Si fueras ella

CAPÍTULO 116

ALEXANDER

Mi ángel, mi Violeta está aquí. Colgue la llamada sin importarme dejar a Ignacio con la palabra en la boca. Baje los últimos escalones y la alze en mis brazos ¿Cómo pude pasar estos meses sin estar junto a ella? No lo entendía, me acerco y la beso. ¡Dios, cuánto la había extrañado! No quiero soltarla, quiero quedarme aquí siempre, pero ella se sonroja por el espectáculo que estamos dando frente a mi abuela y Ross, bajo a su abultado vientre y beso su hermosa barriga, está hermosa.

—Me has dado una sorpresa ¿Qué tal estuvo el viaje? —La tomo de la mano y vamos a sentarnos. Mi abuela se lleva a Ross a ver a mi madre, se que se alegrara de ver a su pequeña.

—No muy bien, me marie mucho —me dice lamentándose.

—Tienes que portarse bien con mami —Ella se ríe y entralaza nuestras manos— ¿Estás bien?

—Si, es que necesito comentarte algo.

Nos levantamos y vamos al despecho para así hablar con tranquilidad. Abro la puerta y entramos, me siento en el mueble y hago que se siente en mis piernas.

—¿Que sucede, mi amor? Sabes que puedes confiar en mi.

—Es que... —Baja la mirada y comienza a jugar con un mechón de su pelo, me causa gracia verla tan nerviosa— No tengo donde quedarme, claro está que no te estoy exigiendo nada —Se levanta y comienza a caminar nerviosa—. Mejor hablaré con Marcos y se que me dejara que me quede unos días con el y así no molestarte.

No podía creer hasta donde llegaba la inocencia de Violeta, de verdad cree que la dejaré sola. Si ella me pidiera una casa en el desierto, gastaría todo lo que tengo para complacerla. Mi único objetivo es hacerla feliz. Me levanto y la tomo de las manos, deteniendo su paseo.

—Siempre pensando en la tranquilidad de otros —Beso su frente—. Te quedarás conmigo, hoy, mañana y siempre.

—No creo que sea lo correcto —Suelta mis nanos—. Sabes que tú madre y yo no tenemos buena relación y me sentiré incomoda aquí.

Comienzo a reírme, jamás dejaría que ella se quedara aquí, ella merecía mucho más, el cielo es poco.

—Mi amor, desde hace un mes no vivo con mi madre, compré un apartamento, nuestro, algo de nosotros —digo.

Beso sus labios y salimos del despacho. Violeta no deja de mirarme, todavía no creo que esté aquí conmigo. Nos encontramos a mi abuela en la sala y nos despedimos, asegurando que en la noche estaremos por acá.

Abro la puerta del auto y subimos. El chófer enciende el auto y salimos de la casa de mi madre y nos dirigimos a mi apartamento. Violeta me cuenta lo sucedido con ella hace unos días y le hago saber mi molestia, no quería más secretos estre nosotros, quiero que confíe en mi y yo en ella. Mi departamento no quedaba muy lejos de la casa, así que llegamos en cuestión de minutos. El chófer detiene el auto, abro la puerta y bajamos. Tomo la mano de mi Ángel y nos adentramos al edificio.

Mi departamento quedaba en el primer piso. Busco las llaves en mi pantalón y abrí, dejando a Violeta entrar primero. Mira todo con asombro, queria que le gustará el lugar y su algo no le gustaba, tenía el derecho de cambiarlo. La abrazo por detrás.

—¿Te gusta? —beso el lobulo de su oreja y se ríe.

—Me encanta, mi amor.

Se gira y me besa, disfruto tenerla conmigo, disfrutar de ella y desearle como lo hago. La cargo en mis brazos y camino a lo que será desde este momento nuestra habitación. Le siento con cuidado en la cama y me arrodilló, beso su muslo y voy bajando. Oigo pequeños gemidos salir de ella que me vuelven loco, le quitó las sandalias y las lanzo en algún lugar del cuarto. Me levanto y acaricio su cuello, su mejilla, bajando hasta quedar en sus labios. Ella me recibe ansiosa y no tardo en desnudarla. Le hago el amor, porque eso es lo que siento y se lo demuestro.

*****

Violeta se quedó dormida en mis brazos. La miro y acomodo un mechón de cabello detrás de su oreja.

—Mi amor, es hora de levantarse —le susurro al odio.

—Mmm.

—Vamos, voy a prepararte algo para que comas, así que por favor, no te tardes —Me pongo el boxer y salgo de la habitación.

Estando en la cocina, comienzo a sacar los ingredientes para unos nuevos revueltos y tocineta. Violeta aparece con una de mis camisas puesta.

—Estas hemosa.

—Lo se.

Le guiño un ojo y le pongo su plato para que coma.

—Necesito consultarte algo, mi ángel.

—Te escucho.

—Mi madre quiere hablar contigo —Su nariz se arrugó y se que no le agrada nada— Solo quiero que le des una oportunidad, sé que mi madre…—Fuerzo una sonrisa—. Se comportó de una manera que hasta mi me dió vergüenza, solo quiero que por lo menos la escuches.

—Está bien.

Después de comer, nos disponemos a vestirnos para salir a casa de mi madre. Se que para Violeta es un esfuerzo grande el querer escuchar a mi madre después de todo lo que le hizo. Pero estoy seguro que las dos merecen una segunda oportunidad para conocerse. Las dos son importantes y no quiero estar en el medio de una disputa entre ellas. Estando listos, salimos del apartamento y el chófer ya espera por nosotros. Subimos al auto y siento a Violeta en mis piernas.




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