VIOLETA
Marcos compró todos los medicamentos que la Doctora le había recetado a Talía. Nos dejó en mi departamento y se fue, según él, tenía que trabajar. Sabía que no era así, sentía rabia y aún más al ver cada moretón que Talía tenía. Entramos a mi departamento, tenía un poco de comida para una semana más; me puse a hacerle una sopa, se sienta en el sofá. Aparte de mi cuarto había otra habitación disponible, mañana la acomodaría mejor para Talía, hoy dormirá conmigo; tomé un vaso con agua y se lo pasé con dos pastillas que le habían recetado.
—¿No trabajaste hoy?
—No, me dieron este día libre. Lo necesitaba.
—¿Ya no soportas a la niña? —Se ríe.
—La niña es un ángel. Al que no soporto es al hermanito que se gasta —Me tumbé en el sofá.
Terminé contándole todo con detalles, los comentarios poco profesionales de parte de los dos; ella no paraba de reír y decirme que del amor al odio solo hay un paso. Ni loca, ese hombre es demasiado egocéntrico y muy amargado para mi gusto. Terminé de preparar la sopa y se la coloqué en la mesa; ella empieza a comer. Cuando termina, decide acostarse; la llevo a mi habitación, con solo tocar la cama, cae rendida. Empiezo a limpiar, primero la cocina y continúo con la sala. Mi celular suena recibiendo un nuevo mensaje de Ross, no puede ser que una niña, de tan solo seis años, tuviera un teléfono y mucho mejor que el mío; era una foto de ella. A lo lejos, podía ver al amargado de su hermano leyendo el periódico, ¡hasta concentrado se veía bien el idiota ese!, guardo mi celular y sigo con mi labor. Después de varias músicas en mi reproductor, termino; estaba agotada, me acuesto en el mueble, suena el timbre y al abrir, me quedo sin palabras. <<¿Qué hacia ese hombre aquí?>> Gustavo me ve con una sonrisa y me entrega una flor, la tomo y lo invito a pasar.
—¿Cómo llegaste aquí? —Nos sentamos en el mueble.
—Marcos me dio tu dirección, espero no te moleste —Tenia que hablar con Marcos —. Quería saber de ti y no era precisamente por mensaje, preciosa.
—Ok —Me siento un poco incómoda — Eres muy persistente por lo que veo.
—Así es, más cuando alguien me interesa.
Me levanto y fui por un poco de jugo para ofrecerle. Sí, el chico fue agradable desde el primer momento que lo conocí en la discoteca, pero a querer llegar a mi casa así de repente no me agradó y menos si no era bienvenido. Espero que Talía despierte y así no estar a solas con él. ¡Como si hubiera escuchado mi clamor! Escucho la puerta abrirse y era ella, se acerca a la sala y se asombra al ver a Gustavo ahí.
—¿Gustavo? ¿Tú qué haces aquí? Pensé que estarías lejos después de lo sucedido —Talía suelta esas palabras que me sorprende.
—¿Se conocen? —Le paso el jugo a Gustavo.
—Sí, es amigo de... —Gustavo la calla.
—Amigos en común, pero...—Ve su reloj — Voy tarde al trabajo—. Deja el vaso en la mesa— Nos vemos hermosa, Talía que agradable sorpresa verte.
¿Qué carajo acaba de pasar aquí?
—¿Cómo conoces a Gustavo?
—Jamás pensé que tus gustos fueran así de raro —La miro sin entender de qué está hablando—. Gustavo es amigo de Daniel desde hace años, pero es medio extraño por así decirlo, tuvo un año preso por posesión de drogas y por casi matar a golpes a su entonces novia en aquel tiempo; es una joyita, pero está más cambiado, parece otro.
Definitivamente a mí no se me pega nada bueno, primero mi ex que era un patán en toda la palabra y ahora éste. Llamo a Marcos, al segundo repique me contesta, le armo la bronca el por qué le dio la dirección de mi casa a Gustavo sin decirme nada. Me dice que jamás hizo eso, que desde que salieron de la discoteca no lo ha visto más. Ahora sí, un loco sabe dónde vivo y mi número de teléfono ¡QUE ESTÚPIDA SOY! Después que le explico toda la situación me dice que nos alistemos, que nos va a sacar a almorzar y así le cuento todo en persona, acepto y cuelgo.
Talía ya está lista, a mí solo me hace falta ponerme las gomas; me maquillo un poco, me veo en el espejo y me gusta el resultado. Me llega un mensaje de Marcos, que ya está aquí; salimos y lo veo, su mirada va a Talía, ahí se queda. Amigo, estás más que perdido, nos subimos al auto y pongo música bien alta. Marcos se queja, pero no le hago caso, es mi día libre y se hace lo que yo quiera. Llegamos, es un restaurante de comida venezolana. ¡ME ENCANTA! La mamá de Marcos era de ese país. Cuando podía, íbamos a su casa y me hacía unas buenas arepas; esa mujer era la mejor en la cocina. Al entrar, estaba un poco lleno, pero pudimos encontrar una mesa, llega el camarero y toma nuestra orden.
—¡Así que resultó ser una joyita el tal Gustavo! —Mira a Talía— ¿Llevabas tiempo sin verlo?
—Muchísimo tiempo, por eso me asombré al verlo aquí. No estaba bien en aquel tiempo, iba de mal en peor, pero físicamente está mejor; pero es mejor que te cuides de él, Violeta.
—Lo haré, no quiero más problemas.
Llega nuestra orden y disfruto mi patacón. Marcos empieza a contar sus chistes malos que solo Talía se ríe, agarro un pedazo de plátano y se lo tiro para que se calle, pero lo quería el muy idiota. Él y Talía eran una de las pocas personas que estuvieron ahí cuando el pasado quería volver; sus abrazos eran mi mejor medicina. Suena el teléfono y era mi mamá, dejé que siguiera sonando, solo quería que me dijera lo orgullosa que se sentía de mí, pero era todo lo contrario; me humillaba y me hacía sentir que todo en mí estaba mal. Ya estaba cansada de que le diera la razón de lo que paso a todo el mundo, menos a mí, que fue la que viví ese momento. Seguí disfrutando con mis amigos, los que en verdad me amaban por lo que era, sin importar mi pasado y los errores que llegué a cometer.
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Editado: 29.08.2025