Si el Mundo Termina Contigo

Capítulo 10: Bailando mientras el mundo se rompía

Ya casi era medianoche.

El cielo rugía a lo lejos, pero dentro del viejo edificio abandonado había un remanso de calma.

El ambiente estaba cargado, pero no de miedo.

Estaba cargado de algo que no habían sentido en horas… de conexión pura.

Se miraron.

No con tristeza.

Sino con la certeza de que, en medio del caos, habían encontrado algo que ni el fin del mundo podía arrebatarles.

Un tocadiscos antiguo estaba sobre una mesa polvorienta. Alison lo encendió con cuidado.

El sonido se arrastró suavemente por el aire, un vals casi olvidado.

Alison tomó la mano de Penny.

—¿Bailamos? —susurró.

Penny asintió.

Sus pies se movieron lentamente, torpemente al principio, luego con más seguridad, balanceándose al compás de la melodía.

Mano con mano, respiración con respiración, el mundo entero desapareció.

—Fuiste lo más hermoso que me ha sucedido en toda mi vida —dijo Penny, su voz apenas audible entre el crujido del tocadiscos.

Alison la miró, con una sonrisa temblorosa:

—Después de todos mis viajes… jamás me había sentido tan feliz.

Sus miradas se encontraron y no hicieron falta palabras.

Un beso suave, un instante eterno.

Un beso que encerraba cada miedo, cada pérdida, cada momento que las había llevado hasta allí.

Y entonces…

El cielo se partió.

El asteroide cayó.

Un rugido devastador que parecía romper la piel del mundo, pero que ellas sintieron casi como un temblor lejano… hasta que no lo fue.

La onda expansiva sacudió el edificio. Polvo, vidrios, madera. La mitad del mundo se dobló y quebró como un cristal roto.

Pero mientras la tierra temblaba, mientras todo se rompía, mientras ciudades y recuerdos se pulverizaban…

Ellas permanecieron juntas.

Sus manos aún entrelazadas, pero en ese instante, vieron como el piso se agrietaba y túnel subterráneo se encontraba justo encima de ellas, las dos se tiraron.

El temblor fue feroz. El impacto total.

Y mientras el mundo desaparecía, Alison y Penny se miraron a los ojos por última vez mientras caían al abismo de lo desconocido.

No había miedo. No había lágrimas.

Solo felicidad pura.

Porque, en menos de doce horas, habían vivido, reído, llorado, amado… y se habían encontrado.

El asteroide se convirtió en polvo y fuego, el mundo que conocían desapareció, pero ellas… se encontraron entre el caos, y eso, por un instante, fue suficiente.

El silencio final fue absoluto.

El mundo había terminado.

Pero, por un instante eterno… el amor había ganado.

El mundo había terminado arriba.
Cenizas, fuego, caos, olas de destrucción que se extendían más allá de lo que sus ojos podían alcanzar.
Pero debajo… había silencio.
Un túnel profundo, oscuro, húmedo, pero seguro.

Alison sostuvo la microSD en sus manos.
La miró un instante largo.
Luego respiró hondo y la rompió en mil pedazos con un golpe seco.

—No necesitamos esto —dijo con voz firme—. Todo eso ya no importa.

Penny la miró, sorprendida.
El corazón le dio un vuelco.

—¿Qué…? —susurró—. Pensé que la tarjeta era nuestra ventaja.

Alison la sostuvo por los hombros, mirándola a los ojos con intensidad.

—Ya no necesitamos ventajas. No hay gobiernos que nos persigan, no hay conspiraciones que nos amenacen. Solo nosotras… y este lugar. Este túnel. Nuestra vida.

Penny asintió lentamente, entendiendo.
Aunque la sorpresa persistía, respetaba esa decisión.
Era la señal de que Alison había elegido dejar atrás el miedo y el pasado.

Se abrazaron.
Un abrazo que no necesitaba palabras.
Que decía: sobrevivimos. Que decía: estamos juntas. Que decía: lo demás ya no importa.

El túnel era profundo y estrecho, pero llevaba a una red de cámaras subterráneas, antiguas y olvidadas, perfectas para refugiarse.
Allí podían descansar, planear y… reconstruir algo que valiera la pena.

Penny encendió un poco de luz con una linterna improvisada.
El aire estaba frío, húmedo, pero respirable.
Miró a Alison.

—Nunca pensé que terminaría el mundo bailando un vals contigo, escondida en un túnel.

Alison sonrió, apoyando la frente contra la de Penny.

—Yo tampoco. Pero… si este es el fin del mundo, prefiero pasarlo contigo.

Se tomaron de las manos y comenzaron a explorar el túnel, descubriendo pequeñas cavidades, restos de habitaciones abandonadas, y espacio suficiente para establecer su refugio.
Cada paso resonaba en la oscuridad, pero también les recordaba algo importante: podían empezar de nuevo.

El silencio bajo tierra era pesado… pero también seguro.
No había explosiones, no había gritos. Solo ellas y la posibilidad de un mañana, tan incierto como esperanzador.

Penny suspiró.
Miró las paredes húmedas del túnel y luego a Alison.

—Vamos a sobrevivir. Juntas.
—Sí —dijo Alison—. No hay vuelta atrás. Y, ¿sabes? No quiero que la haya.

El fuego de la fogata que habían tenido arriba ya no existía, pero no hacía falta.
El calor estaba dentro de ellas, en sus manos entrelazadas, en sus corazones que habían encontrado un refugio incluso cuando el mundo entero se había roto.

Y mientras avanzaban más profundo en el túnel, sabían algo con certeza:
El mundo había terminado…
pero su historia apenas comenzaba.

Fin.




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