ALEXANDER
Había pasado un mes desde la visita que hicimos a su madre, todo había cambiado después de eso. Violeta se sentía mucho mejor y su hermosa sonrisa lo reflejaba. Junto con Talía y una organizadora de eventos que contraté, estaba cuadrando todo para el cumpleaños de mi Ángel.
Además, estaba nervioso por este paso que voy a dar, pero estoy seguro de pasar el resto de mi vida con ella. Violeta estaba en los cuatro meses de embarazo, estaba comiendo mucho y tenía que estar pendiente de ella para que no se descontrolara y comiera sano como le recomendó la Doctora. La sala está llena de globos rojos y dorados, meseros por todas partes, mi madre está aquí, Ross está jugando con los globos y mi abuela daba órdenes en la cocina para que todo saliera bien. Mi abuela era la única que sabía lo que tenía planeado hacer, guardarme el secreto no había sido fácil, pero lo estaba logrando. Violeta esta con Marcos, no sé a dónde la llevaría, pero espero que sepa entretenerla un poco más, necesitábamos terminar esto.
Voy a mi despacho y dejo las mujeres encargarse de todo, me siento en la silla y saco de uno de los cajones el anillo, es perfecto, como lo es ella, ¡jamás pensé enamorarme de esta manera! Que se fuera fue la mejor decisión, porque entendí que mi corazón ya le pertenecía por completo. Anne estaría más que feliz de verme así, siguiendo adelante y locamente enamorado de una mujer encantadora. Violeta es paz, es una mujer que te hace sentir único. Tocan la puerta y mi madre entra, guardo rápidamente el anillo y le sonrío.
—No sabes lo feliz que me hace verte así, enamorado y formando tu hogar.
—Tú también mereces estar con alguien que te quiera mamá, eres joven y muy hermosa —Ella se sonroja.
—No estoy en edad para estar de amores con nadie, Alexander —Me sonríe— Además, así estoy bien.
—Esta bien..
—So vine a preguntarte sobre Diego ¿Cómo está?
—Mucho mejor, la terapia y los tratamientos le están ayudando mucho —Lleva casi un mes sobrio, creo que es un avance para él y una alegría para nosotros.
Ella asiente, sé que todavía le duele ver a Diego en esa clínica, pero es lo mejor. Hemos visto resultados favorables, todavía no puede salir, le quedan unos cuantos meses, pero me alegra que esté cambiado, cada vez que puedo, lo llamo y duramos horas hablando, aunque siempre le digo que puede hablar con mamá, me dice que no es el tiempo, que quiere estar bien completamente bien y que ella se sienta orgullosa de cómo ha mejorado.
—¿Sigue sin querer hablar conmigo? —Asiento— Me odia.
Me levanto y la abrazo.
—Estas lejos de la verdad, madre. Solo quiere estar mejor por ti.
Marcos me envía un mensaje.
“La embarazada está loca, quiere volver ¿Cómo aguantas ese carácter?
Me río y guardo mi teléfono. Salgo y me alivia saber que todo está listo, una foto de Violeta y mía está en el centro. Talía me informa que todo está listo.
“Puedes traerla”
Talía se va a cambiar, la princesa está dormida y no tiene intención de despertarse, así que se va a perder todo, por lo que veo. Voy a cambiarme, me coloco un traje azul, ¡Dios, las manos me estaban sudando!, respiro un poco, necesito calmarme.
Estoy listo, bajo a la sala, la madre de Violeta, su hermano y sus sobrinos están aquí, los traje en mi avión privado desde Texas. Aunque al principio no querían, terminaron aceptando, lo hicieron más por Violeta y para estar presentes en su cumpleaños número veintiuno. Los saludo y esperamos a que Violeta llegue junto a Marcos. Talía está junto a la ventana esperando la llegada de su mejor amiga, me quedo conversando con mi cuñado de temas de trabajo. Talía informa que ya Marcos llegó, la sirvienta apaga la luz, por la forma que le está hablando a Marcos, se que mi mujer está de mal humor.
—¿Qué sucede, Marcos? —Escucho su voz.
—¡SORPRESA! —Gritamos todos.
Ella lleva su mano a su pecho, una sonrisa aparece en su rostro cuando me ve, respiro, me acerco y al estar enfrente de ella, me arrodillo, ella se lleva sus manos a sus labios.
—Eres la mujer que me enseñó el valor del amor —Sus ojos brillan y me encanta que yo sea el motivo—. Jamás te rendiste cuando se trataba de mí, siempre estuviste a mi lado aunque muchas veces no lo merecía, no sabes lo feliz que soy por tenerte aquí conmigo, me hiciste un mejor hombre, te quiero por siempre a mi lado —Abro la caja y un hermoso anillo aparece delante de sus ojos— Violeta Fernández ¿Me harías el honor de ser mi esposa?
Ella comienza a llorar y me abraza.
—Claro que sí, mil veces si, mi amor.
—Te amo, mi ángel, y… —La alzo y ella chilla— ¡Feliz Cumpleaños, mi amor!
La celebración fue maravillosa. Serena e Ignacio no pudieron venir porque están de viaje; sí, juntos, creo que jamás entenderé qué tipo de relación tienen esos dos, pero nos enviaron las felicitaciones. Mi Ángel estaba mi madre y mi suegra, ver lo feliz que está hace que mi corazón se alegre. Jamás pensé disfrutar de esta plenitud tan maravillosa, me acerco a ellas, la tomo de la cintura y beso su mejilla.
—Eso si fue una sorpresa, hijo —dice mi madre.
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Editado: 01.03.2026