Si fueras ella

CAPÍTULO 130

EPÍLOGO

ALEXANDER

Violeta se encuentra riendo junto a mi madre, esa mujer, esa encantadora rubia que hizo arrasó mi corazón lastimado, su risa, su amor por los demás, me hizo amarla, aunque me negaba a aceptarlo. La herí, la lastimé, pero siempre había en ella unas ganas de luchar por nuestro amor, ella me mira y me sonríe, mi mamá se levanta y nos deja solos, se lo agradezco.

—Vamos, te tengo una sorpresa.

Ella se levanta y caminamos al jardín, su barriga está creciendo cada día más, mis bebés están locos por salir, y yo queriendo tenerlos en mis brazos, el solo pensar que estuve a punto de perderlos, me ahoga. Llegamos al jardín, coloco mis manos en sus ojos y ella ríe. Caminamos un poco más, estando en el lugar correcto, quito mis manos y sus ojos se llenan de lágrimas.

En el jardín había una zona llena de Violetas formando un TE AMO, MI ANGEL.

—Esto es poco, para todo lo que te mereces —Beso sus labios— Gracias por llegar a mi vida y llenármela con tu hermosa luz, las lágrimas del pasado serán reemplazadas por risas. Cada día, me aseguraré de darte la vida que mereces, llenarte de amor, y hacerte sentir la mujer más maravillosa del mundo —Se ríe—. Cambié solo por ti, me hiciste ver lo maravilloso de la vida, me hiciste salir adelante, te quedaste conmigo, sin importarte lo lastimado que estaba. Eres mi ayuda, mi paz en medio de la tormenta, Te amo con mi vida.

La tomo de la cintura y la acerco a mí, besándola, jamás me cansaré de estos momentos junto a ella, no hay palabras que describan lo que esta mujer me hace sentir. Verme formando mi propia familia, que pensé jamás tener, alegra mi corazón, tuvimos que pasar momentos difíciles, momentos que tirar la toalla era una opción. Pero aquí estamos, juntos, logrando mejorar como personas, aliviar el dolor y dejar todo el pasado que nos lastimó atrás, esta vida es mucho mejor a lo que pensé tener. Escuchamos unos gritos y aplausos, nos separamos, eran Talía y Marcos, tenían a Esme en sus brazos, mi madre está a su lado junto a Ross, me mira y me sonríe, mi pequeña hermana viene corriendo hacia nosotros, la cargo y la abrazo, siempre será mi niña.

Decidimos entrar a la casa, mi madre había organizado una pequeña cena, me quedo hablando con Marcos, la relación esta mejorando, no éramos íntimos amigos, pero estábamos intentando llevarnos bien por Violeta. Esme estaba gateando por toda la sala, mientras que una sonriente Ross iba detrás. Mi futura esposa, ¡qué bien se sienten esas palabras en mi boca!, está ayudando a mi madre al tener listo el comedor para ir a cenar.

—¡Gracias por hacerla feliz! —Marcos mira a Violeta— Es un ángel, merece lo mejor del mundo.

—Se lo daré, nunca nadie lastimará a Violeta, te lo aseguro.

Pasamos al comedor y empezamos a comer, las risas no se hicieron esperar. Llevo mis manos al vientre de Violeta, ella me sonríe, beso sus labios, mis hijos comienzan a moverse, y la sensación es maravillosa. ¡Jamás pensé que sería padre! Me encanta sentirlos, hablarles y escuchar las risas de mi Violeta cuando lo hago, es la sensación más hermosa que como padre puedas experimentar.

—Me gustaría Julieta —Dice Talía, hago una mueca.

—No, no quiero un Romeo cerca de ella —le respondo.

Todos en la mesa comienzan a reírse.

—Los celos de papá, ya comienzan a salir —Violeta me sonríe.

—Para mí, Maximiliano sería muy bonito para el niño —dice mi madre.

Ruedo los ojos, Violeta aguanta la risa, pero no puede, mi madre me mira.

—¿No te gusta, hijo?

—Maximiliano era el hombre que quería comerle la miel a Violeta en España —dice Marcos.

Violeta se pone roja, yo miro molesto a Marcos, él se encoje de los hombros, hasta que una sonrisa aparece en mis labios.

—Pero no lo hizo, así que ¡Salud! —grita Talía.

Y es así, cómo esta mujer, mejora el ambiente.

Olvidamos el tema de los nombres, íbamos a esperar un poco más.

La cena terminó, Marcos y Talía se despiden, ya era tarde y Esme se había quedado dormida.

Hoy nos quedaremos en casa de mi madre. Ella besa nuestras mejillas y se retira junto a Ross. Abrazo a Violeta.

—Todo empezó aquí —susurra Violeta, mirando la casa— Jamás pensé que al aceptar este empleo, venía incluido conocer al amor de mi vida.

—Me alegro de que llegarás a mi vida, una pequeña rubia moviendo su hermoso trasero, creo que fue una de las cosas que me enamoró —Ella golpea mi hombro.

—¡Que gracioso! —Besa mis labios— Gracias por no rendirte.

—Gracias a ti —La abrazo— Fuiste un ángel que llegó a mi vida para salvarme del infierno en que estaba mi vida, no solo me haces feliz, me has dado la dicha de ser padre, te amo.

—Te amo mucho más —Llevo mis manos a su vientre, las patadas de nuestros hijos no se hacen esperar— Ellos te aman a ti.

—Y yo los amo a ellos, tú y mis hijos son lo más importante en mí, haré todo lo que esté en mis manos para que sean felices.

—Ya lo somos, mi amor.

Creo fielmente en las segundas oportunidades, el perdonar y sanar, soy testigo de que puedes cambiar y ser una mejor persona. Violeta me hizo creer que uno puede dejar el pasado y crear un futuro mejor. Este es el comienzo de nuestra felicidad, una vida juntos, una vida fuera de las mentiras y engaños, porque hemos luchado, hemos sufrido, pero aquí estamos, nuestro amor construyó muros que nos rodean, protegiendo nuestros hijos, ahora es momento de ser feliz.




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