Si fueras ella

CAPÍTULO 124

ALEXANDER

Miro la hora en mi teléfono y no imaginé que fuera tan tarde, es hora de irnos. La hija de Talía es un encanto. Le paso la bebé a Marcos y ella empezó a llorar, estiraba sus manitas hacia mí, todos estaban sorprendidos, incluso yo. La tomé nuevamente y se calmo, me sonríe porque sabe que ganó la batalla.

—Creo que alguien, mucho menor que tú, te quiere quitar a Alexander, Violeta —dice Talía.

—Nada de eso, señorita —La bebé comienza a reír— Él, es mío.

Aunque me duela verla llorar de nuevo, tenemos que irnos. Cuando se la paso a Talía, ella rápidamente se despide de nosotros y se va al cuarto con una bebé muy molesta. Marcos nos acompaña hasta la salida.

—Desde un principio, no te quería cerca de ella —Observa a Violeta—. Sin embargo, me has demostrado que la amas y es suficiente para mí.

—Daría mi vida por ella —Abrazo a Violeta y ella baja la mirada avergonzada— Nos vemos luego, cuídense.

Al salir del edificio, nos recibe un brisa que nos hace estremecer del frío. Así que me quito la chaqueta y se la pongo a Violeta en los hombros, ella me sonríe, llegamos al auto y nos subimos. Me inclino un poco en los asientos de atrás para buscar algo, al encontrarlo, se lo paso a Violeta, ella lo acepta y lo abre. Abre sus ojos, sabía que le iba a encantar.

—¡Dios, es hermoso! ¿En qué momento?

—No preguntes —Beso su nariz y nos vamos a casa.

Es una cadena en forma de corazón, al abrirse, dentro estaba en forma muy pequeña el ecograma de nuestros hijos. Faltaba otro regalo, pero se lo daría el día de su cumpleaños, que sería dentro de un mes, estaba nervioso, pero estaba listo, quería ver su reacción. Llegamos a la casa, el ama de llaves ya tenía hecha nuestra cena. Violeta fue a cambiarse primero, la esperé, me quité la chaqueta y la dejé en la silla, el teléfono suena, una de las chicas que contratamos ayer fue a atender, la escucho decir Hola varias veces. Regresa y le pregunto quién era.

—No dijeron nada, Señor.

Asiento y se retira, Violeta baja las escaleras y me quedo como un loco enamorado viéndola. Se colocó un mono y una camisa color carne que le deja ver su vientre, siempre me alejé de las mujeres rubias, pero Violeta es única, su cabello rubio tenía el largo perfecto, le llegaba a la cintura, su cuerpo me tenía loco y su sonrisa me dejaba cautivado, ella me sonríe y se sienta en mis piernas.

—Me vuelves loco —susurro en su oído.

—No estamos solos —Se levanta y acerca una silla para sentarse a mi lado— Necesito tu opinión en algo.

—¿De qué se trata?

—Mi madre quiere verme —No me agradaría que esa mujer venga a la casa, pero se que para Violeta es importante tenerla a su lado—No me dijo el motivo y es lo que me tiene preocupada, no quiero seguir recibiendo más humillaciones, sé que lo que hice estuvo mal, pero… —Se le quiebra la voz y me duele verla así.

Agarro su mano y vamos afuera, el jardín era el lugar perfecto para hablar de todo y que ella pudiera sanar de cada una de las heridas, nos sentamos.

—Tuve una relación con mi cuñado —Sabia que algo grave había pasado con su familia y aunque me daba curiosidad saber, jamás la obligue a que me dijera y mucho menos si le dolía— Mi hermana Fernanda y él se conocieron en la universidad, según ellos, fue amor a primera vista. Yo tenía quince años, a los meses se casaron, mi madre estaba feliz, pero yo no, era muy pegada a Fernanda y sentía que, al conocer a Rodrigo, ella se alejaría de mí y así fue. Todo era él, cuando lo conocí no lo soportaba, él siempre quiso ser amable conmigo, pero yo no lo quería cerca, sentía que me estaba quitando el amor que mi hermana sentía por mí. ¡Patético! ¿No crees? —se ríe— Hasta que logró ganarse mi corazón, me hablaba de una forma distinta cuando estábamos solos, me envolvió en una burbujas que solo éramos solo el y yo. Hasta que una noche lo besé, él se alejó y me sorprendió, siempre me decía que era su niña y que me amaba. Lo entendí, me alejé, traté de olvidarlo, pero fue imposible y muchas veces se lo hice saber. Me molestaba que fuera feliz y yo no, empecé a salir con un chico para darle celos y funcionó. Una tarde, cuando me estaba vistiendo para salir, él apareció en mi cuarto, me confesó que se había enamorado de mí, que no podía sacarme de su cabeza. Le creí, desde ese día, empezamos a tener una relación a espaldas de mi familia y amigos, era feliz o eso era lo que creía, hasta conocí al verdadero monstruo —Se levanta— !Jamás había estado con alguien! Él me decía que me deseaba y que quería estar conmigo, pero no estaba lista. Hasta que una noche, después de una pelea que tuve en la casa, me llevó a su apartamento y estuvimos juntos —Intento acercarme, pero me pide que la dejé terminar y lo hago—. Al pasar un mes, comienzo a sentirme mal, mareo vómitos y dolor de vientre, estaba embarazada. No sabía que hacer y como sentirme, se lo dije, no quiso al bebé, quería que abortara y aunque era demasiado joven para ser madre, no quise arriesgarme. Mi familia supo de mi relación con Rodrigo, ¡jamás me lo perdonaron! Le creyeron a él, me echaron de la casa, estuve sola varios meses, intentando seguir adelante, el bebé no soporto y lo perdí. Había perdido todo, un bebé que no tenía la culpa de nada y una familia.

Me acerco y tomo su cara, le limpio las lágrimas y la beso.

—Te equivocaste, pero eso no te hace una mala mujer, eras una niña que cayó en las garras de ese enfermo —Beso su nariz—. Hoy más que nunca estoy orgulloso de la preciosa mujer que eres y serás la mejor madre. Es tu decisión si quieres ver a tu madre, solo te puedo asegurar, que no estarás sola, siempre me tendrás a mí, mi Ángel.




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