Si fueras ella

CAPÍTULO 103

VIOLETA

Sus ojos me miran con una intensidad que muchas veces me hizo retractarme y pensar en darle una oportunidad, pero no podía engañar a mi corazón. No lo amaba, dudaba mucho de hacerlo en un futuro, es un hombre maravilloso y me ha ayudado mucho en estos dos meses que he estado viviendo en España. Pero no podía corresponderle a tales sentimientos, todavía amaba a Alexander, aunque pasaran años, no me veo con otro hombre que no sea él, acaricié su mejilla y le di una sonrisa cálida.

—Eres el hombre perfecto para cualquier mujer y sé que me harías muy feliz —Él baja la mirada y eso me duele—. Pero no puedo corresponder a tus sentimientos, mi corazón está ocupado. Aunque las cosas hayan terminado entre nosotros, es el padre de mi bebé.

Él se levanta, se arrodilla frente a mí y toma mi cara.

—Él no te merece, si no le importó hacerte daño ¿Tú crees que le importará el bebé que llevas? No seas ilusa, Violeta.

Quito sus manos de mi cara y cruzo mis brazos. El no tiene ningún derecho a hablarme de esa manera y mucho menos de Alexander, nadie se tiene que meter en lo que pasamos y nuestros problemas.

—¿Lo perdonaste? —Desvio la mirada y el rie.

—Es mi decisión y nadie se tiene que meter, ni siquiera tú —Le dije molesta.

—¡Eres muy estúpida, Violeta! —Mis ojos se abren ante la sorpresa de sus palabras.

Maximiliano jamás me había tratado de la forma como lo está haciendo, veo ira y enojo en su mirada, él intenta acercarse, sin saber de dónde saqué la valentía, le di una cachetada.

—Lárgate, no me vuelvas a dirigir la palabra en tu vida, pensé que eras distinto, pero me equivoqué —Me pongo de pie y me dirijo a mi habitación. No lo quiero cerca.

Abrí la puerta y la cerré con fuerza. Me senté en la cama y lloro a causa de la rabia que siento ¿cómo se atrevió hablarme así? Tocan la puerta y limpio mis lágrimas.

—Adelante.

Florencia entra y se sienta a mi lado.

—¿Qué sucedió, mi niña?

—Para él soy una estúpida por seguir amando a Alexander ¿Crees que lo soy? —Me envuelve en un abrazo que le agradezco— Si es así, soy la más estúpida del mundo. Porque no solamente lo amo, quiero una oportunidad con él.

—Claro que no —Limpia mis lagrimas—. Eres una mujer enamorada que solo quiere ser feliz junto al hombre que ama y su hijo. Maximiliano no mide sus palabras.

Después de eso, besa mi mejilla y sale. El celular comienza a sonar, al ver, es una llamada de Maximiliano, dejo que suene, cuando se cansa, comienza a llenarse mi teléfono de puros mensajes pidiéndome perdón. Pero hoy no quería saber nada de él. Mi bebé quiere comida y antes de bajar, me asegure que Max no esté en la casa.

Fui a la cocina y me senté junto a las chicas. Le pido a Julieta que me prepare algo rico y que estaré en el jardín. Salgo de la casa y me siento. Observando el hermoso paisaje que se me presenta.

A veces quisiera que todo para mí fuera un poco menos complicado, que todo con Alexander fuera diferente, pero no es así, debo arreglar mi vida, por mí y por mi hijo. Suena mi teléfono y es Victoria, no deseo hablar con nadie, solo quiero estar un momento para mí y poder pensar en lo que haré, escucho pasos y al levantar la mirada, no puedo creer lo que está delante de mis ojos. Me pongo de pie y con lágrimas en los ojos, abrazo a Talia con fuerza.

—¿Cómo es qué…? —No puedo hablar a causa de las lágrimas y la emoción que siento—. ¿Cuándo llegaste?

—La señora Florencia se contactó con nosotros. Acabamos de llegar, fue un viaje largo, pero valió la pena —Me dice y nos volvemos a abrazar.

—¿Marcos está aquí? —Ella asiente— ¿La bebé?

—Calma mujer, están en la sala con la Señora Florencia.

Agarro su mano y entramos a la casa. Marcos me está dando la espalda y corro emocionada a dónde él está, mientras que Talía me grita que me acuerde que estoy embarazada. Marcos se gira y me lanzó en sus brazos.

—¡Así es que te quería ver, alegre! —Besa mi mejilla— No sabes lo mucho que te extrañé.

—Y yo a ti, es una verdadera sorpresa tenerlos conmigo.

Nos sentamos en la sala. Florencia mandó a preparar la cena, se retiró para así poder dejarnos un momento a solas, la bebé estaba durmiendo, me acerqué y besé sus mejillas, mi niña esta grande y hermosa. No podía con la alegría que sentía, los había extrañado mucho y tenerlos aquí, era lo mejor que podía haber pasado, hablamos de muchas cosas. Diego había desaparecido de sus vidas, Talía se sentía aliviada por eso, no quería que causara problemas. Ahora están felices en su nueva vida como padres. Se habían mudado juntos, los dos comentaron que no es fácil, pero los dos lo estaban intentando y eso era lo mejor; todo era felicidad hasta que me comentan que Alexander los había buscado y preguntado por mí.

—No le dijeron nada ¿Cierto? —Ellos se miran— ¿Sabe de mi embarazo?

—¡Claro que no! Jamás le dijimos de tu paradero. Aunque insistió mucho, fuimos una tumba —dice Talía.

—Es lo mejor, no es el momento.

Ya la cena estaba lista, así que nos dirigimos al comedor. Marcos cada vez que podía me acariciaba la barriga, decía que estaba creciendo muy rápido a pesar de que tenía poco meses de embarazo. Me preguntó cuándo debía ir al ginecólogo y le dije que la próxima semana. Sin saber el motivo, insistió en ir conmigo, no me negué, además no quería estar sola en ese momento. Nos sentamos y nos trae la comida. Florencia llega y se sienta, empezamos a comer. Desde que llegué a España es la mejor cena que he tenido, el tener a mi familia hoy conmigo, el saber que están aquí me hace muy feliz. Agarro la mano de Marcos y le sonrío. Al llegar a México fue el primero en brindarme su apoyo, estaba sola y en un país desconocido para mí, con el tiempo se volvió mi apoyo y la persona que estuvo ahí cuando mi madre me humillaba. Dios no me dió una familia perfecta, pero me dió unos amigos que llegaron a ser esa familia que tanto soñé.




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