VIOLETA
No dejaba de pensar en Alexander y la situación con su hermano, ese hombre es un desquisiado. ¿Cómo se le ocurre golpear a su propia madre? Ross se había quedado dormida después de almorzar, esta pequeña no merece pasar por nada de esto, beso su mejilla y salgo de mi habitación, en el pasillo me encuentro con Florencia.
—¿Está todo bien con Alexander?
Mientras íbamos de camino a la sala, le conté todo lo que estaba sucediendo.
—¡Pobre muchacho! —dice— Espero que todo mejore con su madre ¿Cómo te llevas con ella?
—No muy bien, hizo todo lo posible para que Alexander y yo no estuviéramos juntos, hasta inventar un compromiso falso.
—Tal vez, cuando se entere que estás esperando gemelos, puede ser que cambie un poco su actitud hacia ti.
No lo creo posible, pero me reservo mi opinión. Recibo un mensaje de Alexander, ya esta en México y al saber, solo hace que aumente mi ansiedad. Diego tiene problemas, si no le dolió en lo absoluto haber lastimado a su madre, no podemos esperar nada bueno hacia su hermano. Florencia nota mi preocupación y me agarra la mano.
—Nada malo le va a pasar, tienes que tranquilizarte, tienes a dos bebés en tu vientre y debes pensar en ellos.
—Lo sé.
Cambia de tema y así poder distraerme de lo que en verdad me preocupa. Florencia me ha cuidado como una hija, no sé cómo pagarle todo lo que está haciendo por mí, estaría toda una vida agradeciéndole.
—Ire a ver a Ross —Asiente y me dirijo a mi habitación.
En silencio, oro a Dios y le pido casi a ruego, que cuide a Alexander. Abro la puerta de mi habitación y está Ross sentada en la cama, se acaba de levantar, me acerco y la mando al baño a cepillarse, mientras la espero, reviso el teléfofono, no ha respondido a mi mensaje. Mi pequeña sale del baño, agarro su mano y bajamos al comedor, antes de subir por Ross le había ordenado a la sirvienta para que le preparara una ensalada de frutas. Nos sentamos y a los pocos segundos, Talía se une a nosotras. La miro y noto que está decaída.
—¿Qué tienes?
—Mañana nos vamos a México —Me mira con tristeza—. Llamaron a Marcos del trabajo, lo necesitan urgentemente.
—Los voy a extrañar —Le doy una sonrisa— Tal vez se te cumpla lo que deseas y me tendrás allá muy pronto.
—¿Cuando? —Sus ojos brillan debido a la emoción.
—Todavía no sé, tengo que hablar con Alexander —Me da una sonrisa pícara y me sonrojo—. Lo estamos intentando, nos amamos, pero no quiero apresurarme. Vamos paso a paso.
—Verte feliz es mi felicidad.
Nos traen una porción de torta y jugo de naranja. Marcos llega y se sienta, los iba a extrañar mucho a los tres, me estaba acostumbrado a tenerlos como antes, pero no podía permitir que Marcos se quedará sin empleo. Terminamos de comer y Ross va a la sala a ver televisión. Talía fue a darle de comer a la bebé, Marcos se quedó conmigo.
—Talía me comentó que se van mañana.
—Si —Se levanta y se sienta a mi lado—. Sabes que, aunque estemos lejos, siempre estaré pendiente de ustedes, solo espero que Alexander comience a portarse bien contigo, porque si no, se las verá conmigo —Lo abrazo y entiendo su preocupación— No confío plenamente en él, pero lo amas, eres feliz y lo más importante para mí es eso.
Marcos siempre encuentra las palabras perfectas para hacerme llorar. Jamás pensé encontrar a una persona como él, ha sido mi mejor amigo por años, jamás me ha fallado y ha sido mi familia, si él me faltara, no sé qué haría.
Nos separamos y él besa mi frente.
Suena mi teléfono y es una llamada de Alexander, le pido disculpas y voy al jardín y así poder hablar tranquila con él. La señora Daniela está bien, solo necesita estar unos días en reposo. Me pregunta cómo estoy y los bebés, me causa risa verlo en ese papel paternal, me dice una y mil veces cuánto me ama, ¡me encanta escucharlo! Soñé tanto con este día, que vivirlo es algo maravilloso. Después de varias horas de estar como dos adolescentes enamorados, nos despedimos.
Vuelvo adentro, me siento con Ross en el mueble y aunque intentó estar concentrada en lo que está viendo, no puedo, mis ojos se cierra con facilidad. Estos bebés están haciendo de su madre una mujer dormilona y floja. Me levanto y decido irme a mi habitación, cuando estoy por abrir la puerta, Talía me ve, le digo que si puede estar pendiente de Ross que está en la sala. Asiente y entro al cuarto, me acuesto en la cama y es como si no pudiera conmigo, cierro los ojos y me quedo dormida.
****
Me estiro y bostezo, no quería pararme, sentía el cuerpo cansado, me dolían los huesos. ¿Qué me estaba pasando? Sentía el cuerpo debil. Suena el teléfono y es un mensaje de Alexander, le respondo como puedo, no tengo fuerzas, no le digo cómo me siento, no quería preocuparlo y menos por toda la situación que estaba pasando con su madre. Las horas pasan y me siento peor, decido enviarle un mensaje a Talía para que venga, no tarda en abrir puerta y sentarse a mi lado.
—¿Qué tienes? —Toca mi frente— ¡Estás ardiendo en fiebre! Le diré a Florencia para que llame un médico.
Ella sale del cuarto y espero, me acomodo más en las sábanas, tenía mucho frío, Talía aparece de nuevo pero esta vez junto con Florencia.
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Editado: 04.02.2026