Si fueras ella

CAPÍTULO 104

VIOLETA

Los días junto a ellos han sido los mejores de mi vida. Talía terminaba durmiendo conmigo y dejando solo a Marcos junto a la bebé, la alarma suena y me levanto. Talía no está a mi lado, escucho ruido en el baño, ella sale y me sonríe.

—¡El baño es más grande que nuestro departamento en México! —Su asombro me da risa— Sería feliz en esta casa.

—A Florencia le gusta vivir bien, todo su dinero lo gasta en esta casa.

—¿Cuándo volverás a México? Nada es lo mismo sin ti, Violeta —Se sienta en la cama.

—No sé, tengo miedo de la reacción de Alexander al saber que estoy embarazada.

—Sabes que siempre te apoyaré, no estuve de acuerdo en la manera que te trato, pero… —Me mira— El día que me fue a buscar para saber de ti, lo noté muy preocupado, creo que, en el fondo, le dolió que te fueras.

No puedo negar que sentí un poco de felicidad al escuchar esas palabras, más viniendo de Talía.

—No he podido olvidarlo, lo sigo amando y solo quiero que estemos los tres juntos —Limpio mis lagrimas—. ¿Está mal querer una nueva oportunidad a su lado?

—¡Claro que no! Si tú felicidad está junto a Alexander, hazlo —Me anima—. Además, está demasiado guapo.

Comienzo a reírme. Las ganas de verlo se refuerzan más que nunca. Me levanto para ir a cepillarme, ella se va a su habitación y así poder darle de comer a la princesa, come demasiado. Me lavo la cara y busco un vestido para ponerme, busco mis sandalias y dejo mi pelo suelto, me maquillo un poco y agarro mis lentes, hoy iríamos a pasear. Florencia se animó a ir, pero no me gustó en lo más mínimo que invitara a Maximiliano, todavía seguía enojada con él. He recibido muchas llamadas de él, incluso cuando viene, subo a mi habitación y espero que se vaya y así salir. Cuando estoy lista, salgo del cuarto y paso por Talía pero no están, deben estar esperándome en la sala. Al bajar no me equivoqué, estaban todos, incluso Maximiliano que no me deja de mirar, pero lo ignoro.

—No podré acompañarlos, tengo un dolor de cabeza y no quiero que empeore —Se pone de pie y nos mira—. Pero van a tener a Max, él los llevará a los lugares más hermosos de España. Espero y puedan disfrutar de este día.

Nos da un abrazo y nos dice que nos cuidemos. Agarro a la bebé y salimos de la casa. Max nos abre la puerta y nos subimos a la limosina, quedé a su lado, pero me puse a jugar con la bebé, él se acerca a mí.

—¿Sigues enojada? Vamos, Violeta, no fue para tanto —me susurra.

—Ya veo que para ti no, pero no soporto que se metan en mi vida y menos que hablen mal del padre de mi bebé, solo te puedo ofrecer mi amistad, Maximiliano.

Se que no le gustó para nada mi respuesta, pero debía dejarle las cosas claras, no quiero nada con él, lo quiero como un amigo.

Fuimos a lugares que no había tenido la dicha de visitar. Talía estaba emocionada y quería sacarse fotos, Marcos estaba cansado y yo solo me reía, la bebé se había dormido, ya eran las doce del mediodía y teníamos hambre, decidimos comer unas pizzas. Max conocía el lugar correcto, llegamos y era hermoso, nos lleva a una mesa que está al aire libre, la vista es espectacular, un tipo bastante mayor, pero con una sonrisa contagiosa llega a nuestra mesa, saluda a Max.

—Les presento al Señor Guillermo, el dueño —Nos da un apretón de mano a cada uno..

—Los amigos de Max, son mis amigos —Nos sonríe—. Tendrán el honor de probar las mejores pizza de España.

Se despide y comenzamos a hablar de lo espléndido y pintoresco que es el lugar. La bebé comienza a llorar y se la pasó a Talía para que coma. Nos traen nuestras pizzas y por poco se me sale la baba, se ve muy rica, todos se echan a reír al ver mi cara, me sonrojo y el primer trozo lo tomo yo, suspiro cuando siento lo bueno que está, nos traen nuestras bebidas. Después de terminar de comer nos quedamos un rato más hablando con el Señor Guillermo, es un hombre de ejemplo, desde muy pequeño ha trabajado, sus ganas de luchar y seguir adelante lo ayudaron a formar está pizzería y ser una de las mejores del país. Nos levantamos para irnos, eran las tres de la tarde y estábamos cansados, solo queríamos llegar a casa, nos subimos al auto, recosté mi cabeza en el hombro de Marcos y cerré los ojos por un momento.

Solo escuchaba susurros, empiezo a sentir cómo alguien me mueve. Al abrir los ojos era Marcos, con una sonrisa me ayuda a bajarme de la limusina. Al entrar a la casa el ama de llaves me informa que la Señora Florencia acaba de salir, me sorprendo, con lo mal que se sentía está mañana. Marcos y Talía junto al bebé se van a su habitación, yo me quedo junto a Max.

—Florencia es terca, ¿cómo va a salir así? —Busco mi teléfono en mi cartera para llamarla.

El teléfono suena, pero nada que me contesta, me siento en el mueble.

—Tranquila, ella sabe cuidarse.

Lo veo acercarse y me levanto.

—Bueno —Lo miro— Voy a descansar. Nos vemos luego.

Él me sonríe, me agarra la mano y me acerca a él, me da un beso en la mejilla, se queda un rato así, hasta que me separo, eso fue demasiado incómodo. Agarro mi bolso junto a mi teléfono y voy a mi habitación, entro y dejo mis cosas en la cama. Me quito la ropa, voy al baño y abro el grifo, la bañera comienza a llenarse, cuando toco el agua, está tibia, ¡Me encanta! Salgo y me recojo el cabello y busco la toalla, el teléfono comienza a sonar, mi baño es más importante, si es muy urgente llamará otra vez. Entro y cierro el grifo, entro en la bañera y siento como si todos mis problemas desaparecieran con solo este acto, relajo mi cuerpo, cierro los ojos por un momento. Mi mente trae los recuerdos de Alexander y la manera cómo se preocupaba por mí, la sonrisa de Ross, el próximo mes cumplirá sus siete años. ¡La extraño mucho! Me quedo media hora en esta posición, cuando veo que mis manos y pies que están como una pasita, salgo de la bañera, busco la toalla y me la enrollo al cuerpo. Busco algo holgado para ponerme, me visto y peino mi cabello, busco una película para ver, al encontrarla, saco del bolso unas galletas rellenas de chocolate y me siento en la cama. La película era romántica y aclaro que me la pasé llorando e insultando al protagonista muchas veces, cuando terminó, me acomodé mejor, coloco mi mano en mi vientre y me quedo dormida.




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