Si fueras ella

CAPÍTULO 122

ALEXANDER

Habían pasado dos semanas desde ese trágico momento. Serena se estaba recuperando, Ignacio no se despegaba de ella ni un solo momento. Violeta no quiso regresar al apartamento y la entendía, no es fácil borrar esas escenas de tu mente. La veo ponerse el vestido que ha elegido para hoy, el embarazo le luce de maravilla, me levanto y beso su hombro, ella se ríe. Hoy veremos una casa, mucho más grande, lo que más le encantó a Violeta fue el jardín y por supuesto la piscina, pero cuando supo el precio, quiso buscar otras opciones, pero le dije que no, si era la casa de sus sueños, se la daría.

—Podemos buscar otra más económica —¡otra vez con lo mismo!

—¿Te gusta? —Ella asiente— Entonces no hay nada mas que hablar.

Ella suspira y termina de colocarse la chaqueta, agarro su mano y salimos de la habitación. Mi madre había salido con Ross y la abuela a desayunar. Nos subimos en el auto, saca de su bolso una barra de chocolate, niego y ella solo se ríe. Desde hace días se ha vuelto adictivo para ella el chocolate, tiene una caja llena de todo tipo de dulces.

Salgo a la via y nos dirigimos a lo que será nuestro nuevo hogar.

—No quiero que te molestes con lo que te voy a decir, pero debes comer menos dulce —Me hace puchero y yo beso su labio— Es lo mejor para tu salud.

—Esta bien.

Llegamos al lugar. La señora Gloria, encargada de mostrarnos la casa nos está esperando en la entrada con una sonrisa, nos saluda y entramos. Violeta ve encantada todo, pero sus ojos se iluminan como dos estrellas al ver el jardín. Me mira y se que ha quedado más enamorada de la casa.

—Queremos la casa, señora Gloria —le digo.

Violeta me abraza feliz y regresamos a la sala. La señora me entrega los papeles y yo se los paso a Violeta que me mira sin entender.

—Es tu casa, amor.

Me sonríe y firma los documentos. Gloria me entrega una copia.

—Felicidades por su nuevo hogar —Nos entrega las llaves y se retira. Dejándonos disfruta de esta felicidad.

La abrazo, la agarro del mentón y la beso, sin esperar mas, la cargo en mis brazos y subo las escaleras. Llegamos a la habitación principal, hoy estrenaríamos la casa como es. La dejo en la cama y beso cada parte de su cuerpo, ella me recibe con la mejor disposición, debido al embarazo, siempre está dispuesta a estar conmigo, no importa la hora ni el momento. Quito la última prenda que tiene y la hago mía. Escuchar mi nombre salir de sus hermosos labios me fascina, ella me da una sonrisa y me abraza, me encanta está sensación de tranquilidad que Violeta causa en mí, cierro los ojos y nos quedamos dormidos.

****

Mi teléfono no para de sonar, trato de alcanzarlo con cuidado para no despertar a Violeta, veo el identificador de llamadas y es Ignacio, pongo el celular en silencio, me llega un mensaje.

"Deja a esa mujer descansar, tu y los bebés le quitan la energía"

Solo llama para fastidiar.

"¿Por qué mejor no te buscas una novia? te hace falta, amigo"

Lo dejo muy lejos de nosotros y vuelvo a los brazos de mi ángel y beso su mejilla. Escucho su risa.

—¿Desde cuándo estás despierta?

—Es difícil no hacerlo cuando el teléfono no para de sonar ¿Quién era? —Se sienta y se cubre con la sabana sus pechos.

—Ignacio —Observo esa parte de su cuerpo que me está volviendo loco desde que salió embarazada.

—Mi cara está aquí arriba, mi amor.

—Lo siento —Acaricio su hermosa barriga— Debemos pensar a partir de hoy en ellos.

—Tienes razón, hemos estado tan preocupados por todo lo que está pasando en nuestro alrededor, que nos olvidamos de lo que más importa, nuestros hijos.

Solo tenían un conjunto de monitos que nos había regalado Talía, más nada. Violeta se levanta y se lleva consigo toda la sábana para taparse, se sonroja y entra al baño. Agarro una toalla. Abro la puerta y se está bañando, entro con ella, busco el jabón y comienzo a pasárselo por su espalda. Aunque quería volver hacerla mía, no podía, no por ahora, no habíamos comido nada y ella debe tener hambre. Le paso la toalla y salimos, comienza a vestirse, cuando estamos listos, salimos de la casa y nos montamos en el carro. Buscamos un restaurante de comida china. Le busco otras opciones pero no, así que, sin ánimos de pelear y ponernos de mal humor, vamos por el antojo de mi ángel. Llegamos y nos bajamos del auto, el mesero nos lleva a nuestra mesa, nos entrega nuestra carta. Violeta lee por unos segundos y de mala gana la coloca en la mesa.

—Me encanta la comida china, pero no entiendo nada —me rio.

—Déjame ayudarte.

Hablamos de los posibles nombres de los gemelos y si queriamos niña o niño. Me comenta que Talía cumplirá la semana que viene año y quería que fuéramos, jamás le negaría algo, le digo que sí. Nos traen nuestra comida, el amor que tiene Violeta por la comida italiana y China es algo que no tiene explicación, se termina toda la comida en tiempo récord y además, pide para llevar.

—Mañana toca cita con la Ginecóloga y sabes muy bien que te va a regalar por tu peso.




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