Si fueras ella

CAPÍTULO 108

ALEXANDER

Es Violeta, es mi ángel.

Mi corazón late a mil por hora, tengo las manos frías y no puedo contener la emoción que siento en este momento. Meses de lucha, de rogarle a Dios que me hiciera el milagro de poder volver a ver a la mujer que amo. Y está justo aquí, delante de mi, más hermosa que nunca. Todo a nuestro alrededor desaparece, solo somos nosotros dos, imaginando un futuro juntos. Sus ojos se llenan de lágrimas y su mano se situa en su vientre, llevo mi mirada a ese lugar y mis ojos se abren ante la sorpresa. ¿Está embarazada? ¡Está embarazada! Cómo fui capaz de dejarla por tanto tiempo sola y con nuestro hijo en su vientre. Cuando intento acercarme, aleja a Ross y sale de la casa, sin escuchar los gritos de sus amigos y mío.

Cuando intento ir detrás de ella, una voz me detiene.

—Es tu última oportunidad, Alexander —me dice Marcos.

—Sé el daño que le causé —le respondo—. Pero está vez, todo serán diferente.

Él no dice nada y lo tomo como una invitación para buscarla y poder decirle todo lo que siento. La necesidad de hacerle saber que la amo y siempre la he amando me llena de alegría. Dejarle claro que me tendrá a su lado y en la vida de nuestro hijo. Una sonrisa aparece en mis labios. ¡Seré papá! ¡Un hijo mío y de Violeta! No puedo con la emoción. La busco como un loco por el jardín, esta casa es un laberinto. La encuentro mirando al cielo, me da la espalda y su cuerpo se agita, está llorando.

—Esa noche, cuando de tus labios salieron esas dos palabras, me sentí que tracionaba a Anne al sentir lo mismo. —No quería que hablara, solo necesitaba que me escuchara— Lo se, es absurdo. Pero no quería dañar lo único puro que tenía y eras tú, mi amor —Se voltea y mi mundo se viene abajo al ver lágrimas rodar sin parar por su mejilla, lo que menos deseo es verla mal por mi causa— Se que te lastimé hasta el punto de que te alejaras de tus amigos por mi culpa —Doy dos pasos y me arrodillo—. Perdóname, perdón por cada lágrima, por cada decepción, por cada palabra hiriente, perdoname, Violeta, por no ser suficiente para ti y dejar que el dolor, mi pasado y todo lo que me lastimaba, te dañaran a ti. Lo siento tanto, mi ángel.

—No se si puedo olvidar todo el dolor que me has provocando, Alexander.

Me levanto y limpio mis ojos, debido a las lágrimas.

—Solo te pido una nueva oportunidad para que seamos felices al lado de nuestro hijo .

—¿Estás seguro de que es tu hijo? —dice, cruzando los brazos—. Me hiciste pensar que era lo peor, me lastimaste, pude haberme acostado con cualquier idiota por despecho.

Conocía su corazón, y no tenía esa maldad para lastimarme, aunque yo lo hubiera hecho con ella.

—Sé que no es así, es nuestro hijo. Se que lo haces para lastimarme y me lo merezco, pero lucharé por ti, sé que no va a ser fácil, pero te demostrare hasta el último día de mi vida que eres y siempre serás el amor de mi vida.

Mira a otro lado y esa es mi señal para irme. Se que necesita tiempo y se lo daré. Entro a la casa y está Florencia sentada en el mueble junto a mi hermana, Talía y Marcos, al verme, se pone de pie.

—Es mejor dejar esta cena para otro momento. Lo importante es el bienestar de Violeta —Ella está de acuerdo— Me gustaría su aprobación para venir mañana.

—Son más que bienvenidos —Me agarra la mano y la aprieta como si con ese gesto, me dirá las fuerzas que necesito— Espero que todo se puede solucionar entre ustedes.

—Asi será.

Me despido de Talía y Marcos, este último todavía no confía en mí, agarro la mano de Ross y salimos de la casa, nos subimos a la limusina y el chófer nos lleva al hotel. ¡Jamás pensé que me pasaría esto! Ahora mi felicidad estaba completa, tenía a la mujer que amo conmigo y a nuestro hijo, la alegría que sentía en este momento no tenía comparación. Ross me mueve y salgo de mi trance, me dice que ya hemos llegamos. Nos bajamos y entramos al hotel. Ross comienza a decirme lo feliz que se sintió al ver a Violeta, que estaba muy linda. Decidimos ir por las escaleras, ya que el ascensor estaba en reparación. Mi hermana no dejaba de hablar de nuestro encuentro con Violeta.

Llegamos a nuestra habitación y abrí la puerta. Entramos y ella se tira en la cama, la mando a cambiarse de ropa y cepillarse para que se vaya a acostar, me siento en la cama y me quito los zapatos, ¡cuánto desearía que estuviera conmigo!, poder besarla hasta cansarme y decirle cuánto la amo.

Ross sale del baño y entro yo, lleno la bañera, cuando está todo listo, entro y me quedo un rato ahí, cierro los ojos y me imagino a mi ángel. Estoy loco por qué sea mañana y poder verla.

Ahora me tendrá pegado a ella, porque no volveríamos a separarnos de nuevo. Salgo del baño y agarro la toalla y me la enrollo en la cintura, cuando salgo, Ross ya está dormida. Busco un pantalón y una camisa, me visto, beso la mejilla de Ross y la acomodo y me acuesto a su lado. Mi mente no deja de pensar en Violeta, hubiera sido mejor traérmela, aunque no quisiera. Una sonrisa aparece en mi rostro, esta mujer me tiene completamente loco, pero me encanta la sensación de paz, de calidez que me hace sentir cuando estoy a su lado, ella merece el mundo entero y se lo daré, haré de mí el hombre que ella merece.




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