
—Espera…
Se movió un poco.
La barra subió.
Una más.
Penny se incorporó.
—¿Qué?
—Hay algo… es débil…
Alison marcó el número con dedos temblorosos.
El tono tardó.
Uno.
Dos.
Tres…
Penny casi dejó de respirar.
Y entonces—
Click.
Una voz al otro lado.
Distorsionada. Lejana.
—¿Moshi…? ¿Moshi…?
Alison se llevó la mano a la boca.
—Mamá… soy yo. Alison.
Silencio.
Luego un sonido quebrado.
—¿Alison? ¿Alison eres tú? ¿Estás viva?
La voz de su madre temblaba.
Alison ya estaba llorando.
—Sí… sí mamá… estoy viva…
Un sollozo cruzó la línea.
—Dios… yo pensé… las noticias… el impacto… yo pensé que te había perdido…
Penny bajó la mirada.
Respetando el momento.
Pero escuchando.
—Estoy bien —mintió Alison suavemente—. Estoy a salvo por ahora.
—¿Dónde estás? ¿Sigues en Hawái?
—No… volví… estoy en la ciudad de los ángeles.
Hubo un silencio pesado al otro lado.
—Aquí también se siente extraño —dijo su madre en voz baja—. No fue como dijeron. No fue solo un asteroide. Hay zonas cerradas. El gobierno no habla claro. Las personas… están cambiando.
Alison cerró los ojos.
—Lo sé.
—Quería que vinieras a Japón este año —continuó su madre con voz quebrada—. Quería enseñarte los cerezos en flor. Pensé que aún teníamos tiempo.
Las lágrimas caían sin control por el rostro de Alison.
—Yo también quería eso… quería quedarme más tiempo contigo… siempre decía “luego”. Siempre decía “cuando tenga más dinero”. Siempre creí que el tiempo… era infinito.
La madre respiró profundo al otro lado.
—Estoy orgullosa de ti.
Alison abrió los ojos.
—¿Qué?
—Estoy orgullosa de la mujer que eres. De lo que haces. De cómo viajas sola. De cómo miras el mundo con curiosidad. Aunque el mundo ahora esté… roto.
Alison comenzó a llorar más fuerte.
—A veces pensé que te decepcionaba… por no tener un trabajo estable… por vivir grabando cosas…
—Nunca me decepcionaste —respondió su madre con firmeza suave—. Tú viviste. Eso es más de lo que muchos hacen.
Penny sintió un nudo en la garganta.
El fuego iluminaba el rostro de Alison mientras escuchaba.
—Mamá… si algo pasa…
—No digas eso.
—Si algo pasa… quiero que sepas que te amo. Y que gracias por dejarme ir siempre. Aunque tuvieras miedo.
Del otro lado, solo se escuchaba respiración temblorosa.
—Yo siempre supe que el mundo no iba a poder romperte fácilmente —susurró su madre—. Pero si alguna vez sientes miedo… recuerda que mi amor viaja más lejos que cualquier señal.
La conexión comenzó a distorsionarse.
—Mamá… —susurró Alison desesperada.
—Si puedes… ven a Japón… ven conmigo… aunque sea cuando todo esto termine… aunque tengamos que empezar desde cero…
La señal comenzó a cortarse.
—Mamá… te amo…
—Yo más… mi niña… yo más…
La llamada se quebró.
Pantalla: Sin servicio.
Silencio.
Solo el fuego.
Alison bajó el teléfono lentamente.
Se quedó mirando la pantalla negra.
Penny se acercó sin decir nada.
La abrazó desde el costado.
Alison apoyó la cabeza en su hombro.
—Quería abrazarla otra vez —susurró—. Quería cocinar con ella. Escucharla hablar de cosas simples… de plantas… de recetas… de cosas normales.
Penny sostuvo su mano.
—Todavía puedes.
Alison negó con suavidad.
—No sé si habrá “todavía”.
El viento movió el fuego.
A lo lejos, un estruendo sacudió la noche.
Penny miró el horizonte rojo.
Luego miró a Alison.
—Entonces si no hay “todavía”… hacemos que cada ahora cuente.
Alison la miró con ojos aún húmedos.
—Gracias por volver por mí.
Penny sonrió apenas.
—Gracias por contestar el teléfono.
Alison soltó una pequeña risa entre lágrimas.
Se quedaron en silencio.
Mirando el fuego.
Sabiendo que el mundo afuera seguía cayendo en pedazos.
Pero por unos minutos…
La señal había cruzado océanos.
Y el amor de una madre había llegado más lejos que cualquier asteroide.