ALEXANDER
Llegue a la empresa de buen humor. Salude a los empleados e ingresé a mi oficina, me senté y me puse al día con los pendientes que tenía. La puerta se abre y mi amigo entra sonriente.
—Hasta que apareces.
—Por obligación. Además, tus constantes llamadas me tenían loco —le hice saber.
—Debes reconocer que me extrañabas querido, amigo ¿Cómo está todo? —Cruza los brazos y me mira.
—Perfecto.
—¿Solo eso?
—Esa única palabra es lo que define mi relación con Violeta —le digo.
—Me vas a hacer llorar —Finge secarse las lágrimas imaginarias y ruedo los ojos.
—Idiota.
Se ríe y dejamos el tema de Violeta un lado para concentrarnos en la empresa. No hubo muchas novedades y todo marchaba como siempre quise. Le entrego unos papeles para que los lea y los firme, se levanta y se retira, me llega un mensaje de Violeta.
Amor, iré a ver a Talia y a Marcos
Le escribo.
Esta bien, cuídate y cuida de mis bebés. Te amo
Guardo el teléfono y sigo trabajando, tocan la puerta y es la secretaria de Ignacio, me coloca en la mesa un café y le doy las gracias, se retira; debería aumentarle el sueldo, desde hace semanas ella ha sido mi secretaria temporal y la de mi amigo, me lo tomo todo. Pasan los minutos y siento cómo mi cuerpo está cayendo en picada, una debilidad me atrapa, me intento levantar, las piernas me fallan y caigo al suelo de rodillas. La puerta de abre y es Ignacio, al verme, corre hasta donde estoy y me toma de los brazos y me recuesta en el mueble. Escucho susurros, algo me dice, pero no logro entender. Los ojos se me cierran y todo se vuelve negro.
****
Intento abrir los ojos, pero los vuelvo a cerrar por la luz que me molesta. Espero unos segundos y vuelvo a intentarlo, está vez me acostumbro. Me duele el cuerpo y me siento como si me hubieran dado la golpiza del año. Miro al mueble y está Violeta acurrucada, se mueve, supongo que buscando estar más cómodo y me siento mal por ella, no debería estar aquí. Me intento levantar y al hacerlo, el cuerpo me truena y pego un gritito por el dolor. Violeta abre los ojos y se pone de pie.
Sus ojos están rojos y afligidos. Se acuesta en mi pecho y la abrazo.
—Gracias a Dios que despertaste —besa mi mejilla—. Estábamos muy preocupados por ti.
—Estoy bien —La tranquilizó— ¿Qué sucedió? Solo recuerdo que me empecé a sentir mal y todo se volvió oscuro para mí.
—No sabemos nada aun, mi amor —dice, mientras me acaricia el cabello— Estamos esperando los resultados de los exámenes que te hicieron.
Me quedo callado.
—Todo saldrá bien, mi ángel.
Tocan la puerta.
—Adelante —dice Violeta.
Ignacio entra con un ramo de rosas y ruedo los ojos por su estupidez.
—No son para ti, no te emociones —Mira a mi mujer y sé las entrega. Que cinismo tiene este hombre.
—Mi esposa no necesita tus flores, idiota.
—Deja el mal humor, amigo.
Violeta se ríe del drama que estamos montando mi mejor amigo y yo.
Ignacio palmea mi hombro a modo de saludo y se sienta a mi lado.
—¿Cómo te sientes? Me diste un susto de muerte, no sabía que hacer cuando te vi arrodillado en el suelo.
—Estoy mejor, solo quiero irme.
—Siempre tan impaciente, ¿Cómo se portan esos gemelos de tío, rubia?
—Más tremendos que nunca, quisiera poder descansar, pero ellos no me lo permiten. Ya sé un poco cómo serán al tenerlos con nosotros —Se levanta y nos sonríe—. Ya regreso, iré a ver a Marcos que me espera en la salida. Le conté lo sucedido y no dudo en venir.
Antes de salir me da un beso y le jala las orejas a Ignacio por meterse conmigo. Con una sonrisa en mi rostro la veo salir de la habitación.
—Estamos solos, ¿Qué sucede? Algo me dice que las noticias que me traes no son buenas.
—Tu hermano golpeo a una enfermera, logrando distraer a los guardias y escapar. —Me recuesto en el respaldo del mueble y llevo mis manos a mi cabeza— La policía lo está buscando, pero no sabemos nada de su paradero, Alexander.
Necesito salir de aquí lo antes posible, mi familia esta en peligro. Me intento bajar de la cama y mi amigo no me lo permite.
—¿Qué haces? —me pregunta— No puedes dejar que el desesperó te controle, Alexander. Debemos pensar con cabeza fría lo que debemos hacer.
—Llama a Raúl y dile que venga.
Hace lo que le digo y llama a mi guardaespaldas. No puedo creer que volvemos a este infierno de nuevo. Tocan la puerta y mi amigo abre, dejando pasar a Raúl.
—¿En qué lo puedo ayudar, Señor?
—Mi hermano escapó y necesito asegurar la casa de mi madre, busca los mejores hombres —Le ordeno—. Violeta queda a cargo tuyo, no quiero que la dejes sola ni un segundo, cuídala como a tu vida.
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Editado: 26.02.2026