VIOLETA
¡La casa esta quedando hermosa! Alexander contrató a la mejor diseñadora de todo México y me alegra que la allá contactado. Mónica me pedía mi opinión y eso era lo que más me gustaba, que podía ser partícipe de cómo quería mi hogar, donde empezaría una vida llena de amor junto a Alexander y mis hijos. En la tarde teníamos cita con la ginecóloga, lo pospuse para la tarde, porque quería quedarme a ver de primera cómo estaba quedando la casa, solo faltaban algunos retoques a la cocina y todo estaría listo. Al terminar, ella me sonríe.
—Muchas gracias por todo.
—Amo mi trabajo, me entusiasma tanto poder darle brillo a tu hogar —Mira su reloj—. Ya es tarde, tengo que irme, disfruta de todo y cualquier detalles que quieras mejorar me envías, querida.
Nos despedimos y me quedo contemplado todo. Alexander sale de la cocina y me abraza.
—¿Te gusta?
—Si, Mónica hizo un gran trabajo.
Alexander mandó hacer la cuna de los bebés en España. En los días que estuvo allá conoció a un hombre carpintero, según él, quedó encantando en la manera tan original que hacía los diseños. Encargó la cuna y los gabeteros, lo demás lo compraríamos aquí. Vamos a nuestra habitación a cambiarnos y poder irnos, me coloco un vestido y unas sandalias, recojo mi cabello ya que hacía mucho calor. Busco los exámenes y el primer ecograma que me hice en España. Alexander tomó su teléfono y el mío y salimos de la habitación, el ama de llaves me pasa una taza con ensalada de frutas para que lleve, le agradezco el detalle.
Subimos en la camioneta y nos dirigimos a la clínica. Abro la taza y comienzo a comer.
—Pensé que esperaría a llegar a la clínica.
—Los bebés tienen hambre —Le pongo por excusa.
Sí claro, los gemelos, estoy asombrada del apetito que he tenido estos días, nada me llena. Debería hablar con la Doctora, estoy subiendo de peso muy rápido.
Mi teléfono suena, Alexander por el rabillo del ojo intenta saber quién es, me río y me alejo para que no vea nada.
—Talía y Marcos no están invitando almorzar ¿Vamos? —Le doy una sonrisa.
—Sabes que no puedo decirte que no.
Llegamos a la clínica, estaciona la camioneta y nos bajamos, toma mi mano y entramos. Nos dirigimos a recepción, la señorita nos da los buenos días, anota mis datos personales.
—Cuando sea su turno la llamaré.
Asiento y nos vamos a sentar.
—Tengo hambre.
Abre los ojos y comienzo a reírme al ver su cara.
—Tú debes tener un hoyo negro de estómago.
Me acurruco a él y beso sus labios, al final siempre cede a mis encantos.
—Iré a comprarte algo —Se pone de pie.
Le lanzo un beso cuando gira a verme, me sonríe, la primera chica ya está adentro, se me había olvidado confirmarle a Talía que cuando saliera de verme con el Doctor iríamos a su casa. Tengo que esperar por Alexander ya que se llevó mi teléfono, los minutos pasan y nada que llega, lo veo por la ventanilla y la puerta se abre entrando el con una bolsa. Se sienta y me la pasa. Al abrirla veo que son donas, estoy que grito de la emoción, desde que llegué no había tenido el gusto de volverlas a comer. Cuando mis labios siente el sabor del chocolate, un gemido sale de mí, él se acerca y me dice al oído.
—La manera como gimes, es algo que me tienta hacerte mía de nuevo, así que compórtate, estamos en una clínica, mi ángel.
Me sonrojo y me giro, no lo quiero ni mirar, estaba muy sensible. Estábamos en nuestra burbuja que no escuchamos mi nombre.
—Señorita Violeta, es su turno —exclama nuevamente la secretaria.
Le pido disculpas y nos levantamos, me pasa el jugo y bebo un poco, guardo las donas en el bolso, no quiero regaños. Entramos, la Doctora nos saluda, me manda a subirme a la camilla, lo hago, levanta mi vestido y coloca el gel, no dice nada, solo mueve el aparato.
—Los bebés están creciendo sanos, no tenemos problemas —nos dice—. Ahora vamos a los más importante, saber tu peso.
Bajo de la camilla y subo a la báscula. Trato de no mirar hacia abajo, no quiero saber cuánto he subido estas semanas. La Doctora termina y nos sentamos, ella escribe algo en una hoja y luego levanta la mirada para verme.
—Debes bajar de paso, Violeta —Alexander se ríe a mi lado y me doy un empujoncito para que se calle—. Se que los antojos es algo que cuesta controlar, pero vamos a hacer un esfuerzo y llevar un embarazo sano.
Después de uno que otro regaño, terminamos. Me cambió las vitaminas y una dieta balanceada. Al salir, la secretaria nos agenda la próxima cita. Salimos de la clínica, nos subimos al auto, le pido el teléfono a Alexander y así enviarle a Talía que ya íbamos en camino hacia su casa. Ale me pide la dirección exacta, es un poco lejos, pero vale la pena porque veré a mi princesa. El viaje se nos hace largo ya que hoy hay un tráfico terrible. Otra vez tengo hambre pero no quiere decirle a Alexander y recibir un regaño por su parte, así que me quedo callada. Llegamos y Talía está afuera esperando por nosotros. Estaciona el auto y bajo, mi amiga me abre los brazos y me refugio en ellos. La había extrañado mucho.
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Editado: 01.03.2026