Abandone al vaquero
Esta vez sí fui yo quien lo dejó hablando solo y regrese a mi improvisada habitación en busqueda de mi teléfono si tenía que llamar a Tom para que me salvara de este gran lío gastaría todos los pocos ahorros que me quedan. Me quedaria sin un puto centavo. Y hasta dentro de dos meses no recibiré nada de mis libros. Necesito dinero para mis comidas y cuentas. Pero si llamo a Tom tendría una casa.
Mierda.
Mierda
Mierda
El maldito Tom ama llevarse todo mi dinero.
Busco entre mis contactos y el número brilla en mis manos. Si la llamara ella me ayudaría. Muerdo cada una de mis malditas uñas. Ella dijo que me ayudaria. Fue clara cuando lo dijo:
–Lane, si necesitas algo lo que sea puedes llamarme.Siempre
Pero podía confiar en que ella estaba hablando en serio. Nunca volvimos a tener una conversación después de eso. No estuvo ahí para despedirse.
Aunque también podría ser que me lo haya imaginado con toda esa droga que me habían dado en el hospital. Porque después de ese día no nos volvimos a ver.
Pasaron tres años.
Era imposible que ella recordara que me dijo eso. Aparte que le diría. Hola, soy Lane recuerdas la vez que me dijiste que si necesitaba ayuda te llamara. Bueno, adivina la necesito.
No puedo hacer eso. No después de no ir a su casamiento y no después de que ella nunca haya llamado para saber como me encontraba. Nuestra relación estaba rota. Y nunca fuimos de las que se apoyan y se ayudan la una a la otra.
Llamarla no entra en mis planes y mucho menos a mi abogado.
Trataré de arreglar esto por mi cuenta.
Había venido hasta aquí sola y arreglaria mis problemas sola.
Sola.
Llegar a la cafetería no fue difícil, era la única cafetería que había en el pueblo. Tal vez eso ya era una señal de que era un error venir a este lugar. O la señal de que era el lugar correcto para mi. Porque una vez aquí me di cuenta que esta cafetería supera a todas las cafeterías que dejé atrás en Nueva York.
O que nunca fui parte de esa vida y, por primera vez, por una milésima de segundo, siento que puedo pertenecer a este sitio.
Me sentía sola y atrapada, esa fue una de las tantas razones por las que dejé Nueva York. Me estaba cansando de estar sola.
Todos en el lugar giraron sus cabezas hacia mí y me dieron los buenos días, la pequeña campanita que había en la puerta delataba que una nueva persona había entrado y también pudo ser que di un pequeño espectáculo al entrar porque en vez de tirar empuje eran unas pocas personas, unas cinco si me ponía a contarlos, pero me hicieron sonreír y les devolví el saludo a pesar de lo apenada que estaba por mi entrada. No recordaba la última vez que alguien me hubiera dado los buenos días.
eso apestaba
Trate de ignorar los pequeños recuerdos de mi anterior vida y me trate de enfocar en mi plan para seguir manteniendo mi nueva casa, porque la verdad es que quería esa casa, no quiero tener que mudarme a otra. Aunque eso deje sin su casa a mi vecino. Puede que esté siendo mala, pero él ya tiene su casa y una muy linda. Diría que una de las más lindas del pueblo, de camino hacia la cafetería había aceptado eso.
Estaba siendo infantil. SI
Por suerte, mi anterior pareja y la única que tuve, gracias a dios, era o aún es abogado y me había enseñado varias cosas, una de ellas me dejó en el hospital, pero me había dado algunas clases de las leyes que le enseñaban en su universidad y al parecer fui una buena alumna porque si las sabia aplicar con los hermanos Machan, podría mantener mi casa.
Una mano se apoyó en mi hombro y me sacó de mis pensamientos, una parte de mi se hubiera asustado, pero lo había visto estacionar cuando cerraba la puerta de la cafetería, a veces mi cuerpo solía ser de ayuda y me mantenía en alerta. Lo cual a veces solía ser algo bueno y otras, no tanto.
–Mis hermanos están esperándonos en esa mesa
Podía sentir como una pequeña capa de sudor se formaba en mi espalda. Toda esa mini preparación que había tenido camino hacia aquí y el discurso que tenía preparado se estaba borrando de mi cabeza y cuando comenzamos a caminar hacia la mesa sentía como cada una de mis palabras se escapaban al ver a las personas sentadas en la mesa.
No puede ser.
No puede estar pasándome esto.
Había hecho mis investigaciones. Había hecho toda la tarea,
No podían. No podían ser ellos.
—Los hermanos de mi futuro marido tienen un pequeño rancho; si tú quieres y los médicos lo permiten, podrías terminar de recuperarte en su casa. No serías una molestia para ellos y estoy segura de que les gustaría tener una cara nueva. Aparte, es tu casa soñada.
Al día siguiente, después de eso, mi hermana volvió a su casa y nunca más supe de ella. No tuvimos una despedida, no volvimos a hablar y nunca llamó para saber cómo iba mi recuperación. Regreso a su casa con su futuro esposo y yo quedé internada contra mi voluntad hasta que los médicos creyeron que podía valerme por mi cuenta.
Podía sentir como mis manos temblaban y mis pies se aferraban al suelo; ellos todavía no me habían visto, pero solo era cuestión de tiempo para que lo hicieran y yo no quería que lo hagan. No quiero que mi hermana me vea.
No así. Ella no puede verme así.
Podría darme la vuelta y regresar al lugar de donde escapé, pero cuando quise retroceder, una mano se clavó en mi espalda, congelándome, y los recuerdos vinieron a mí como flashes uno tras otro.
No estaba escapando porque me había aburrido de mi vida. Estaba escapando porque casi pierdo la vida intentando que me amaran.
No, no voy a seguir escapando.
—No voy a escaparme, Vaquero–Mi voz sonó alta y clara. Tome distancia de mi nuevo vecino y fueron cuestión de segundos para que giraran sus cabezas hacia mí. Sentía que me hacía chiquita y volvía a estar en casa.
Pero no era nada comparado a esa sensación de hogar.
Editado: 15.01.2026