VIOLETA
Florencia se levantó hoy temprano dando órdenes, cuando le quería preguntar solo me esquivaba y me decía que hoy teníamos un invitado y quería que todo saliera perfecto. Decidí ir al comedor para desayunar, ni siquiera me había contado qué tal estuvo la gala de anoche. Talía había salido con Marcos desde muy temprano, yo estaba a cargo de la bebé, que justo horita estaba durmiendo, la sirvienta se acerca a mí y me coloca mi desayuno, se le nota lo cansada que está. Florencia suele ser muy estricta cuando quiere todo bien hecho, escucho los gritos y la chica rueda los ojos y sale corriendo, me río.
—Deberías calmarte, debe ser una persona muy importante para que estés así —Le comento cuando la veo asomarse.
—Mi querida y hermosa, Violeta —Se sienta a mi lado—. Sabes que eres como una hija para mí, te aprecio desde el primer momento que entraste por esa puerta, llena de dolor y una tristeza que te cubría por completo, pero mírate —Me sonríe— Me alegra verte lo feliz que eres, me siento dichosa al haber ayudado a que tu brillo pudiera volver como antes.
La abrazo, le debo tanto.
—Hoy quiero darte la felicidad completa que le hace falta a tu corazón —Agarra mis manos—. En el momento, puede ser que no lo entiendas, pero es lo mejor.
Se levanta y sale del comedor, me deja con un tornado de emociones que ni yo misma entiendo.
Termino mi desayuno y voy a mi habitación, no quería seguir escuchando los gritos de órdenes de Florencia, cuando estaba en ese estado de mandona hasta yo quería salir corriendo.
Abrí la puerta del cuarto, cuando escucho que alguien me está llamando, al girar era Maximiliano, ¿en qué momento había llegado?, me acerco y lo saludo con un beso en la mejilla.
—¿Acabas de llegar? —Me recuesto en la puerta y cruzo los brazos.
—Sí, quería verte —Estira su mano y toca mi mejilla— ¿Por qué no me permites hacerte feliz? Solo déjame intentarlo.
Me separo de él.
—Ya hablamos del tema, Maximiliano —No quiero hacerle daño.
Se pasa la mano por la cabeza, ¿por qué le cuesta tanto entender? Me agarra la mano y me acerca a él, sus brazos están alrededor de mi cintura, cuando intento separarme, sus labios atrapan los míos, mis ojos están abiertos, lo empujo y me limpio mis labios.
—¡No vuelvas a besarme —Le grito— No quiero que me toques, te dejé las cosas claras, que no quería nada contigo.
Lo dejo solo, pensé que podíamos seguir siendo amigos, por mi parte lo intenté, pero veo que no, necesito alejarlo de mi vida.
Cierro la puerta y comienzo a quitarme la ropa, quería darme un baño, busco la toalla y entro. Coloco música y me relajo en la tina, solo quería olvidarme de lo que pasaba con Maximiliano. ¿Cómo se le ocurre besarme? Comienzo a enjabonarme el cuerpo y no puedo dejar de pensar en la manera que me hacía sentir Alexander con solo tocarme, extraño sus besos y sus caricias, abro los ojos y tenía la respiración agitada. Es momento de salir y dejar de fantasear tanto.
Al salir, la puerta se abre y entra Talía con la bebé, se sienta en la cama
—Debiste de darle una cachetada —dice— No me cae bien, tiene algo que no me gusta.
—¿Nos viste? —Asiente y eso me preocupa.
—Por casualidad, íbamos llegando.
—Hace días se me declaró, le dejé las cosas claras y pensé que todo estaba bien, me equivoqué.
—No lo quiero cerca, Marcos piensa igual —me dice, mientras acuesta a la pequeña en la cama.
Termino de vestirme y me acuesto al lado de mi princesa. Acaricio sus regordetas mejillas.
—Es una persona agradable, pero estos últimos días ha cambiado mucho, está obsesionado con tener una relación conmigo y no me está gustando nada.
—Esperemos que ahora sí lo entienda.
Le pido a Talia que deje a la bebé conmigo, me calma tener a mi princesa cerca. Besa mi mejilla y sale, me acomodo mejor, cierro los ojos y me duermo.
****
Escucho el llanto de la bebé y abro los ojos. Tiene sus ojitos llenos de lágrimas, se me parte el corazón verla así, me levanto y comienzo a tratar de calmarla, pero no para de llorar, debe tener hambre, así que decido llevársela a Talía. Salgo de mi habitación y voy a la de ellos, abro la puerta y me asomo, están los dos abrazados. Marcos me ve y me sonríe, entro y me siento en la cama.
—Esta princesa necesita de la mamá, me acaba de despertar —Ella ve a Talía y se mueve para que mi amiga la cargue.
Ella la toma y le da de comer, me quedo conversando con ellos un rato. Marcos me dice que tenga cuidado con Maximiliano, no entiendo el por qué me dice eso, jamás se ha portado mal conmigo, pero prefiero hacerle caso. Marcos suele tener ese radar para detectar quién tiene malas intenciones conmigo.
—Bueno, esta hermosura que tienen de mejor amiga se va, esta bebé come mucho y la mamá no se queda atrás —Me pongo de pie—. Nos vemos más tarde, hermosa de tía —Beso los cachetes de mi cielo.
Bajo las escaleras y está Florencia hablando con Maximiliano, pensé que se había ido, ya me está incomodando que esté metido aquí en todo momento. Beso la mejilla de Florencia y voy a la cocina, le digo a Julieta que me prepare una ensalada de frutas, ella asiente, le doy las gracias y voy a sentarme en la sala. Agarro una revista que está en la mesita y comienzo a leerla, suena mi teléfono y es un número desconocido que está llamando, decido no contestar. Al llegar a España cambié de número, muy pocas personas tenían este número, me parece extraño, no vuelve a llamar y decido dejarlo pasar. Diego no sabe dónde estoy, puedo estar tranquila.
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Editado: 04.02.2026