Si fueras ella

CAPÍTULO 105

ALEXANDER

No he tenido tiempo de salir con Ross, unos amigos, socios de la empresa han querido reunirse conmigo y no he podido rechazar tal oferta, pero hoy no será así. Hoy saldremos a comer y llevarla a que conozca un poco antes de irnos. La ayudó a vestirse, me pongo algo cómodo y una chaqueta de cuero. Agarro la mano de mi hermana y salimos del hotel. Nos subimos a la limusina y le indicó a dónde ir. Ross me dice que quiere comer pizza, yo quería comida china, ella me mira y no puedo resistirme, el chófer con mucho respeto me dice que él conoce un lugar que es famoso por tener las mejores pizzas, le digo que nos lleve allá.

Llegamos y el lugar estaba lleno, nos bajamos. Entramos y el encargado es el que no recibe, nos lleva el mismo a nuestra mesa. Pedimos una familiar y las bebidas. Ross no dejaba de mirar con asombro el lugar, me llega un mensaje de mi madre, me pregunta cómo está mi hermana, le tomo una foto y se la envío. No hemos podido solucionar nuestros problemas. Además, supe por boca de mi abuela que Diego está viviendo con ellas, por el momento todo está tranquilo, pero vamos a ver por cuánto tiempo, todo lo que toca, Diego lo daña. Nos traen la pizza y Ross toma un trozo, le paso la servilleta, muerdo un pedazo y la verdad el chófer tiene razón, ¡están deliciosas! Quedan cuatro trozos y le digo al mesero que la quiero para llevar, él asiente y se las lleva. Mi madre me llama, acepto y le entrego el teléfono a Ross. El mesero llega y me pasa una bolsa, le pago y le hago seña a Ross para que se levante e irnos. Ella con el celular en la mano camina hasta el auto, la ayudo a subirse y nos vamos, recuesto mi cabeza en el asiento y cierro los ojos, solo quería llegar al hotel. Ross me sarandea y me despierto, me pasa el teléfono.

Ella se acuesta en mis piernas, la pizzería quedaba un poco lejos, veo por la ventana la gran ciudad. Me gustaría regresar y pasar una buena temporada aquí, pero solo quiero hacerlo junto a Violeta, sigo sin saber nada de ella, no me perdono por todo el daño que le hice, no lo merecía. Ross se queda dormida, me acerco y beso su mejilla, llegamos y con cuidado salgo del auto y la cargo. Al entrar al hotel, la recepcionista me saluda y me guiña un ojo, espero con varias personas el ascensor, se abre y entramos. Ross se mueve un poco, llegamos a mi piso y abro, voy camino a mi habitación y busco mi tarjeta, la paso y la puerta se abre. Entro, dejo a mi hermana en la cama, me quito la camisa y el pantalón. Entro al baño y me lavo la cara y cepillo mis dientes, busco un pantalón y me acuesto, apago las luces, el sueño me vence.

****

El reloj suena. Con pereza, me lavanto y encuentro a mi hermana viendo la televisión. Miro la hora y son las siete de la mañana. Salgo de la cama y voy al baño, me cepillo y al salir la mandó a ella, tomo el teléfono para ordenar que me traigan el desayuno. Ross sale y nos quedamos un rato acostados en la cama. Tocan la puerta y me pongo de pie, debe ser el camarero. Abro y el joven pasa con nuestro desayuno. Lo deja en la mesa y se retira. Ross entra en la sala corriendo y se sienta. Mientras comemos, el celular suena y es mi madre, ¿ahora qué quiere?, le envío un mensaje que estoy ocupado y ahora la llamo.

Hoy es la gala al que estoy invitado. Un amigo, me pasará a buscar, aunque le dije que no quería molestar, no pude convencerlo. Se llama Matías, tiene un restaurante muy famoso aquí en España, quiere abrir uno en México, me pidió mi ayuda, no se la negué, sé lo que es empezar de cero y no tener a nadie que te apoye. Terminamos de desayunar, Ross agarra su tableta para jugar, tocan la puerta y al abrir, es una mujer alta y llena de tatuajes.

—Buenos Días, señor Montecarlo, aquí tengo su traje y el vestido que me pidió —Me sonríe y lo tomo—. Disfrute de su velada.

Le doy las gracias y cierro la puerta, lo dejo en la silla, agarro mi computadora y decido adelantar trabajo. Hago una videollamada con Ignacio, me dice que todo está bien en la empresa, uno que otro detalle, pero no son de importancia. Me comenta que ya se solucionó el problema con los ejecutivos de China, creo que acabo de sentir cierto alivio, me tenía muy preocupado. Termino de hablar y nos despedimos, cierro la computadora y Ross me pide que me acerque y jugamos un rato.

La miro y no puedo creer que esté creciendo tan rápido, dentro de un mes va a cumplir sus siete años, papá se sentiría orgulloso de lo hermosa que está su pequeña. La abrazo y ella comienza a reír. Decido recostarme un rato, todavía falta para que Matías nos pase a buscar, acerco a Ross y cierro los ojos.

****

Me paro exaltado, veo a Ross y está durmiendo con su tableta en la mano, me levanto, veo la hora y son las cinco de la tarde, muevo a Ross, ella se queja, hasta que abre sus ojitos. La llevo al baño, saco el vestido que se va a colocar, tocan la puerta, espero que sea la estilista que contraté para que arreglara a Ross, ya era un poco tarde.

Cuando abro, una mujer alta y morena me sonríe. Tiene una maleta en mano y la dejo pasar. Ella comienza a colocar todas sus cosas en la mesita que está en el centro de la sala. Ross sale y se sorprende cuando la ve, ella le toma de la mano y le dice que se siente en la silla. Me pregunta lo que llevará en el cabello, le digo que está en sus manos y me siento para estar pendiente. Los minutos pasan y ella todavía sigue trabajando en Ross, era una niña, ¿por qué se tarda tanto? Cuando me voy a levantar para ir al balcón un momento, la mujer me observa con una sonrisa pícara.

—La princesa está lista, señor.




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