VIOLETA
Talía y Marcos me abrazaron fuerte, hoy regresarían a México y la verdad no quería que se fueran. Las semanas que pasaron a mi lado llenaron mi vida de felicidad ya que los había extrañado mucho, pero no podía retenerlos por más tiempo. México era su hogar.
Desearía poder acompañarlos al aeropuerto, pero todavía estaba un poco débil por el resfriado que tenía, así que Florencia iría con ellos. Los abrazo nuevamente, beso a mi pequeña princesa y se van, dejando un vacío en mí corazón. Ross me abraza, la sirvienta me trae un vaso de agua para beberme la pastilla que me tocaba. Maximiliano iba a venir en la noche para saber cómo estaba y, aunque quisiera volver a retomar nuestra amistad, se que ya nada será lo mismo. Así que es mejor mantener las distancias.
Agarro la mano de Ross y subimos a mi habitación. Ella comienza a jugar con mi maquillaje y se lo permito, me causa risa verla intentar usar cada uno de los productos en su cara. Las ganas de ir el baño aumenta y voy corriendo. Al bajarme el pantalón, siento algo frío que me baja por la pierna y al fijarme, era sangre. Me quedé paralizada sin poder moverme.
Camino hasta la puerta del baño. Ross está concentrada en mi cosméticos.
—¿Mi pequeña? —La llamo, tratando de mantenerme fuerte ya que es un dolor que jamás había sentido y que se expande por todo mi vientre. Ella me mira y sus ojos se abren al ver sangre bajar por mis piernas—. Por favor, busca ayuda.
Ross sale del cuarto y no tardo en ponerme a llorar. Siento mucho miedo, no quiero que nada le pasa a mis bebes. Julieta no tarda en aparecer y sus ojos se agranda al ver en la situación en la que estoy, me agarra de la cintura y me ayuda a llegar a la cama. Le pasó el celular para que llame a Maximiliano.
Está nerviosa y lo noto ya que le tiembla las manos al buscar el contacto de Max. Intenta una y dos veces, pero no responde.
—Es mejor que la llevemos a la clínica lo antes posible —Me cambia el pantalón y me ayuda a colocarme un mono. Agarra un bolso y guarda mis cosas personales y una sabana.
Me pongo de pie y camino con pasos lentos hacia la escalera. Nos encontramos con el chófer y el, con sumo cuidado, me carga en brazos y baja las escaleras. Los sirvientes salen de la cocina al escuchar mis gritos y Ross que está llorando, se aferra a mi mano. Le pido a Julieta que traiga a la pequeña con nosotros.
Me suben al carro y sale de la casa como si mi vida dependiera de eso. Julieta aprieta mi mano y no puedo dejar de llorar. Necesito a Alexander conmigo. El chófer no le importa pasarse varias señales de tránsito. Llegamos, una enfermera se aproxima con una silla de ruedas, me siento y me llevan por emergencia. ¿Por qué tengo que pasar por estos momentos sola? Observo a Maximiliano venir hacia donde estoy. Se arrodilla y acaricia mi rostro que está sumido en las lágrimas.
—Tengo mucho miedo, Max —Mi voz sale sin fuerzas debido al llanto—. No me dejes sola.
—Tranquila, preciosa, todo estará bien. Te lo prometo —Llama a otra enfermera y le ordena que me lleve a una habitación—. Tal vez sea un aborto, Violeta —Mi corazón duele al pensar perder a mis bebes— Haré todo lo que esté en mis manos.
Maximiliano besa mi frente y me deja con las dos enfermeras. Me llevan a la habitación y me recuesto en la cama, sin nada de ropa y con una bata para hacerme un ecograma. El médico me preguntó cuánto meses tengo y si es la primera vez que pasó por esto. Asiento. Se concentra en la pantalla, sin decirme que está pasado y si mis bebes están bien.
Los minutos pasan y la ansiedad aumenta. El Doctor le dice algo a las enfermeras y sale de la habitación.
—El Doctor Maximiliano vendrá a verte en unos minutos, por favor, trata de descansar.
Me quedo sola y no tardo en llorar como una niña pequeña. Debo estar más al pendiente y cuidar de mi salud. Si algo le pasa a mis bebes será mi culpa. La puerta se abre y entra Maximiliano.
—Los gemelos esta bien —Culpando a mis hormonas, lo abrazo y le agradezco que esté aquí. Me alejo y el limpia mis mejillas— Debes cuidarte, Violeta. Nada de emociones fuertes, ya que eso le afecta a los bebés. Debes estar tranquila.
Debía quedarme unas horas más en la clínica. Julieta estaba afuera junto a Ross, le pedí a Max que les avisara que estaba bien.
—No sabes lo difícil que es para mí el verte enamorada de otro, saber que esperas a sus bebés y serás feliz a su lado —Con su mano acaricia mi abultado vientre—. Fue un regalo de Dios conocerte y compartir contigo. Ahora solo me toca dejarte ir.
Se pone de pie y sale de la habitación. Y estoy segura que mi amistad con Maximiliano acabo hoy; no puedo retenerlo en mi vida cuando se de sus sentimientos hacia mí, era lo mejor para los dos. Solo espero que pueda conocer a alguien que lo ame como lo merece.
Julieta entra con Ross de la mano y ella al verme, con mucho cuidado se sube en la cama y me abraza. La puerta es abierta nuevamente y aparece Florencia, viene corriendo hacia nosotras.
—¿Qué sucedio? —Se sienta a un lado de Ross y con cuidado para nos despertarla ya que se había dormido, besa mi mejilla— Cuando llegué a la casa, las sirvientas me dijeron que te habían traído a la clínica.
—Un sangrado, pero los gemelos están bien —le digo— Maximiliano me ordeno reposo absoluto.
#740 en Novela romántica
#286 en Chick lit
amor deseo romance, odio dolor mentiras repudio hipocresia, sanar perdon
Editado: 26.02.2026