No pude soportarlo.
En cuanto escuché su “hola”, en cuanto vi esa sonrisa tranquila en el mismo rostro que la noche anterior había aparecido al otro lado de mi ventana, sentí que algo dentro de mí se quebraba. No fue una decisión consciente, ni siquiera tuve tiempo de pensar en lo ridícula que debía verme; simplemente di media vuelta y entré corriendo a la panadería, esquivando a dos clientes que acababan de pagar, hasta llegar al mostrador donde mi tía guardaba las bolsas de estraza y el papel para envolver los panes.
Me agaché de golpe y me escondí debajo, apretando las rodillas contra mi pecho. El olor a harina, a azúcar y a cartón me rodeó de inmediato, y por un instante esa mezcla conocida me hizo sentir como si todavía existiera un lugar seguro en el mundo.
Pero el temblor en mis manos no se detuvo.
Las lágrimas comenzaron a caer antes de que pudiera contenerlas. Me llevé una mano a la boca para que nadie me escuchara y, entre sollozos cortos y desesperados, susurré en voz baja:
—¿Qué me está pasando…?
La pregunta salió rota, casi infantil, como si al decirla alguien pudiera responderme, como si existiera una explicación lógica para todo aquello.
Escuché pasos apresurados y la voz preocupada de mi tía Amelia llamándome desde el otro lado del mostrador.
—T/N, cariño, ¿dónde estás?
No contesté.
No quería salir.
No quería ver otra vez ese rostro.
No quería comprobar que seguía allí.
Los sollozos se hicieron más fuertes y me cubrí el rostro con ambas manos, tratando de respirar. Afuera, la campanita de la puerta sonó con suavidad y luego se hizo un silencio tan profundo que mi corazón comenzó a latir con más fuerza.
—Amelia —escuché decir a Jungkook con esa voz serena que ahora me resultaba insoportablemente familiar—, déjame hablar con ella.
—No creo que sea buena idea —respondió mi tía, y su tono tenía una firmeza que nunca antes le había oído.
—Lleva mucho tiempo asustada —dijo él, y por un segundo su voz sonó triste, como si esa frase ocultara más de lo que estaba dispuesto a explicar.
Contuve la respiración.
¿Cómo podía saberlo?
¿Cómo podía hablar de mí como si me conociera?
Escuché los pasos de mi tía alejarse lentamente, el roce de la puerta al cerrarse y, después, un silencio absoluto. Ni los clientes, ni el ruido de la calle, ni el horno encendido. Solo ese silencio denso que parecía doblar el tiempo.
Sentí que alguien se arrodillaba al otro lado del mostrador.
No quise mirar.
No quería verlo.
Pero entonces su voz llegó hasta mí, suave, apenas un murmullo.
—No te estás volviendo loca.
Mis hombros se tensaron.
Las lágrimas siguieron cayendo, pero ya no podía moverme.
—Si no estoy loca… entonces dime por qué te vi en mi ventana —susurré, con la voz quebrada—. Dime por qué estabas en el teatrino. Dime por qué pareces un fantasma y al mismo tiempo estás aquí.
Hubo un breve silencio.
—Porque una parte de mí nunca se fue.
Levanté la mirada lentamente.
Jungkook estaba arrodillado frente a mí, con las manos sobre sus rodillas y una expresión tan serena que eso, en lugar de tranquilizarme, me hizo sentir aún más vulnerable. Sus ojos eran exactamente los mismos que había visto detrás del cristal, pero ahora no daban miedo; daban una tristeza profunda, como si llevara demasiado tiempo esperando este momento.
—No entiendo nada —dije, secándome las lágrimas con el dorso de la mano.
Él bajó la mirada por un instante y, cuando volvió a mirarme, había algo distinto en su expresión, una mezcla de esperanza y temor.
—No esperaba que pudieras verme tan pronto.
—¿Verte?
Asintió lentamente.
—Durante años nadie me vio de verdad.
La palabra “años” quedó suspendida entre nosotros, y por primera vez comprendí que lo que tenía delante no era solo un chico amable que organizaba funciones de títeres para niños, sino alguien atrapado entre dos mundos, alguien que sonreía como una persona normal y, al mismo tiempo, cargaba con un silencio imposible.
—¿Por qué yo? —pregunté.
Jungkook extendió la mano, deteniéndose a unos centímetros de la mía, como si no quisiera tocarme sin permiso.
—Eso es lo que tenemos que descubrir.
Antes de que pudiera responder, la campanita de la puerta sonó otra vez y la voz de mi tía Amelia rompió el momento.
—T/N, cariño, ¿ya estás mejor?
Jungkook se puso de pie de inmediato, como si nada extraordinario hubiera ocurrido, y me ofreció una pequeña sonrisa.
—Nos veremos esta tarde en el teatrino.
No fue una pregunta.
Fue una certeza.
Lo observé alejarse con el corazón todavía acelerado, y aunque una parte de mí quería salir corriendo de Santa Esperanza y no volver jamás, otra parte, más profunda y difícil de explicar, ya sabía que iba a ir.
Porque por primera vez desde que llegué al pueblo, sentí que la respuesta a todo no estaba en huir.
Estaba en él.
Holis chicos, como estan?, perdon si me tarde en subirles el capitulo 4 es que ando enferma :( pero ya me estoy recuperando, estoy mejor que ayer, asi que ya les traje el capitulo 4 y no se cuando subire el capitulo 5, mañana no puedo porque mañana estare fuera todo el día por el concierto de BTS, asi que subire tal vez en 1 hora o 2 el siguiente capitulo okis?, bueno byeeeee :3