Las palabras escritas en el cuaderno comenzaron a verse borrosas frente a mis ojos.
Porque antes de morir, prometí que volvería contigo.
Sentí que algo dentro de mí se rompía lentamente.
Las lágrimas empezaron a caer antes de que pudiera detenerlas y, por más que intenté respirar profundo, el pecho me dolía demasiado. No entendía por qué me afectaba tanto alguien que, se suponía, ni siquiera recordaba realmente. Pero había algo en Jungkook, algo en su voz, en su tristeza, en la manera en que parecía conocer cada rincón de mí, que hacía imposible verlo como un desconocido.
Me cubrí la boca con una mano para no hacer ruido y lloré en silencio sobre las cobijas.
Porque si él decía la verdad…
entonces alguien había sido arrancado de mi vida y yo ni siquiera lo recordaba.
Después de varios minutos intentando calmarme, levanté lentamente la mirada hacia el clóset.
La segunda caja.
Todavía estaba ahí.
La había guardado años atrás, mucho antes de mudarme a Los Ángeles, llena de memorias USB viejas, videos familiares y grabaciones que mi mamá conservaba desde que yo era bebé.
Mi corazón comenzó a latir más rápido.
Si Jungkook realmente había estado en mi infancia…
entonces tenía que aparecer otra vez.
Me levanté de inmediato y saqué la caja con manos temblorosas. El cartón estaba un poco desgastado por el tiempo y tenía pegatinas infantiles en una esquina, estrellas, corazones y pequeñas nubes que yo misma había pegado cuando era niña.
La llevé a la cama y la abrí.
Dentro había más memorias USB de las que recordaba.
“Baby Videos.”
“Central Park.”
“Winter.”
“Playground.”
“Summer NY.”
Tomé la primera que encontré y conecté la memoria a la laptop casi desesperadamente.
La pantalla mostró un video antiguo, ligeramente borroso. Mi mamá sostenía la cámara mientras una pequeña versión de mí daba pasos torpes sobre una alfombra llena de juguetes.
Escuché su risa detrás de la cámara.
Y luego otra risa.
Masculina.
El video giró ligeramente.
Y ahí estaba él.
Jungkook.
Mucho más joven, probablemente un niño también, sentado en el suelo mientras me ayudaba a acomodar bloques de colores.
Sentí que mi respiración se detenía.
Retrocedí el video.
Lo observé otra vez.
No había duda.
Era él.
Su sonrisa era más brillante, más viva, y sus ojos tenían esa calidez imposible que ahora parecía cubierta por una tristeza eterna.
Pasé al siguiente video.
En uno aparecía empujándome en unos columpios.
En otro, corriendo conmigo bajo la nieve mientras ambos llevábamos bufandas enormes.
En otro más, mi mamá grababa mientras Jungkook sostenía mi mano para ayudarme a cruzar un pequeño puente en un parque.
Siempre estaba ahí.
Siempre cerca de mí.
Como si hubiera formado parte de mi infancia todo ese tiempo.
Las lágrimas volvieron a llenar mis ojos.
—¿Por qué no te recuerdo…? —susurré, mirando la pantalla.
El silencio de la habitación pesó sobre mí.
Seguí revisando memorias una tras otra, cada vez más desesperada por encontrar una explicación, algo que me dijera qué había ocurrido entre nosotros, por qué él estaba muerto y por qué mi mente parecía haber borrado su existencia.
Hasta que encontré un archivo distinto.
No tenía nombre.
Solo una fecha.
La más antigua de todas.
Mi mano tembló antes de hacer clic.
El video comenzó con estática leve y una imagen movida. Era de noche. Las luces de Nueva York brillaban detrás de la cámara y se escuchaban voces apresuradas, como si alguien estuviera caminando rápido.
Luego apareció Jungkook.
No sonreía.
Se veía asustado.
Muy asustado.
—No grabes esto —dijo una voz adulta detrás de la cámara.
Pero la grabación continuó.
Jungkook miró directamente hacia quien sostenía la cámara, y aunque era solo un niño, había desesperación en sus ojos.
—Prométeme que T/N no verá esto —dijo rápidamente.
Mi corazón comenzó a latir con violencia.
La cámara tembló.
Después se escuchó un ruido fuerte.
Llantas.
Un grito.
Y la imagen cayó al suelo.
Todo se volvió confuso.
Luces.
Sombras moviéndose.
Alguien llamando ayuda.
Y entonces, entre todo ese caos, apareció una última imagen.
La pequeña yo.
Llorando.
Extendiendo la mano hacia Jungkook mientras varias personas intentaban detenerme.
Y él…
él estaba tirado sobre el pavimento mojado.
Inmóvil.
La grabación terminó abruptamente.
La pantalla quedó negra.
Sentí que el aire desaparecía de mi alrededor.
No podía moverme.
No podía respirar bien.
Porque, aunque mi mente todavía luchaba por recordar, mi corazón sí lo reconoció.
Ese dolor.
Esa desesperación.
Esa sensación horrible de haber perdido a alguien importante.
Me llevé ambas manos a la boca mientras las lágrimas caían sin control.
Y por primera vez desde que llegué a Santa Esperanza…
recordé algo.
No completamente.
Solo un fragmento.
Una voz infantil llorando desconsoladamente.
La mía.
Repitiendo una y otra vez el mismo nombre.
“Jungkook.”
Holis chicos, creo que mejor de una vez les subo el capitulo 12, espero les haya gustado y bueno mañana les subo el capitulo 13, bueno byeeeee <3