VIOLETA
Mi corazón pedía a gritos una segunda oportunidad, pero mi mente me hacía recordar el pasado, las lágrimas y el dolor que senti cuando me rechazó.
Quería correr a su brazos, decirle que yo también lo amaba y que lo necesitaba en mi vida. Sin embargo, tenía miedo de salir lastimada de nuevo, de que para el solo sea un juego mi amor. Al escucharlo decirme todas estas palabras, por mi mente solo pensaba en las ganas que tenía de besarlo. Escucho pasos, y, al al girar, era Florencia. Todavía no entiendo cómo conoció a Alexander, ella sabía todo lo que pasé con el, pero jamás le enseñé una foto.
—¿Te encuentras bien?
—Sí, mmm no, no se cómo sentirme —Se que debería buscar la razón para que hiciera esto, pero no puedo— Es solo que… ¿Cómo supiste?
—El día de la gala lo conocí, aunque no lo había visto en persona, desde el primer momento supe que era él. Perdón si te molestó mi atrevimiento de invitarlo y no decirte nada, pero vi en él algo distinto —Suspira y me tomas de las manos—. La relacion con mi esposo jamás fueron de color de rosa, me casé con él a los diecisiete años, obligada, no lo amaba y en ese momento pensé que era un error estar con él. Pero su amor y dedicación me hizo amarlo mucho, él aguantó mi mal humor, pero no desistió, se quedó luchando por mí —Su mirada se suaviza al hablar de el—. Sé que es difícil perdonar los errores, pero ha cambiado, lo veo en su mirada y en la manera en cómo te mira, dale la oportunidad que luche por ti, además... —Me sonríe— No puedes dejar semejante hombre, ¡Dios, niña, es guapísimo!
Me hace reír, siempre me saca una sonrisa.
La abrazo y juntas, entramos a la casa. Talia se pone de pie y se acerca a nosotras.
—¿Estás bien? ¿Que te dijo? Padre santo, jamás pensé verlo aquí —Habla tan rápido, que me desespera.
¿Por qué tanto drama? Solo he visto a Alexander, no me voy a morir ni nada por el estilo.
—Estoy bien, Talía —Le hago saber y así calmarla— Solo quiero subir a mi habitación y trata de dormir. Mañana tengo cita con la ginecóloga. Buenas noches.
Me despido y subo a mi habitación. Trato de mantenerme tranquila, pero se me he imposible no pensar en lo que pasara entre nosotros después de esto ¿De verdad me ama o solo esta jugando nuevamente con mis sentimientos? Mierda, solo apareció para volverme loca. Me quito la ropa y me quedo en ropa interior, voy al baño y me cepillo, mientras lo hago, veo mi reflejo en el espejo, una lágrima baja y deos, lo extrañe tanto, me sorbo la nariz y enjuague mi boca para salir del baño. Acaricio mi barriga y me meto bajo las sabanas, hacia mucho frio este noche. Cierro los ojos y pienso en el, en su boca, su sonrisa, sus ojos y de verdad ese hombre tiene mi mundo de cabeza.
****
Suena la alarma y me levanto sobresaltada. Miro la hora en mi reloj y son las ocho, salgo de la cama apurada, la consulta con la ginecóloga es a las nueve. Me doy un baño rápido, mientras me cepillo, pienso en Alexandre, lo alejo de mi mente, así sea por unos minutos. Me visto y me arreglo, agarro mi chaqueta, mi bolso y salgo de la habitación. Marcos espera por mi en el comedor. Beso su mejilla y me siento a su lado. El tiembre suena y me sorprende que tengamos visita a esta hora. La sirvienta entra.
—Señorita Violeta, la buscan —Me levanto y me encamino a la sala.
Es Alexander junto a Ross, ella al verme viene corriendo hacia mí, la abrazo mucho, anoche no pude por la impresión de ver a Alexander.
—¿Sere hermana de un niño o niña, Vio? —Ross toca mi vientre con cariño, me da ternura que lo trate como su hermana.
—Todavía no sé, mi niña. Hoy sabremos —Pellizco su nariz y se ríe.
—¿Tienes cita hoy? —Levanto la mirada y observo a Ale—. Me gustaría acompañarte.
—Eh, bueno… —¿Que hago? Marcos irá conmigo.
Mi amigo sale y se acerca a mi. Besa mi frente y susurra en mi oído.
—Es el padre y merece estar a tu lado.
—Esta bien.
—Marcos ... —El lo mira— ¿Puedes hacerme el favor de cuidar a mi hermana mientras estoy con Violeta?
—Claro, vamos pequeña, te presentare a alguien —A Ross le brillan los ojos por la curiosidad y se va con mi mejor amigo.
Solo quedamos Alexander y yo, y mi corazón ya se quiere salir del pecho. Salimos de la casa.
Alexander me abre la puerta y nos montamos en el auto, estoy muy nerviosa y no sé por qué, este hombre me descontrola de una manera que me molesta. En todo el camino fue silencio, pero no dejaba de mirarme y yo solo podía agachar la cabeza, él reía y yo quería darle con la cartera, creo que las hormonas las tengo hoy disparadas. Llegamos a la clínica, sale del auto y lo rodea, me abre la puerta. Intenta tomar mi mano pero no sé lo permito, no sé que se cree. Caminamos juntos, pero no revueltos. Llegamos en recepción y digo mi nombre completo. La mujer solo es atenta cuando Alexander habla, de resto, me da la ignorada del año.
—La siguiente a pasar es la señorita —dice, dirigiendo al padre de mi bebé.
Ruedo los ojos y me voy a sentar. Alexander viene más atrás.
—Me encanta verte celosa.
Lo ignoro y le doy la espalda, mientras esperamos, me leo una revista vieja para no fijarme en el guapo hombre que tengo a mi lado. Luego de unos minutos, me llaman. Ingresamos al consultorio, es pequeño. La Doctora nos saluda, como ya se el procedimiento a seguir, voy al baño y me quito la ropa, salgo en bata. Subo a la camilla y me acomodo. Al principio es incómodo, pero me relajo y ayuda que Alexander tome mi mano. La doctora no dice nada, de repente, una sonrisa se forma en sus labios.
#491 en Novela romántica
#192 en Chick lit
amor deseo romance, odio dolor mentiras repudio hipocresia, sanar perdon
Editado: 04.02.2026