Si fueras ella

CAPÍTULO 106

ALEXANDER

El teléfono de mi habitación suena y es de recepción, me informan que Matías ya llegó y espera por mí. Me termino de alistar, me coloco colonia y el reloj. Agarro a Ross de la mano y salimos. Me pregunta si va a haber muchos niños para jugar, le sonrío y le digo que sí, espero que sí. Estando afuera, se me acerca un hombre alto, no tanto como yo, con una sonrisa.

—Han pasado muchos años, mi padre se alegrará de verte, Alexander —Me rio y nos abrazamos. Sigue siendo el mismo de siempre.

—Lo se, siempre fui un ejemplo —Una carcajada sale de el y niega con la cabeza con humor.

—Como digas, amigo.

Nos subimos a la limusina, ayudo a Ross a subir, está un poco cohibida con la presencia de Matias. De camino a la gala, me comentó de su sueño: Abrir un restaurante en México. Tiene el dinero y el lugar en que quiere su proyecto, tiene todo, no sé para qué necesita mi apoyo, pero lo ayudaré en lo que pueda. Mi hermana se queda enbelezada con la vista.

Llegamos al lugar donde se celebraría el evento y la cantidad de fotógrafos era exagerado. Ross estaba con una sonrisa y me alivio que no se sienta nervioso en este tipo de ceremonia. Tomados de la mano caminamos por la alfombra. Unos periodistas se acercan para hacerme unas preguntas, se trata de la empresa y lo agradezco, no quiero responder nada de mi vida personal. Matias me llama, me despido y entro, nos acercamos a un señor bastante mayor, estaba en una silla de ruedas, él al verme me sonríe y me pide que me acerque.

—Sabía que eras tú el que levantaría la empresa que con tanto esfuerzo tu padre creo.

La mención de mi progenitor me hace querer llorar.

—Ojala estuviera aquí para ver lo que he logrado.

—Donde quiera que esté, esta orgulloso de ti. Vamos a la mesa, hoy me haras el honor de sentarme junto a ti, hijo —Matías observa a su padre con amor.

Vamos a la mesa y nos sentamos. Ross estaba jugando con el hijo de unos ejecutivos españoles que tenía su misma edad.

—¿Es tu hija? —El padre de Matias ve a Ross con una sonrisa.

—No, es Ross, mi hermana —Abre los ojos de la impresión.

—¿En serio? ¡Está grande! La última vez que la vi, era apenas una bebé. ¿Cómo está tu madre? Debe estar más guapa —Se ríe por su comentario— Tu padre siempre se molestaba por eso, no le agradaba que le elogiaran a su flamante esposa.

—Sí, no ha cambiado nada.

Su sonrisa desaparece por un momento.

—Diego… —Por su tono de voz me hace saber que siempre ha sabido de la vida que ha llevado mi hermano desde joven —¿Todavía sigue en lo mismo?

No sé por qué, pero siento la necesidad de desahogarme con él.

—Sí, no sé qué hacer —Agarro mi whisky y me lo bebo de un trago—. Le prometí a mi padre cuidar de él, pero no puedo más, mi madre le permite todo.

—Muchas veces hablé con tu padre de la situación de Diego, le permitía muchas cosas —El señor Guillermo recuerda algo que lo hace molestar— Una vez tuvo el coraje de golpear a tu padre, si no hubiera llegado a su oficina, la historia sería otra, estaba drogado, no era él.

¡Mi padre jamás me contó eso! Me ocultaron tantas cosas solo por tapar lo que su hijo hacía. No pudimos seguir hablando del tema, la gala empezó. Premiaron a varias personas importantes, pusieron música y todos comenzaron a saludarse y a sacarse fotos. Los camareros dejaban aperitivos en las mesas, el señor Guillermo junto con su hija menor, habían ido a saludar a unos empresarios de México, Matías se quedó conmigo. Una señora muy guapa, debe tener la edad de mi madre, llegó junto a un hombre, Matías se levanta y los saluda.

—Florencia, Maximiliano —Sus miradas recae en mi— Les presento al empresario, Alexander Montecarlo.

—Un gusto, señora —Florencia me regala una sonrisa, mientras que Maximiliano, no se porque, asiente con la cabeza y me retira, dejando a todos sorprendido por su actitud hacia mi.

—Dusculpa a mi compañero, no está de ánimos esta noche.

—No se preocupe.

—¿Está ocupado mañana? —niego— Suelo realizar una cena después de la gala y quiero que sea parte de mis invitados. Si no le molesta.

—Justamente mi vuelo sale mañana a México, pero por usted, lo dejaré para después.

—Me parece perfecto —chilla de alegría—. Mi chófer pasará por usted.

Nos sentamos todos en la mesa y Florencia me comenzó a hablar de su esposo. Jamás llegué a conocerlo en persona, pero sí escuche hablar de él, muchas cosas buenas.

Ross se sienta en mis piernas, ella recuesta su cabeza en mi pecho y se queda dormida, veo la hora y son la diez de la noche, creo que ya es tarde, me levanto.

—Ya es hora que me retire, la pequeña tiro la toalla —Todos rien y miran a Ross que está con sus labios entre abiertos—. Que tengan una excelente velada. Nos vemos mañana, señora Florencia.

Al salir, mi chófer nos está esperando afuera. Me subo y acuesto a Ross a mi lado. La noche fue larga y me dolía todo el cuerpo, solo quería llegar al hotel y poder descansar. La señora Florencia me pareció una mujer muy encantadora, pero su mirada me tenía nervioso, como si me conociera y es extraño, porque al único que conozco, y es poco, es a Matías. Le acepté la cena por cortesía, mañana mismo tenía pensando volver a México, aunque sé que la empresa está en buenas manos, no quería dejarle todo el trabajo a Ignacio, era mucha responsabilidad.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.