SERENA
Disfrutar del mar es algo que me relaja. Ignacio esta comprando lo que falta de comida para poder quedarnos está noche durmiendo aquí, no sé cómo agradecerle que viniera conmigo. Mi cicatriz está un poco mejor, con tratamientos, no se nota mucho. Pensé que iba a morir, pero lo que más me dolía era no ver más Alexander, ha sido mi amigo durante años y mi ayuda.
Aunque nuestra relación jamás fue algo que valiera la pena para él y yo fuera solo un cuerpo en donde él podía saciar su dolor, no me importo, yo también quería borrar la tristeza que me agobiaba. Pero sucedió algo, me enamoré como una idiota, me enamoré de mi mejor amigo, pero sabía que jamás me amaría. Cuando llegó Violeta a su vida, pensé que solo era algo pasajero, pero al ver la mirada de él hacia ella, supe que estaba sintiendo algo por ella, aunque lo negara. ¡Me dolió tanto ver la realidad! Quería que esa mirada y ese brillo en sus ojos fueran por mi.
Me llegan mensajes de él con varias fotos incluidas, no pude detener las lágrimas, le había pedido a Violeta que se casará con él, siento unos brazos alrededor de mi cintura y es ahí cuando me permito dejar salir todo lo que siento.
—Después de su muerte me prometí no volverme a enamorar —Siento mi corazón romperse—. Y mírame, llorando por un hombre que solo me quiso como una amiga, duele mucho.
—Creo que tenemos el corazón roto, de una u otra manera, nos hemos enamorado de las personas equivocadas.
Desde mi accidente nos hemos unidos mucho más de lo que éramos en la universidad, él esta enamorado de una mujer que, para él, es prohibida, no me quiso decir su nombre, según él, ocasionaría muchos inconvenientes y lo que menos quería era perjudicarla. No toqué más el tema desde que me lo contó, sentía que le dolía y no quería verlo mal. Me traté de calmar, este viaje era para ese motivo, sanar las heridas y poder seguir adelante con nuestras vidas. Empezamos con la carpa, fue todo un drama a la hora de instalarla, ninguno de los dos sabíamos, si no fuera por un hombre que estaba a un metro de nosotros junto a su familia no hubiéramos terminado nunca. Agarro una toalla y la coloco en la arena, la noche ya estaba cayendo y quería presenciar de primera como caía el sol y se reflejaba la luna en el mar, me tranquiliza estar así, lejos de todo lo que me lastima. Ignacio se sienta a mi lado y me abraza.
—El amor debe ser correspondido en el momento en que nos fijamos en esa persona.
—Entonces, no se llamaría amor si fuera así —dijo.
—¿Por qué?
—Él amor es poner la felicidad de esa persona por encima de la tuya, el querer siempre su bienestar. —Cuanto razón tiene.
Él se queda callado y fija su mirada en el mar, la noche está cayendo, todo se ve tan tranquilo desde aquí. Abre una bolsa de papas fritas y comemos, sin decir nada y dejando que nuestros pensamientos sean libres por esta noche.
****
Me despierto por los fuertes ronquidos de Ignacio, el amanecer que contemplo es hermoso. Me levanto como puedo, mis huesos dolían mucho, salgo de la carpa y me estiró un poco, creo que ahora me siento un poco mejor. Me asomo a la carpa y levanto a Ignacio para poder regresar al hotel, muy bonito todo, pero tenía una sección de fotos a las nueve, el trabajo es la mejor solución para no pensar en Alexander.
Recogimos todo y en el camino nos encontramos con unos amigos de la universidad, uno de ellos estará de cumpleaños mañana. No tenía ganas de nada, pero conociendo a Ignacio, aceptará la propuesta para no ser mal educado, a veces me molesta que sea así, nos despedimos de los chicos. El hotel está lleno de todos los turistas que estaban por ese país disfrutando de las maravillas que ofrece, me deja en mi habitación y se va a la suya. Dejo mi cartera y el teléfono en la cama y voy al baño, me quito la ropa y me meto en la ducha, el agua me relaja por completo, cierro los ojos y me quedo así un rato.
Alexander no se sale de mi mente y odio amarlo como lo hago, pero necesito olvidarlo, necesito salir adelante y poder ser feliz. Salgo y agarro la toalla, el celular suena y es él, dejo que siga sonando, no quiero que me contagie de su felicidad. Veo la hora y son las siete de la mañana, faltaba una hora para la sección de fotos, enciendo el televisor y busco una película para ver. Me siento en la cama y agarro la crema y la esparzo por mi cuerpo, dejo que mi pelo se seque naturalmente, me acuesto un rato y me quedo dormida.
****
Escucho gritos y golpes. Abro los ojos con mucha pereza y salgo de la cama. Abro la puerta y está Ignacio con el ceño fruncido.
—Tu agente no ha dejado de llamarte y al ver que no contestabas, me contacto a mi.
—¿Qué hora es?
—Las nueves de la mañana, Serena.
Abro los ojos y regreso a mi habitación, busco en mi closet algo rápido que ponerme junto las sandalias, voy al baño y me maquillo, Ignacio me grita que me apure, sé que lo está haciendo por molestar, agarro mi cartera y mi teléfono, salimos del hotel, nos montamos en el carro y le doy la dirección del lugar donde me llevará.
—Jamás he visto que te alistaras tan rápido como hoy, un récord.
Me río y le pellizco la mejilla, a veces no lo soporto, pero ha sido mi amigo por años y pensar que estuvimos a punto de tener algo, comienzo a reírme de solo recordarlo. Él me mira y le digo que no me haga caso, vuelve a su celular, veo por encima que está hablando con Alexander, suspiro y ruego que lleguemos rápido, necesito mantener mi mente ocupada.
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Editado: 01.03.2026