La tarde transcurrió con una calma extraña, de esas que parecen demasiado tranquilas para ser reales. Después de encontrar la pequeña marioneta de calcetín y la nota dentro de mi refugio en el armario, intenté convencerme de que lo mejor era no pensar más, no por ese día, no por unas horas al menos. Mi cabeza estaba saturada de preguntas y mi corazón se sentía agotado, como si hubiera pasado semanas enteras tratando de entender algo que apenas comenzaba.
Poco a poco el cielo se fue oscureciendo. A eso de las seis de la tarde, las primeras gotas comenzaron a golpear los techos de Santa Esperanza con un sonido suave y constante. Me acerqué a la ventana justo cuando la lluvia empezó a caer con más fuerza, empañando el cristal y dibujando pequeñas corrientes de agua que se deslizaban hacia abajo.
Observé la calle durante unos segundos.
No había nadie.
Solo las luces cálidas del pueblo reflejándose sobre el pavimento mojado.
Un escalofrío me recorrió la espalda sin motivo aparente.
Sin pensarlo demasiado, cerré la ventana para que no entrara la lluvia y corrí las cortinas, cubriendo por completo el cristal. El simple gesto me hizo sentir un poco más tranquila, como si aquella barrera de tela pudiera mantener a raya los pensamientos que me perseguían.
Respiré hondo.
Y decidí que esa noche no quería misterios.
Solo quería sentirme como cuando era niña.
Bajé a la panadería, donde mi tía Amelia terminaba de acomodar las últimas charolas. Al verme, sonrió y señaló una pequeña bolsa de estraza que había dejado apartada para mí.
—Te guardé tu favorito —dijo.
Tomé la bolsa y sonreí con gratitud. El aroma dulce del pan de taro me envolvió de inmediato y, por primera vez en todo el día, sentí un consuelo sencillo y familiar.
Como mi tía también era barista, la cocina estaba equipada con todo lo necesario para preparar bebidas calientes. Saqué una taza grande, calenté leche con chocolate y, cuando estuvo lista, coloqué varios malvaviscos encima, tal como me gustaba cuando era niña. Verlos derretirse lentamente sobre la superficie me llenó de una nostalgia inesperada.
—No te desveles mucho —me dijo mi tía antes de regresar al mostrador.
Asentí con una pequeña sonrisa.
Subí a mi habitación con la taza humeante en una mano y la bolsa de pan en la otra. Afuera, la lluvia seguía golpeando el techo con un ritmo constante, casi hipnótico. Encendí la televisión, abrí Netflix y elegí una película ligera, algo familiar que no exigiera demasiado de mí.
Me acomodé en la cama, cubierta con una manta suave.
El chocolate estaba perfecto.
Los malvaviscos se habían derretido formando una capa dulce y tibia sobre la bebida, y el pan de taro conservaba ese sabor delicado que siempre lograba tranquilizarme.
Por un rato, todo pareció normal.
La película avanzaba.
La lluvia seguía cayendo.
Y el cansancio comenzó a pesar sobre mis párpados.
No llegué a quedarme dormida, pero estaba lo suficientemente relajada como para olvidar, aunque fuera por unos minutos, el teatrino, los recuerdos de Nueva York y el rostro imposible de Jungkook.
Hasta que escuché un sonido.
Un toque suave.
Casi imperceptible.
Tok.
Tok.
Tok.
Mi respiración se detuvo.
No provenía de la puerta.
No venía del pasillo.
Venía de la ventana.
La misma que yo había cerrado.
La misma cuyas cortinas seguían completamente corridas.
Permanecí inmóvil, con la taza entre las manos, escuchando el latido acelerado de mi corazón.
Tok.
Tok.
Tok.
El sonido se repitió, paciente, como si quien estuviera del otro lado supiera que yo estaba despierta.
Tragué saliva.
La película continuaba reproduciéndose, pero ya no escuchaba ni una sola palabra.
Dejé la taza sobre la mesa de noche y, con las manos temblando, aparté lentamente la manta.
Me levanté.
Di un paso.
Luego otro.
La lluvia golpeaba con fuerza el cristal oculto tras la cortina.
Tok.
Tok.
Tok.
Me detuve a unos centímetros de la tela.
Cerré los ojos con fuerza.
No es real.
No es real.
Todo es mi imaginación.
Respiré hondo.
Y, con el corazón latiendo con tanta fuerza que parecía querer escapar de mi pecho, extendí la mano hacia la cortina.
holi chicos, perdonenme la vida ToT, lamento no haber subido el capitulo 9, es que ahora si anduve ocupada con mi escuela :(, pero bueno mañana por la tarde o no se cuando, les subo el capitulo 10, esperenlo... bueno byeeee :3