Si me ves, Ya es tarde

Capitulo 7: Fragmentos de otra vida

Al día siguiente no quise salir de mi habitación.

Ni siquiera cuando escuché a mi tía Amelia abrir la panadería al amanecer, ni cuando el olor a pan recién horneado se coló por debajo de la puerta, ni cuando el sonido de las campanillas y las voces de los clientes comenzaron a llenar la casa con esa rutina tranquila que parecía mantenerse intacta, aunque mi mundo se hubiera puesto de cabeza.

No tenía fuerzas para fingir que todo estaba bien.

No quería escuchar preguntas.

No quería ver el teatrino.

Y, sobre todo, no quería encontrarme con Jungkook otra vez, porque cada vez que pensaba en él, el miedo y la curiosidad se mezclaban de una manera que me dejaba más confundida que antes.

Me quedé sentada en la cama, con las piernas dobladas y la manta cubriéndome hasta la cintura, observando la taza vacía de chocolate caliente y el papel con su letra apoyado sobre mi escritorio.

“Porque te he estado esperando.”

Leí esas palabras una y otra vez, hasta que la tristeza comenzó a pesar más que el miedo.

Extrañaba mi vida.

Extrañaba Los Ángeles, el ruido de las avenidas, las tardes con mis amigas, los mensajes interminables en el celular, las risas que parecían no tener fin.

Y, más atrás todavía, extrañaba Nueva York, donde había pasado parte de mi infancia, cuando las preocupaciones cabían en una caja pequeña y la felicidad podía encontrarse en cosas simples, como una tarde lluviosa viendo películas o el olor del pan dulce recién comprado.

Fue entonces cuando recordé la caja.

La había guardado en el fondo del clóset la primera noche, sin abrirla siquiera. Me levanté despacio, aparté algunas maletas y saqué una caja de cartón mediana, marcada con mi letra en un costado.

“Recuerdos.”

La llevé a la cama y retiré la tapa.

Dentro había decenas de memorias USB, cada una etiquetada con pequeñas notas escritas años atrás.

“Friends L.A.”

“Summer 2024.”

“NY Childhood.”

“Birthday Videos.”

Tomé una de las memorias con dedos temblorosos y sonreí con nostalgia. No sabía por qué las había conservado todas, pero en ese momento agradecí haberlo hecho.

Encendí mi laptop y conecté la primera.

Aparecieron videos de tardes en Los Ángeles con mis amigas: caminando por centros comerciales, cantando canciones a todo volumen en el auto, tomando fotografías absurdas y riendo por cosas que ya ni siquiera recordaba. Durante un rato me permití olvidar Santa Esperanza, el teatrino y la figura al otro lado del cristal.

Solo era yo.

Solo era mi vida.

Solo eran recuerdos de un tiempo que parecía más sencillo.

Después abrí otra memoria, una de las más antiguas.

“NY Childhood.”

La pantalla mostró una sala pequeña iluminada por luces navideñas, juguetes esparcidos por el suelo y una versión de mí mucho más pequeña, con el cabello desordenado y una sonrisa enorme. Mi mamá sostenía la cámara y se escuchaba su risa detrás del lente.

Seguí avanzando entre videos y fotografías: cumpleaños, paseos en Central Park, tardes nevadas, pequeñas escenas que había olvidado por completo.

Y entonces apareció algo distinto.

Un video corto, sin etiqueta.

Lo abrí por curiosidad.

La imagen temblaba, como si quien sostenía la cámara fuera un niño. La pequeña T/N corría por un parque cubierto de hojas secas, riéndose mientras intentaba seguir a otro niño.

No podía ver su rostro con claridad.

Solo escuchaba su voz.

—¡Espérame!

El niño volteó por un instante.

La imagen se congeló apenas un segundo.

Y mi corazón dejó de latir.

Era él.

Jungkook.

Mucho más joven, con el cabello movido por el viento y una sonrisa luminosa, completamente vivo, completamente real.

Retrocedí el video, segura de que mis ojos me engañaban.

Lo reproduje otra vez.

Y otra.

Y otra.

No había duda.

Era el mismo rostro.

Los mismos ojos.

La misma sonrisa.

Sentí un escalofrío recorrerme mientras una pregunta se abría paso en mi mente.

¿Cómo era posible que apareciera en un recuerdo de mi infancia?

No lo conocía.

O al menos eso había creído.

Llevé una mano a mi boca para contener el temblor.

La pantalla continuó reproduciendo el video, y justo antes de terminar, se escuchó mi voz infantil, clara y feliz.

—Prométeme que no te vas a olvidar de mí.

El niño sonrió directamente a la cámara.

Y respondió:

—Nunca.

La pantalla se quedó en negro.

Y por primera vez desde que llegué a Santa Esperanza, comprendí que Jungkook no había entrado en mi vida por casualidad.

Porque, de alguna manera imposible de explicar, él ya había estado en ella desde el principio
Holi chicos, ya de una vez les subo el capitulo 7 y espero que les haya gustado, tal vez mañana les suba el capitulo 8, bueno byeeee y esten atentos cuando suba el siguiente capitulo :3



#416 en Fanfic

En el texto hay: suspenso, jungkook

Editado: 14.05.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.