Si fueras ella

CAPÍTULO 121

ALEXANDER

Ver a la mujer que amo en manos de mi hermano me esta matando por dentro, Violeta no deja de llorar y me hervía la sangre escuchar a Diego decirle que se callara. La policía no me deja acercarme para hablar con Diego y tratar que suelte a mi mujer. Los policías y mis guardaespaldas lo estan apuntando. Estaba desesperado, solo quería que ella estuviera bien, Ignacio al igual que Serena estaban a mi lado, no le había permitido a mi abuela estar aquí, y mi madre se había quedado con Ross.

Me giro y vuelvo a dónde está el comandante. Con voz firme le digo que por favor me permita hablar con Diego, el con dudas, acepta. Llama a uno de los policías para que me coloque en chaleco, me lo aprieta bien y palmea mi hombro, respiro varias veces y me acerco, él refuerza su agarre en Violeta, me tenso, quisiera golpearlo hasta matarlo, eso es lo que se merece, me cansé de querer darle oportunidades y hacer todo lo posible por ayudarlo.

—Si no fuera por ti, Violeta no estuviera pasando por todo esto —Su sonrisa me enferma.

—El problema es conmigo, déjala ir —Abro los brazos mientras me acerco con pasos lentos—. Aquí estoy.

Comienza a reírse.

—¿Me crees tan estúpido?

—¿Por qué haces esto? Somos tu familia, solo queremos que estés bien.

—Cállate —me grita, el arma tiembla en sus manos y Violeta abre los ojos— El viejo siempre me hacía ver mis errores, para él todo lo que yo hacía era un desastre.

—Pero lo hacía para que no acabaras así, ¡mírate!, él solo quiso lo mejor.

—¡Eso es mentira! Tú solo eras un niño, no sabías lo que en verdad era nuestra familia, creciste en una burbuja, nadie podía tocar a Alexander, Alexander es el mejor, tú, todo eras tú —El odio con que lo dice me duele.

Violeta llora y veo cómo lleva su mano a su vientre, algo esta mal, lo sentía, necesitaba hacer algo..

—Me quieres a mí, aquí estoy —Me arrodillo— Por favor, no le hagas daño.

—Alexander, mi amor…

Una sonrisa siniestra se muestra en el rostro de Diego, quita el arma de Violeta y me apunta. Violeta forcejea, pero algo hace que nuestra atención cambie, un disparo sale, pero no es para mí, escucho el grito de Ignacio. Cuando giro, veo a Serena llevar su mano a su abdomen, mientras cae al suelo. La policía reacciona y le dispara a Diego en la pierna, él cae y Violeta viene corriendo hacia mi y la abrazo con fuerza, lloro y le agradezco a Dios que este bien. Ella se separa y mira por encima de mi hombro..

Nos levantamos y nos dirigimos a dónde está Serena. Me arrodillo y agarro su mano.

—¿Serena? —Le hablo— No cierres los ojos, por favor, dime algo.

—No puedo, me duele…mucho —Mucha sangre sale de su boca, miro a Ignacio que llora, Violeta baja la cabeza sin saber que decir.

La ambulancia llega y los paramédicos se bajan, colocan a Serena en la camilla y la suben. Ignacio irá con ella, yo los alcanzaré luego, tengo primero que cerciorarme que mi mujer este bien.

—¿Estás bien? ¿Te duele algo? —La agarro de cuello y la miro.

—Estoy bien, mi amor —Me sonríe—. Tranquilo.

—Te llevare a casa de mi madre e iré a ver cómo está Serena —Agarro su mano y nos subimos al coche—. ¿Seguro que estás bien, mi ángel?

—Si, lo que me preocupa es Serena ¿Se pondrá bien? —No digo nada, porque de verdad se veía muy mal cuando la subieron a la ambulancia.

Llegamos a la casa y mi madre abraza a Violeta, aliviada de que esté bien.

—Tengo que ir a la clínica, le estaré informando de lo que suceda con Serena —Acaricio la mejilla de mi Ángel y la beso—. Descansa y me envías si necesitas algo. Te amo.

Salgo de la casa y me subo de nuevo en la camioneta. Me informan que Diego fue llevado al hospital, no me interesa saber si está bien, lo que ahora me preocupa es saber cómo está Serena, todavía no entiendo el por qué Diego le disparó a ella, porque le causó tal daño. Solo espero que pueda salir de esto. Llegó a la clínica y salgo del auto, me apresuro llegar en recepción y pregunto por Serena, me dicen que esta en cirugía y debemos esperar a que el doctor salga para saber de ella. La sala de espera es en el segundo piso. Mientras camino hacia allá, un fuerte dolor de cabeza me ataca y tengo que detenerme por un momento y respirar. Sigo mi camino y me encuentro a mi mejor amigo sentado. Al levantar la mirada, sus ojos están llenos de lágrimas y me duele verlo así. Siempre fuimos nosotros tres, en la buenas y en las malas. Me siento a su lado.

—No quiero que esté así —susurra el.

—Serena es una mujer fuerte.

—¿Te acuerdas cuando nos defendió de aquellos niños que nos molestaban en el instituto? Siempre fue la más valiente de los tres —dice, recordando el pasado.

Y era cierto, Serena era lo contrario de lo que aparentaba, era fuerte. Desde los diez años estaba en clases de karate, siempre estuvo con nosotros, éramos mejores amigos, por eso verla luchando por su vida me dolía, no lo merecía, había pasado por mucho. Me levanto y comienzo a caminar, por lo menos me aliviaba saber que Diego no hará más daño.

Las horas pasaban y seguimos esperando noticias. Me siento de nuevo y cuando estoy a punto de quedarme dormido, unos pasos me hacen abrir los ojos. Es el Doctor.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.