VIOLETA
Suena la alarma y me levanto muy feliz. Agarré la toalla y fui a bañarme, me quito la ropa, el agua estaba fría, disfruté del baño y aproveché para lavarme el cabello. Me coloco la toalla en mi cabello y otra en mi cuerpo y salgo mojando el piso por dónde camino. Busco un pantalón para embarazadas y una camisa holgada. Me siento en la cama para que se me haga más fácil ponerme las gomas, me amarro los cordones y respiro. Peino mi cabello y lo dejo suelto. Agarro mi bolso, apago la luz y salgo de mi habitación. Al bajar me dirijo al comedor y está Florencia desayunando.
—Buenas días, querida ¿Dónde vas? —Me pregunta mientras me siento a su lado.
—Saldré con Victoria —Le comento—. Está celoso porque según ella, me la pasó más tiempo con Maximiliano.
—Mentira no es —ruedo los ojos y me rio. Se que tiene razón, pero no lo voy a admitir.
La sirvienta me sirve el desayuno y le trae a Flore una pastilla para el dolor de cabeza.
—¿Siguieron con la fiesta anoche?
—Los amigos más cercanos y Matia quiso quedarse unos minutos más conmigo. Max se fue después que te acompaño a tu habitación y Victoria sé fue segundos después de que Maximiliano sé retirará. Y fue lo mejor —La miro—. Tuvieron una pequeña discusión. Matías le dijo que era una amargada, que por eso no tenía pareja, sabes cómo son ellos dos. Hasta que Matías no sé atreva a aceptar que tiene sentimientos por Victoria, pasaron la vida como perros y gatos.
Comienzo a reírme y Florencia me mira sin entender.
—Sabía que Matías sentía algo por ella, pero tenía mis dudas, hoy me lo acabas de confirmar.
—Bueno, me alegro de haberte sacado de esa duda que no te dejaba dormir, por lo que veo —me dice— Hace años atrás fueron pareja, pero algo pasó que terminaron. Victoria quedó destrozada.
—¿Por qué los hombres tienen la tendencia de hacernos sufrir? Pareciera como si fuera algo que viniera con ellos al nacer —me quejo.
—No tengo respuesta ante esa pregunta, solo puedo decirte que el castigo divino existe, mi niña —Se levanta—. Me iré a acostar, nos vemos más tarde.
La veo irse y suspiro. Termino mi desayuno y espero que Victoria venga por mí. Reviso mi teléfono y me llega un mensaje de Maximiliano para saber cómo estoy. Tocan la puerta y el ama de llaves va a abrir. Victoria entra feliz y me saluda con un beso en la mejilla.
—Vámonos ya, tengo muchas cosas que contarte —Agarra mi mano y salimos de la casa.
Nos subimos a su auto y lo enciende.
—Cuéntame ¿Qué pasó? —Me siento de lado.
—Conocí a un chico, bueno, es amigo de la familia —me dice muy sonriente, mientras maneja—. Hoy finalmente se atrevió a invitarme a salir, por mensaje, pero no importa, lo perdono por ser sumamente guapo.
—¿Y Matías? —Ella me mira extrañada—. Florencia me comentó que tuvieron una discusión anoche ¿Todo está bien entre ustedes?
—Matías es un imbécil y por esa misma razón, ignoro sus estupideces —Jamás pensé escucharla hablar así de él —Además estaba pasado de copas, cuando lo hace, comienza a discutir conmigo.
No le pregunto más y me sigue hablando del hombre que a mí parecer la tiene maravillada, espero y no la decepcione. Llegamos a una cafetería muy popular en España, nos bajamos y ella me agarra la mano. Entramos y ella saluda al gerente, que, casualmente, es su tío. Nos lleva hacia nuestra mesa. Le pedimos dos cafés con un toque de leche y donas, jamás me cansaré de ellas, son buenísimas, aquí en España le dan un toque que las hace ser adictivas, se retira y nos dice que dentro de un rato nos traen nuestro pedido. Comenzamos a hablar del restaurante que quiere abrir en México.
—Entonces ¿Es algo seguro? No imaginé que se llevaría a cabo ese proyecto.
—Nos has hablado tan lindo de tu país, que Matías no ha dejado de soñar con la idea de que nuestro nombre llegue hasta México. Además, Matías tiene un conocido que vive allá, que le está ofreciendo su ayuda en todo lo que necesite.
—¿Así? —La miro curiosa—. ¿Cómo se llama?
—Alexander Montecarlo —Mis ojos se abren ante la sorpresa— Busque su perfil por internet y quedé encantada. Es demasiado guapo, a lo mejor está soltero.
Me puse pálida y mi corazón comenzó a palpitar demasiado rápido. Victoria me ve, se levanta y llama a un mesero rápido para que me traiga un vaso de agua.
—Violeta ¿Qué sucede?
—Es el papá de mi bebé —Me mira extrañada, tratando de entender lo que me pasa— Alexander Montecarlo es el padre de mi hijo.
—No puede ser —Vuelve a su puesto— Muy buenos genes tendrá ese bebe —Me río ante la sinceridad—. Necesito todo el chisme.
—Tuve una relación con él y terminé enamorada. El no correspondió a mis sentimientos, fue por él que decidí irme de México.
—¿Sabe que estás embarazada?
—No, cuando intenté decírselo, escuché una conversación de él con una amiga, le decía que para él, yo solo fui un juego.
—¡Qué desgraciado! Pero sé que se va a arrepentir de todo, en estos meses me he dado cuenta que eres una mujer espléndida, él se lo pierde.
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Editado: 15.01.2026