ALEXANDER
Me dieron de alta y quería de una vez a la comisaría, pero Violeta no lo prohibió. Se habían llevado a la secretaria de Ignacio y ella insistía que era inocente. Estaba molesto por no poder estar allá y arreglarlo a mi manera, pero no quería hacerla sentir mal, me lo decía por querer verme bien, así que decidí quedarme en casa.
Estaba acostado, mientras que Violeta le estaba dando indicaciones al ama de llaves de lo que quería de cena. Me dolía la cabeza y lo atribuí a toda la presión que estaba teniendo. Ignacio me tenía informado de lo que estaba pasando y de igual manera no me sentía bien. Raúl ya había preparado a sus hombres, la casa de mi madre estaba resguardada completamente al igual que la mía. Violeta al ver los hombres me preguntó qué era lo que estaba sucediendo, no podía decirle la verdad, se preocuparía y podía afectarle a los bebés. Solo le dije que solo era por precaución y me alivie que no preguntara nada más.
La puerta se abre y ella aparece con ayuda del ama de llaves que trae la comida, la colocan en la mesa. Violeta le da las gracias y ella se retira.
—¿Una cita?
—Por el momento, solo quiero que estos días descanses, pero antes —Busca en su bolso las pastillas que me recetaron—. Toma.
Me pasa el vaso de agua y me la bebo.
Me ayuda a sentarme ya que todavía siento debilidad en el cuerpo.
—¿Crees que esa mujer fue capaz de tal barbaridad? —Miro su plato y lo que tiene es pechuga con ensalada.
—Deberías comer más —Asiente y agarra arroz con mas pollo— No estoy seguro —Bebo un sorbo de jugo—. Claudia lleva más de cinco años trabajando con nosotros, ¿por qué a estas alturas sería capaz de hacerme daño?, no tiene motivos.
—Debemos tener más cuidado.
—Así es, mi amor
Terminamos de almorzar y ella retira todo llevándolo a la cocina. Mi madre al igual que mi abuela y Ross vendrán a verme. Violeta regresa y entra en el baño. Mientras que yo me quedo leyendo las noticias, como se suponía mi familia está en el ojo del chisme de México. ¡Cómo me molesta que opinen de nuestras vidas como si supieran y están lejos de estarlo!
Violeta sale con la toalla puesta, busca en el closet que ponerse, esta mujer cada día está más hermosa. Elije un vestido corto de estar en casa que le moldea la barriga y hacen que sus senos me deje sin respiración. Me pongo de pie y la abrazo por detrás.
—Vuelve a la cama, sabes que debes estar en reposo.
—Por favor, ese vestido se verá mejor en el suelo —se ríe y se da la vuelta.
—Tu familia ya debe venir en camino.
—Eres muy mala, mi ángel.
Me abraza y disfruto tenerla así. El sentir su cuerpo junto al mío, su respiración, su olor, todo de ella me calma. Tocan la puerta y el ama de llaves nos informa que mi familia ya llegó.
Violeta peina mi cabello y besa mis labios. Salimos del cuarto y están en la sala. Mi madre al verme se pone de pie y me abraza.
—Me alegra que estés bien, hijo.
Nos sentamos. Violeta le pide a la sirvienta que prepare café para todos.
Ross viene hacia mí y la siento en mis piernas.
—Estamos muy sorprendido de lo que fue capaz esa mujer —dice mi abuela.
—Ella dice que es inocente y que nada tuvo que ver con lo que me sucedió.
—Y le creo —Asegura mi madre—. Llevo años conociéndola, sé de dónde viene y su familia se ha portado bien con nosotros, no la creo capaz de tal bajeza.
—Yo tampoco, madre.
—Entonces, si no fue ella, ¿Quién? —pregunta mi abuela.
—La policía se encargara de encontrar al verdadero asesino, por eso es necesario que no salgan sin sus guardaespaldas —Miro a Violeta— Quiero asegurarme que estarán bien en dónde estén.
—Esta bien, hijo.
La invitamos a cenar, pero mi madre prefiere irse temprano, como están las cosas, es lo mejor. Nos levantamos y Ross me ruega para quedarse con nosotros, mi madre no se opone y yo menos, abrazo a mi madre y a la abuela, no quiero que nada malo les pase.
Ross comienza a dar vueltas por toda la casa, no sé porque siempre hace lo mismo, según ella, la casa es muy bonita y quiere recordarla siempre, los niños de ahora, Violeta me abraza por detrás.
—Se nos cayeron los planes —me susurra en el oído.
Le pongo mala cara y ella comienza a darme besos por todo el rostro. Llevo mis manos a su vientre.
—Ya quiero que estén con nosotros, quiero que tengan tu nariz, tus labios y tus ojos —Ella sonríe.
—Y tu sonrisa.
La cargo y la llevo al mueble, ella comienza a reírse. Ross se une a nosotros y le hago cosquillas a las dos. De repente, Violeta se levanta y se va corriendo al baño. Dejo a mi hermana en la sala mientras voy a ver qué sucede y la encuentro en el baño.
—Casi me orino, las cosquillas no me gustan —Me hace puchero—. ¿No más cosquillas?
—Ya no mas, mi ángel.
La beso ahí sentada en el baño, creo que jamás hemos sido una pareja normal y me alegro por eso.
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Editado: 26.02.2026