ALEXANDER
Estábamos preparando todo para irnos a casa. Ayudo a mi madre a levantarse, la enfermera nos trae una silla de ruedas y aunque ya está bastante bien, le dificulta un poco caminar, ya que tenía moretones hasta en las piernas. Se sienta y mi abuela se encarga de guardar las cosas en el bolso. Salimos del hospital y el chófer está esperándo por nosotros. Nos abre la puerta y mi madre sube, queda en el puesto de la ventana y se quede así, sin moverse, ni siquiera cuando el chófer enciende el auto y sale del estacionamiento. Cuando mi abuela, incluso yo, intentamos tocarla, solo se aparta y ni siquiera nos mira. Es como si estuviera en otro mundo, que no fuera ella.
Después de un incómodo viaje, llegamos y salgo del auto cansado. Mi madre baja, sin permitir que nadie la ayude y se dirige sola a la casa. Mi abuela la observa y en su mirada veo tristeza. Entramos a la casa, mi madre está sentada en el mueble, me acerco y me siento a su lado.
—Madre ¿Cómo te sientes? —Sus ojos me miran y el vacío que veo en ella me revuelve el estómago—. Por favor, habla conmigo.
Se acurruca en mis brazos y llora, de ella sale un dolor que me hace odiar a mi hermano. Ella no está sufriendo por los golpes, ella sufre por su hijo, al que ama y quiere proteger a pesar de sus errores. La ayudo a levantarse y la acompaño a su cuarto. Ella se mete bajo las sábanas y cierra los ojos, se que le costará mucho dormir, pero la dejo sola para que por lo menos lo intente. El ama de llaves abre la puerta y me informa que tengo una llamada de la policía. Me sorprendo, apagó la luz de la habitación y cierro la puerta.
Decido atender la llamada en mi despacho. Al tomar la llamada, ruego a Dios que no sea lo que estoy pensando.
—Está bien, oficial; estaré allá en cinco minutos —Cuelgo la llamada.
Voy a mi habitación y me cambio. Agarro el teléfono, bajo las escaleras y me encuentro con mi abuela, le informo que voy a salir para que esté pendiente de mi madre. Salgo de la casa y el chófer me abre la puerta y subo. Mi hermano está preso, lo agarraron en plena vía, drogado y con una cantidad considerable de alcohol en su cuerpo, por soltarlo estaban pidiendo mucho dinero. Leo las noticias desde mi teléfono, mi hermano estaba en la primera plana, fotos de él siendo arrestado, no quería seguir leyendo lo que decían de él, apagué el teléfono.
Llegamos a la estación de policía, varios periodistas estaban afuera buscando carne fresca y así poder destrozarle la vida con sus artículos. Al salir, vienen corriendo hacia mí como zamuros. Raúl los separa y como podemos entramos; un policía se presenta y me lleva con el jefe, lo saludo y me siento.
—La situación de su hermano es muy grave, señor Alexander —Se que no debe ser así y si lo fuera, una gran cantidad de dinero solucionaría toda esta situación—. En su auto hemos conseguido droga.
—Mi abogado se encargara de este problema, solo tienen que decir de cuánto estamos hablando y accedere a todo lo que me digan —Me pongo de pie y estrecho la mano con el jefe a cargo.
Nos despedimos y salgo de su oficina, llamo a mi abogado y le explico toda la situación, arreglará todos los papeles y el cheque correspondiente del pago y vendrá a la estación para tener todo listo. Salimos y las preguntas no se hicieron esperar, las ignoré todas, inclusive donde me preguntaban por Violeta. Me subí a la limusina, necesitaba averiguar un centro psiquiátrico para Diego, en el momento que saliera de la cárcel, lo íbamos a internar, no podía dejar que siguiera haciendo más daño. Además, como esta mi madre, no podía permitir que se le acercara.
Llegamos a la casa, necesitaba ir a la empresa, pero sería mañana. Estaba muy cansado y solo quería dormir. El chófer me abre la puerta y bajo. Me abre la puerta y entro, mi abuela está en la sala, me siento.
—Diego está en la cárcel —Acaricia mi mano—. Mañana lo dejarán libre. Mi abogado va a pagar la fianza, tenemos que buscar un hospital psiquiátrico.
—Es lo mejor, hijo —Se que siempre tendré su apoyo— Sabes que te ayudaré en todo lo que me pidas. Y si estás de acuerdo, es mejor no decirle a tu madre. Ella no está bien.
—Estoy preocupado.
—Todo mejorará, hay que tener fe, mi niño.
Unas ganas de llorar me inundan y mi abuela me abraza. Mi padre siempre me decía así, sé que le dolería ver a Diego en la situación como está, por eso no quiero dejarlo que se hunda más, quiero pensar que puede sanar.
Me separo de ella y le doy un beso en la mejilla, me levanto para ir a mi habitación y poder descansar. Paso primero a ver a mi madre, me acerco y veo el plato de sopa vacío, por lo menos comió. Salgo y voy a mi cuarto, entro y me quito la ropa, me siento en la cama y le envío un mensaje a Violeta, coloco el teléfono en la mesita de noche y no tardo en quedarme dormido.
****
Abro los ojos y me estiró, cada hueso de mi cuerpo suena y me estremezco por lo bien que se siente. Me levanto y reviso el teléfono para saber si Violeta me respondió, pero nada, voy al baño y me cepillo. Son las dos de la tarde, perdí la hora del almuerzo. Salgo del cuarto y al pasar para ver a mi madre, está hablando con la abuela, las dejo solas. Llego al comedor y me traen la comida. Suena el timbre y el ama de llaves va a abrir, me informa que el señor Ignacio está aquí, dejo la comida, me levanto y voy a la sala.
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Editado: 26.02.2026