No pude dejar de pensar en el video.
Incluso después de cerrar la laptop, incluso después de secarme las lágrimas y tratar de convencerme de que necesitaba descansar, mi mente seguía regresando a la misma imagen.
Jungkook.
Tirado sobre el pavimento.
Y la pequeña yo llorando desesperadamente.
Las respuestas solo habían traído más preguntas.
Me senté en la cama y tomé el cuaderno otra vez.
La pluma temblaba ligeramente entre mis dedos.
Abrí una página nueva.
Y escribí.
¿Qué eras para mí?
Debajo añadí otra pregunta.
¿Eras mi hermano?
Luego otra.
¿Mi primo?
Y otra.
¿Mi mejor amigo?
Mi mano dudó durante unos segundos antes de escribir la última.
¿O eras algo más?
Me quedé observando las preguntas.
Por primera vez desde que había comenzado todo aquello, sentía miedo de la respuesta.
Porque había algo extraño en mi pecho cada vez que pensaba en él.
Algo que no se sentía como la pérdida de un primo.
Ni de un amigo cualquiera.
Pero tampoco quería sacar conclusiones.
Cerré el cuaderno lentamente.
—Necesito respuestas de verdad —murmuré.
Y esta vez decidí buscarlas yo misma.
El cuarto que había pertenecido a mi mamá estaba al final del pasillo.
Desde que llegué a Santa Esperanza apenas había entrado una o dos veces. Mi tía Amelia lo conservaba casi exactamente como ella lo había dejado años atrás.
Abrí la puerta despacio.
El olor me golpeó de inmediato.
Era una mezcla de perfume antiguo, libros viejos y madera.
Como entrar en una cápsula del tiempo.
Las paredes estaban decoradas con fotografías de distintas épocas. Algunas mostraban a mi mamá cuando era adolescente en los años noventa, usando ropa enorme, chamarras de mezclilla y peinados que hoy parecían sacados de otra época.
Otras fotografías eran aún más antiguas.
Había discos compactos.
Revistas.
Cámaras desechables.
Objetos de los ochenta y noventa perfectamente conservados.
Me acerqué a una fotografía enmarcada.
Mi mamá debía tener unos dieciséis años.
Sonreía junto a varios amigos.
Por un segundo pensé haber visto un rostro familiar entre ellos.
Pero no.
No era Jungkook.
Suspiré.
Y seguí buscando.
El armario ocupaba toda una pared.
Cuando abrí las puertas encontré varias cajas de plástico apiladas cuidadosamente.
Tres en total.
Mi corazón comenzó a acelerarse.
Las bajé una por una.
La primera estaba llena de álbumes.
La segunda tenía documentos y cartas antiguas.
Y la tercera...
VHS.
Decenas y decenas de cintas VHS.
Algunas tenían etiquetas escritas a mano.
"Graduación"
"Navidad"
"Vacaciones"
"Embarazo"
Mis ojos se abrieron.
Embarazo.
Exactamente lo que estaba buscando.
Por suerte, mi mamá había conservado una vieja televisión junto con una videocasetera.
Parecía salida de otro siglo.
Pero seguía funcionando.
Conecté todo como pude y elegí una de las cintas etiquetadas.
"Mes 4".
Introduje el VHS.
La pantalla mostró estática durante unos segundos.
Luego apareció la imagen.
Era mi mamá.
Mucho más joven.
Sentada en un sofá.
Sonriendo mientras acariciaba su vientre.
Mi garganta se cerró de inmediato.
Nunca la había visto así.
Nunca.
Escuchar su voz después de tantos años fue extraño y reconfortante al mismo tiempo.
—Hola bebé —decía mirando directamente a la cámara—. Algún día quizá veas esto.
Sentí lágrimas formarse otra vez.
La grabación continuó.
Mi mamá hablaba sobre nombres, sobre habitaciones para bebés, sobre cosas que esperaba hacer conmigo cuando creciera.
Y entonces...
alguien más apareció en la imagen.
Un niño.
No tendría más de diez u once años.
Mi respiración se detuvo.
Jungkook.
Pero esta vez parecía completamente feliz.
Entró corriendo al salón con una caja en los brazos.
—¡Ya terminé el dibujo! —anunció emocionado.
Mi mamá comenzó a reír.
—¿Otro para el bebé?
—Sí.
—Llevas como veinte.
—Necesita muchos.
Mi corazón dio un vuelco.
Jungkook se sentó junto a ella y mostró un dibujo hecho con crayones.
Era una familia.
Mi mamá.
Yo aún sin nacer.
Y él.
Los tres tomados de la mano.
La sonrisa desapareció lentamente de mi rostro.
Porque aquello ya no parecía la relación entre dos niños que apenas se conocían.
Parecía algo mucho más cercano.
Mucho más profundo.
Y entonces mi mamá dijo algo que hizo que todo mi cuerpo se quedara inmóvil.
—Vas a ser un gran hermano mayor.
El video siguió reproduciéndose.
Pero yo ya no escuchaba nada más.
Solo esas palabras.
Hermano mayor.
Miré la pantalla sin parpadear.
Sin respirar.
Mientras una nueva pieza del rompecabezas comenzaba a encajar lentamente en su lugar.
Y, por primera vez, comprendí por qué perderlo había dejado una herida tan grande que mi mente había decidido esconderla.
Holi chicos, como estan?, ya les traje el capitulo 13 y mañana les publico el capitulo 14, bueno byeeeeee <3