Si me ves, Ya es tarde

Capitulo 6: El sabor de los recuerdos

No supe exactamente en qué momento dejé de prestar atención al espectáculo.

Tal vez fue cuando el viajero del calcetín azul encontró una puerta que nadie más podía ver, o cuando Jungkook, con esa voz serena que parecía envolverlo todo, dijo que algunas almas no se pierden por accidente, sino porque están esperando a la persona correcta para recordar el camino de regreso.

Las risas de los niños se volvieron cada vez más lejanas, el murmullo de la plaza comenzó a confundirse con el sonido del viento y el dulce sabor del algodón de azúcar azul se mezcló con una agradable sensación de cansancio. Había sido un día demasiado largo, demasiado extraño, y por primera vez desde que llegué a Santa Esperanza, mi miedo empezó a ceder.

Recuerdo haber apoyado la cabeza contra el respaldo de la banca y haber cerrado los ojos solo un momento.

Solo un momento.

En medio de ese sueño ligero, sentí algo cálido rodeándome, una presión suave y segura, como si alguien me levantara con mucho cuidado. No me sobresalté. No tuve miedo. Al contrario, una extraña sensación de tranquilidad me envolvió por completo.

Escuché pasos.

Escuché el crujido de una puerta.

Y luego, muy cerca de mi oído, una voz apenas audible.

—Descansa.

Quise abrir los ojos, pero el sueño me sostuvo con demasiada fuerza.

Cuando desperté, la luz de la luna se filtraba por la ventana de mi habitación.

Durante unos segundos me quedé inmóvil, tratando de entender cómo había llegado hasta ahí. Lo último que recordaba era el teatrino, las voces de los niños, los títeres de calcetín y la historia del viajero que no podía regresar a casa.

Me incorporé lentamente.

No estaba en la plaza.

No estaba en la banca.

Estaba en mi cama, cubierta con la manta hasta los hombros, como si alguien se hubiera asegurado de que no pasara frío.

Mi corazón comenzó a latir con fuerza.

Entonces lo vi.

Sobre la mesita de noche había una taza de chocolate caliente; aún salía un hilo de vapor que perfumaba la habitación con un aroma dulce y reconfortante. Junto a ella descansaba una pequeña bolsa de estraza cuidadosamente doblada.

La tomé con manos temblorosas y la abrí.

Dentro había un pan de taro.

Mi favorito.

El mismo sabor que mi mamá me compraba cuando yo era pequeña y tenía miedo de dormir sola.

Tragué saliva.

Nunca se lo había dicho a mi tía Amelia.

Nunca se lo había dicho a nadie en Santa Esperanza.

Y, sin embargo, allí estaba.

Como si alguien me conociera desde mucho antes de mi llegada.

Me llevé una mano al pecho y cerré los ojos.

No es real.

No es real.

Todo es mi imaginación.

Pero cuando los abrí, el chocolate seguía sobre la mesa y el pan seguía entre mis manos, tibio, como si acabara de salir del horno.

Entonces noté algo más.

Debajo de la taza había un pequeño papel doblado.

Lo tomé con cuidado y deslicé los dedos por el borde, sintiendo que mi respiración se aceleraba.

La letra era elegante, ligeramente inclinada, como escrita con paciencia.

No quería que tuvieras miedo.

Sé que aún no entiendes lo que ocurre, pero te prometo que jamás te haría daño.

Gracias por escuchar mi historia.

—Jungkook

Sentí un nudo en la garganta.

Volví a leer cada palabra una y otra vez, como si el significado pudiera cambiar, como si en cualquier momento el papel fuera a desvanecerse.

Pero no desapareció.

Al contrario, una emoción cálida e inesperada empezó a abrirse paso entre el miedo.

Porque por primera vez desde que lo vi, comprendí algo que no había querido admitir.

Jungkook no estaba tratando de asustarme.

Estaba tratando de cuidarme.

Esa noche no pude volver a dormir.

Me quedé sentada junto a la ventana, sosteniendo la taza entre mis manos y observando el reflejo de la luna sobre el cristal.

Durante mucho tiempo no ocurrió nada.

Hasta que, poco antes del amanecer, una figura se dibujó detrás de mi reflejo.

No me sobresalté.

No grité.

Simplemente lo observé.

Jungkook estaba allí, al otro lado del vidrio, con la misma expresión tranquila y esos ojos llenos de una tristeza difícil de describir.

Llevó una mano al cristal.

Yo dudé solo un instante.

Luego hice lo mismo.

Nuestros dedos quedaron separados por una superficie fría y transparente.

Y por primera vez, el miedo no fue lo único que sentí.

—¿Por qué me conoces tanto? —susurré.

Sus labios se curvaron en una sonrisa tenue.

Y aunque no escuché ningún sonido, sus palabras llegaron claras a mi mente.

Porque te he estado esperando.

El sol comenzó a asomarse en el horizonte y, con la primera luz del día, su figura empezó a desvanecerse.

Pero antes de desaparecer por completo, dejó una última frase suspendida entre nosotros.

Pronto recordarás.

Y en ese instante, supe que el verdadero misterio no era quién era Jungkook.

La pregunta más importante era otra.

¿Qué se suponía que yo debía recordar?
Holi chicos, como estan??, ya les traje el capitulo 6 espero que les guste y en unos minutos subo el capitulo 7, bueno byeeeee :3



#416 en Fanfic

En el texto hay: suspenso, jungkook

Editado: 14.05.2026

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