Si fueras ella

CAPÍTULO 115

VIOLETA

—¿Estas segura? —Florencia me pregunta por tercera vez.

—Si —digo con decisión—. Necesito estar con el en estos momentos.

Tenía ese presentimiento de que las cosas no estaban tan bien como el me decía en las llamadas que hacíamos.

—Está bien —Una lágrima baja por su mejilla— Disculpa por comportarme de esta manera, no es que no quiere que seas feliz, es que te voy a extrañar mucho; estaba acostumbrada a tenerte conmigo.

Este embarazo me tiene muy sensible y ahora Florencia me hará llorar con sus palabras y, aunque no se lo digo, ya que el nudo que tengo en la garganta no me lo permite, también la voy a extrañar, no sabré cómo agradecerle su ayuda, me acogió como una hija, no me juzgo por mi pasado y solo me dió amor. Además, gracias a ella pude encontrarme nuevamente con Alexander.

Me abraza y besa mi mejilla innumerables de veces. Me rio y me separo de ella. Aprieta mis mejillas con cariño y me quejo, causando que se ría y se ponga de pie.

—Le diré a mi secretaria que tenga listo el avión privado y no.. —Me hace callar— No aceptare un no como respuesta; es la única manera de que este tranquila.

—Esta bien.

Ella se dirige al despacho y yo a mi habitacion a preparar mi equipaje y el de Ross e irnos lo más pronto a México. Julieta me ayuda con algunas cosas y baja las malestas con el chófer. Ross sale del cuarto feliz al saber que pronto estaremos con Alexander. Miro la habitación por última vez y cierro la puerta tras de mi. Al bajar las escaleras estan todos esperando por mi: Julieta junto con las sirvienta, el chófer y Florencia. Cada uno de ellos se volvieron una segunda familia para mí.

—Te vamos a extrañar mucho, pequeña —Habla Florencia.

—Y yo a ustedes —Los abrazo a todos y le agradezco todo el cariño que recibi de cada uno en el tiempo que estuve aquí.

—Ya no mas lágrimas que nadie se ha muerto —El comentario de Florencia nos hace reir—. Que tengas un buen viaje y que seas muy feliz.

Ross me toma de la mano y salimos de la casa, el chófer nos abre la puerta y entramos, la puerta se cierra y aunque me duela dejar este lugar, no puedo estar lejos de Alexander. Quiero que sepa que daría mi vida por él, que no importe donde esté; siempre llegare a el. Ross no deja de hablar desde que salimos de la casa y me rio por cada una de sus ocurrencias.

Llegamos al aeropuerto y un señor de unos cincuenta años se acerca a nosotros con dos jóvenes. Es el piloto encargado de mi viaje, se presenta y le ordena a los chicos que lleven mis maletas al avion. Me despido del chófer y nos encaminamos para abordar el avión, subo con ayuda del piloto. Ross se sienta junto a la ventana y una señora, un poco mayor que yo, me trae una ensalada de frutas y pan de jamón para Ross, más un jugo y una botella de agua para mi. Coloco un pañuelo en mis piernas y en la de Ross y así evitar ensuciarnos mientras comemos.

Ella termina primero y yo dejo media ensalada. Trato de buscar estar cómoda y cuando lo consigo, me quedo dormida.

*****

Me despierto por una incomodidad en mi vientre y al abrir los ojos, Ross está casi encima de mi, ya entiendo el porque me sentía de esta manera. La muevo y la dejo en su asiento. Me levanto y voy al baño. Abro la puerta y me encuentro con mi reflejo en el espejo; estoy pálida, ojeroza y el cansancio se me nota en mi rostro. Abro el grifo y lavo mi rostro para aliviar la inflamación en mi cara y tener mejor aspecto cuando vea a Alexander. Salgo del baño y vuelvo a mi puesto, me siento y me tomo las pastillas que me recetó Maximiliano.

Ross se despierta y lo primero que me pide es comida, me rio y la llevo primero al baño para que se cepille. Mientras lo hace, reviso mi telefono y juego un rato. Ross sale, guardo mi teléfono, nos acomodamos, y le paso la tablet para que siga jugando mientras nos traen nuestra comida. No tardan en traernos para almorzar arroz con carne y ensalada, mi estómago se revuelve al verlo. Le pido a la señora un jugo de manzana para aliviar esta sensación de malestar. Ross en cambio, se come todo.

Estábamos a punto de aterrizar en Mexico y le pedí a Ross que guardara todo en su maletín. En España, le envié a Raúl para que fuera por nosotras al aeropuerto sin decirle nada a Alexander.

Nos abrochamos el cinturón de seguridad y en unos segundos, ya estábamos en tierra. La puerta del avión se abre y bajamos. Sonrió al ver a Raúl esperando por nosotras.

Sus ojos se dirigen a mi abultado vientre y abre los ojos.

—¿Cuántos meses tienes?

—Ya casi los tres meses —le digo—. Son gemelos.

—Alexander si te hizo el verdadero amarre —Me rio.

Se hace cargo de las maletas y salimos del aeropuerto hasta la limosina. Abre la puerta, y subimos. Iríamos a la casa de Daniela, aunque no queria, no sabía dónde llegar. Talía y Marcos se habían mudado a un pequeño apartamento cerca de los padres de Marcos y no quería ser una carga para ellos. Los nervios aumenta mientras nos acercamos, aunque la situación con Daniela es difícil, no voy a permitir una falta de respeto de su parte. Llegamos a la casa y salimos. A pasos lentos, nos encaminamos hacia mi felicidad. La sirvienta abre la puerta y se asombra al vernos, le digo que haga silencio y entramos. Ross corre a dónde está su abuela y ella, al verme, se queda sin palabras.




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