Si fueras ella

CAPÍTULO 110

ALEXANDER

No puedo con tanta felicidad, la mujer de mi vida está a mi lado luego de varios meses de angustia y con dos bendiciones en su vientre. Después de lo de Anne, no quería estar con nadie, solo quería ahogarme en mis desgracias, pero Violeta cambio todo en mi, me hizo ver lo maravillosa que puede ser la vida cuando amas, perdonas y sigues adelante.

La doctora le indica una dieta balanceada, vitaminas y descanso, el tener gemelos puede ser un poco más agotador, le damos las gracias y salimos del consultorio. Nos manda nuevamente a recepción para programar la próxima cita. Violeta refunfuña y me rio.

—Eres mía y yo, tuyo —le susurro al oído.

La chica, al ver mi seriedad, se comporta mejor y nos agenda la próxima cita, por cortesía, me despido de la secretaria, Violeta suelta mi mano y sale de la clínica molesta. Al salir, está afuera comiendo un chocolate y el ceño fruncido, me acerco y la abrazo, sus ojos bajan a mis labios y los vuelve a subir con rapidez. Me enclino un poco, y hago lo que no se imagina, me como el último pedazo que me queda de chocolate. Abre la boca y me rio.

—Eso era mío —dice con un puchero en sus labios.

—Eres hermosa, incluso molesta —Beso su mejilla, su nariz, su frente y por último, su boca—. Eres la única mujer que quiero en mi vida, no sabes lo me haces sentir y como agradezco a Dios está nueva oportunidad.

Me alejo y tomo su mano para subirnos al carro, veo una sonrisa en su rostro, sé que me sigue amando, pero le daré el tiempo que necesite, no la traté bien y ella merece lo mejor, seré el hombre que siempre quiso que fuera, ella y mis hijos lo merecen.

Al estar dentro del auto, no dejé ir su mano, así estuvimos en todo el viaje, el celular suena y es mi madre, no contesto.

—¿No vas a responder?

—Es mi madre —La miro.

—¿Sucedió algo?

—Desde que te fuiste han pasado muchas cosas, pero ya hablaremos de eso después —Beso su mano—. No quiero arruinar nuestra felicidad.

Ella no me pregunta más y me alivia que lo haga, no quiero incomodarla hablándole de Diego y sus problemas.

Llegamos a la casa de Florencia, la ayudo a bajarse y ella me lo agradece. El ama de llaves nos abre la puerta, escuchamos risas y vamos a la sala. Ross está jugando con la hija de Talía, está tan entretenida que no se percata de nuestra llegada. Florencia sale de la cocina junto con Talía, al vernos se acerca a nosotros.

—Hola Alexander, me alegra volver a verte —me sonríe.

—Vamos a sentarnos y así nos cuentan como les fue —dice Florencia.

Lo hacemos, nos traen café y para Violeta un jugo, estaba muy nervioso por dar la noticia, cuando estoy por hablar, Violeta se adelanta.

—¡Vamos a tener gemelos!

Florencia se pone de pie y me abraza, algo que me sorprende. Marcos y Talía rodean a Violeta formando un abrazo grupal.

—Ya sabía que esa barriga tuya no era por un bebé —dice Marcos.

—Yo tenía mis sospechas, pero no pensé que fuera cierta —responde Talía que sigue abrazada a Violeta— Me alegro por ti, te mereces toda la felicidad del mundo.

Violeta comienza a llorar, me acerco y tomo su mano.

Ross no dejaba de tocar la barriga de Violeta.

No quería alejarme de ella, pero tenía que irme. Aunque Florencia me invitó almorzar, no quería abusar de su confianza, además necesitaba llamar a mi madre.

—Es momento de retirarme —Violeta nos acompaña a la salida— Los voy a extrañar mucho, cualquier cosa que necesites, no dudes en llamarme.

—Está bien, me envías cuando estés en el hotel —Abraza a Ross—. Nos vemos luego, princesa.

Salimos de la casa y de camino al hotel, no dejo de pensar en lo perfecto que está saliendo todo en mi vida, estoy feliz y sobre todo, en paz conmigo mismo. Llegamos y al entrar con Ross agarrada de mi mano, la recepcionista me informa que tengo varias llamadas de mi madre, algo debio pasar, le doy las gracias y nos vamos a nuestra habitación. Enciendo mi celular y llamo a mi madre, no me contesta y optó por llamar a mi abuela.

Llamada Telefónica:

—¿Alexander? —Mi corazón presiente lo peor, trata de hablar, pero debido a las lágrimas, no puede—. Te necesitamos, tu madre…

—Primero, necesito que te calmes y me cuentes lo que sucedió —Oigo como respira varias veces

—Diego llegó molestó ayer a la casa, comenzó a discutir con tu madre, no quería escuchar nada y me fui a mi habitación… —Se queda callada unos minutos y siento miedo por lo que viene—. El ama llaves toca mi puerta, no entendía lo que pasaba, cuando bajé tu madre estaba en la sala, golpeada y no reaccionaba, la tienen en emergencia, está mal hijo.

Solo logro decirle que se calme, que saldría hoy mismo y cuelgo la llamada. ¿Por qué cuando todo está bien suceden estas cosas? Llamo a Ignacio para que se encargue de mi viaje de vuelta. Busco las maletas y comienzo a guardar nuestras cosas. Miro a Ross y no deseo que vea a nuestra madre en ese estado, así que mejor la dejo con Violeta. Termino de arreglar todo y salimos de la habitación. Trato de mantener en calma para no preocupar a mi hermana. Al salir del hotel, nos subimos al auto y vamos a casa de Florencia, manejo a toda velocidad pero con precaución. Llegamos y apagó el auto, tomo la maleta de mi hermana y nos abren. Entramos y en la sala está Violeta junto a Florencia, ella al ver mi cara se levanta y viene corriendo hacia mí.




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