Abrí los ojos lentamente.
La habitación estaba oscura.
Por un momento no recordé dónde estaba ni qué hora era. El sonido de la lluvia seguía escuchándose afuera, más suave que antes, como si la tormenta se estuviera alejando poco a poco.
Me incorporé despacio.
Todavía estaba medio dormida.
Tomé mi teléfono de la mesita de noche y revisé la hora.
3:17 a.m.
—Genial... —murmuré.
Me pasé una mano por el rostro y bostecé.
Fue entonces cuando algo me pareció extraño.
Miré hacia abajo.
Y me quedé inmóvil.
Ya no llevaba la ropa que había usado en la escuela.
Ni los jeans.
Ni la sudadera.
Ni los tenis.
Ahora tenía puesta mi pijama.
La de color azul con pequeñas estrellas blancas.
Parpadeé varias veces.
Confundida.
—¿Qué...?
Intenté recordar.
Pero no recordaba haberme cambiado.
Lo último que venía a mi mente era estar haciendo tarea en el escritorio.
Después...
nada.
Solo el recuerdo borroso de alguien cargándome.
La lluvia.
Y una voz llamándome pequeña estrella.
Un escalofrío recorrió mi espalda.
Miré la habitación.
Estaba completamente vacía.
Mi atención se dirigió entonces hacia el escritorio.
El cuaderno.
Seguía ahí.
Esperándome.
Como si supiera exactamente en qué estaba pensando.
Me levanté de la cama y caminé descalza hasta él.
Lo tomé entre mis manos.
Y me senté nuevamente sobre las cobijas.
Por alguna razón, ya no sentía tanto miedo.
La tristeza seguía ahí.
Pero era diferente.
Era la tristeza de alguien que está recuperando algo que creía perdido para siempre.
Abrí una página nueva.
Tomé una pluma.
Y empecé a escribir.
¿Cómo era yo cuando era bebé?
Luego otra pregunta.
¿Te gustaba cuidarme?
Otra.
¿Qué hacía para molestarte?
Una pequeña sonrisa apareció en mi rostro mientras escribía.
¿Tenía algún apodo raro?
Y finalmente:
¿Cuál es tu recuerdo favorito de cuando yo era bebé?
Observé las preguntas durante unos segundos.
Luego cerré el cuaderno.
Lo coloqué junto a mí.
Y esperé.
Pasaron varios minutos.
La lluvia continuaba cayendo afuera.
El reloj avanzó hasta las 3:28.
Luego las 3:31.
Y entonces.
Una página se movió.
Mi corazón dio un salto.
Abrí rápidamente el cuaderno.
Las respuestas ya estaban ahí.
Mis ojos fueron directo a la primera.
¿Cómo era yo cuando era bebé?
Debajo aparecía la respuesta.
Llorabas muchísimo cuando tenías sueño y te negabas a dormir.
Parpadeé.
Continué leyendo.
Y te enojabas cuando alguien intentaba quitarte tu manta favorita.
Una pequeña risa escapó de mis labios.
Eso sonaba completamente como yo.
Pasé a la siguiente.
¿Te gustaba cuidarme?
La respuesta fue inmediata.
Era mi actividad favorita.
Sentí un nudo en la garganta.
Debajo había otra línea.
Siempre presumía fotos tuyas a cualquiera que quisiera verlas.
—Ay no... —murmuré entre risas y lágrimas.
Seguía leyendo.
¿Qué hacía para molestarte?
La respuesta ocupaba varias líneas.
Escondías mis controles de videojuegos.
Mordías mis cuadernos.
Y una vez intentaste alimentar a mi pez con cereal de chocolate.
Me tapé la boca para contener una carcajada.
—¡Yo no hacía eso!
Una nueva línea apareció.
Como si Jungkook hubiera escuchado mi protesta.
Sí lo hacías.
Abrí los ojos como platos.
—¡Oye!
Otra línea apareció.
Y todavía haces la misma cara cuando te enojas.
Por primera vez en semanas me encontré riendo de verdad.
Una risa pequeña.
Pero real.
Mis ojos llegaron a la siguiente pregunta.
¿Tenía algún apodo raro?
La respuesta fue corta.
Pequeña estrella.
Mi sonrisa desapareció lentamente.
Porque ahora entendía.
Por eso me había llamado así.
No era algo nuevo.
Era un apodo de mi infancia.
Uno que yo había olvidado.
Y finalmente llegué a la última pregunta.
¿Cuál es tu recuerdo favorito de cuando yo era bebé?
La respuesta tardó unos segundos en aparecer.
Como si Jungkook estuviera pensando.
Y cuando finalmente apareció...
ocupó toda la página.
Una noche tuviste una pesadilla.
Llorabas tanto que nadie lograba tranquilizarte.
Mamá y papá intentaron todo.
Pero cuando te cargué, te quedaste dormida apoyando tu cabeza sobre mi hombro.
Mis ojos comenzaron a llenarse de lágrimas otra vez.
Esa fue la primera vez que me llamaste "Kookie".
Mi respiración se cortó.
Y aunque apenas sabías hablar, me dijiste que siempre querías estar conmigo.
Las lágrimas cayeron sobre el papel.
Debajo apareció una última línea.
Fue el día más feliz de mi vida.
Me quedé observando aquellas palabras durante mucho tiempo.
Mientras la lluvia seguía cayendo afuera.
Mientras la madrugada avanzaba lentamente.
Y mientras un nuevo recuerdo comenzaba a despertar en algún rincón olvidado de mi corazón.
Un recuerdo donde una pequeña niña corría por la casa persiguiendo a un adolescente que sonreía mientras fingía escapar.
Y por primera vez...
la voz de esa niña sonó clara en mi mente.
—¡Kookie, espérame!
Holi chicos, espero les haya gustado este capitulo y en unos minutos les publico el siguiente capitulo, bueno byeeee :3