Si fueras ella

CAPÍTULO 125

VIOLETA

¡Jamás pensé volver! Estoy frente a la casa de mi madre. Sí, decidimos venir a Texas para acabar con toda esta incertidumbre. Necesitaba saber qué era lo que mi madre quería hablar conmigo. Alexander toma mi mano y mi respiración comienza a normalizarse, no quería tocar el timbre, me daba miedo enfrentar esta realidad de la que por tantos años escapé. Respiro una y otra vez, tenía que ser valiente y poder tener paz. Nos acercamos y toco el timbre, escucho unos pasos y susurros. Abren la puerta y mi madre tiene una sonrisa en su rostro, me abraza y no puedo corresponderle, es fuerte para mí, ella lo entiende y se separa, saluda a Alexander.

Entramos a la casa, no veo a Fernanda por ninguna parte y me alivia que no esté. Los gemelos vienen corriendo hacia mí, los abrazo, ¡los extrañaba tanto!

—¿Mi hermano dónde está? —Es incómodo este silencio.

—Tenía unos pendientes que atender ¿Cómo has estado? —Su mirada recae en mi vientre— ¿Estás …?

—Si, ya estoy a punto de entrar a las cuatro meses —Alexander me sonríe— Son gemelos.

—¡Oh, Dios mío, hija! —Comienza a llorar— ¡no sabes lo feliz que me siento por ti! Quiero empezar pidiéndote perdón —continua—. Fui muy egoísta contigo, no te merecías en la forma que te hablé, te lastimé y jamás me perdonaré lo que te hice vivir. Solo eras una niña que se enamoró de un hombre que no le importó destruir una familia. Rodrigo se fue a vivir a Brasil, pero no soportó el peso de su conciencia, vino un día antes a despedirse y hablar conmigo, te defendió y nos dijo toda la verdad. Tu hermana estaba conmigo, aunque el dolor de un matrimonio fallido todavía le duele, en el fondo sabe que no fue solo tu culpa, los dos causaron esto. Pero debimos apoyarte más, estar ahí y no dejarte sola, por eso, mi Lia —Escucharla decirme así de nuevo, causó que miles de lágrimas salieran. Ella se acerca, me toma de las manos— No es fácil perdonar todo el daño que te hice, como tu madre, debí protegerte del daño que el mundo podía causarte y solo empeoré las cosas para ti, te pido perdón hija, por hacerte la vida tan miserable en estos años.

No me importa lo que me dijo, solo quería que ella estuviera a partir de hoy en mi vida. La abrazo como si mi vida dependiera de eso, tantos años queriendo que todo cambiara con mi madre y aquí estamos, dándonos una nueva oportunidad para ser feliz. Mi hermano llega y al verme, viene corriendo hacia mí.

—No puede ser ¿Seré tío? —Asiento— Eso es bueno, siguiendo los pasos de tu hermano.

—Así es, quiero presentarte a alguien —Tomo su mano y lo llevo a dónde está mamá con Alexander.

—¿Mi amor? —Alexander me mira—. Te presento a mi hermano.

—Un gusto conocerte, espero estés cuidando bien de mi pequeña niña —¡Dios, que pena!— Es lo que más amo, ha sufrido mucho, merece ser feliz.

—Lo hago, un gusto, cuñado.

Mi madre nos sugiere ir al patio y lo hacemos, mientras ella prepara el almuerzo, los niños están jugando. Alexander se llevó bien con mi hermano, están bebiendo, mi hermano le explica algo acerca de su trabajo, yo me quedé con mi madre para ayudarla.

—¿Cómo está, Fernanda? —Ella suspira.

—No ha sido fácil todo el proceso que tuvo que pasar con el divorcio. Rodrigo la humilló, le decía una y otra vez que tú eres el amor de su vida —No podía creer hasta dónde podía llegar la idiotez de ese tipo— Fernanda no aguantó, decidió irse, está en México hija, no sé con quién y si estará trabajando, porque la he llamado a su teléfono y no me contesta, no te niego que estoy preocupada, pero no sé qué hacer.

—Hablaré con Alexander, él sabrá qué hacer —me sonríe.

—Ese hombre te ama, la manera como sus ojos brillan al verte…

—Y yo a él mamá, pasamos por momentos difíciles, pero aquí estamos, más enamorados y luchando por nuestra felicidad.

Terminamos de preparar todo, acomodo la mesa y Alexander me ayuda a traer las sillas, mi mamá trae la comida. Entre risas y chistes por parte de mi hermano, empezamos a comer, ¡cuánto había extrañado estos momentos junto a mi familia!, ahora sí me siento completa, pasamos la tarde disfrutando y recordando viejos tiempos.

Mi madre nos obligó, prácticamente, a quedarnos en la casa, así que aceptamos, dormiríamos en mi antigua habitación, mi madre nos pasó unas cobijas. Entramos y casi quise llorar al ver que mi antigua habitación estaba como la dejé.

—Hermosa como la dueña —Me toma de la cintura.

—Bonitos momentos los que pasé aquí.

Busco en la maleta mi pijama, tenía mucho sueño y quería descansar, me dolía un poco la cabeza. Alexander fue a buscarme un vaso de agua y así tomarme una pastilla, me quito la ropa y me coloco la pijama, acomodo la cama y me acuesto. Alexander aparece con mi agua, me tomo la pastilla, él se quita el pantalón y la camisa, se acuesta y me abraza.

—Te amo mucho, mi Ángel.

—Te amo más.

****

Me levanto con muchas ganas de ir al baño, como puedo me quito los brazos de Alexander. Abro la puerta y me siento, que alivio. Me pongo la bata y bajo, mamá estaba haciendo el desayuno, ¡cuanto la había extrañado!, la abrazo por detrás y ella besa mi mano, sonrío.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.