Si no veo tus ojos

CAPITULO 29

Me sentía super rara con los ojos así vendados, pero fue como si tuviera una pequeña luz iluminando toda la oscuridad que había en mi interior, quitando toda la amargura y tristeza, remplazandola por alegría, felicidad, emoción, todo lo bueno que él me hacía sentir.

Caminaba en penumbras guiada por él hacía un lugar que imaginaba era la manta en aquel piso, esa en la que había divisado luces y copas al entrar, me hizo sentarme con el más mínimo cuidado en uno de esos cojines y de inmediato al comenzar a tantear donde estaba sentí algo suave bajo mis palmas.

¡Pétalos!

— Listo — lo escuché al sentarse a mi lado.

— ¿Y ahora como comeremos y esas cosas, digo con ambos los ojos vendados? — le pregunté

— Muy buena pregunta — soltó una leve risa — Tu solo dejate llevar — exhale y traté de relajarme.

Oía el tintinear de las copas al tomarlas, como abría la botella, y hasta podía oír claramente la espuma hacer sus sonidos al reposar en la copa. Si era fascinante como poco a poco ponías más atención a tus otros sentidos cuando no puedes ver.

Sabía y tenía claro eso muy bien, pero nunca había hecho una prueba así.

— ¿Como te sientes? — asentí pero recordé que él también se había puesto un antifaz y respondí.

— Muy bien, la verdad.

Todo era más lento de lo que se acostumbra, pero estaba siendo perfecto para mi.

— Voy a quitarme el antifaz ¿Esta bien? — preguntó.

— No hay problema — suponía en ese momento que le resultaba un poco incomodo todo, pero me equivoqué.

— Solo quiero demostrarte algo — asentí porque me imaginaba ya no tenía los ojos vendados.

Escuché como se levantó, cada paso que daba, el como se alejaba y en minutos como volvía, y se sentaba una vez más junto a mi.

— Voy a poner en tus manos algo, y quiero que hagas algo por mi — asentí y notaba como ponía algo en mi regazo que hizo que inmediatamente lo tomara.

— Una guitarra — dije al darme cuenta lo que tenía en mis manos.

— Si, y quiero que la toques para mí — dijo aquello y yo quedé con la boca semi abierta.

— Pero yo no… — no me dejó acabar.

— Conoces tus canciones, tus melodías y cada uno de los acordes de una guitarra, estoy muy seguro de que puedes hacerlo — tomó mis manos y me hizo agarrar bien la guitarra — ¿Lo harías por mi?

Ese fue un golpe bajo. No podía negarme después de tantas cosas y momentos bellos que me había y estaba regalando, y mis sentimientos tampoco me permitirían negarme.

— Está bien — sonreí y comencé a tomar la guitarra y guiarme por mis sentidos hacia cada uno de sus acordes, pero noté algo, era inconfundible.

Me había dicho que tocara, más no cantar, así que me aproveché y solo toque la melodía de su canción.

Mis dedos fueron guiados por cada uno de mis sentidos a la perfección, lo estaba haciendo no del todo bien, pero era algo decente, fui poco a poco tocando y sonreía al oír que podía hacerlo, que lo lograba y que era fascinante.

Al acabar solté el aire que no sabía que había contenido y mostré una enorme sonrisa de satisfacción.

— Lo hice — dije feliz — Y es mi guitarra — argumenté al no tener ninguna duda de ese hecho — ¿Como has conseguido traerla sin que me diera cuenta?

— Una pequeña ayudita — respondió — Además todo esto ha estado preparado mucho antes de irte a buscar.

De inmediato supe quién había sido aquella ayudita, esa cómplice que solo ansiaba verme feliz.

— Gracias — comencé a sentir un cosquilleo en mi brazo.

— No me agradezcas, haría esto y mucho más solo para hacerte entender que el tener una capacidad no te anula de la vida — sentía la acaricia subir y bajar a lo largo de mi brazo — Más bien te hace más fuerte, más inteligente, porque aprendes a valer y saber usar todos y cada uno de tus sentidos.

— Mmmju — asentía dejándome llevar por la caricia en mi brazo — Pero…

— Pero nada — me interrumpió —¿O caso mientras te decía esas palabras no has sentido está caricia que trazo? — le sonreí.

— Pues claro, puedo sentirla y también puedo saber con qué lo estás haciendo — le confesé.

— Una rosa — dijimos al mismo tiempo e igual que soltamos una pequeña carcajada.

¿No se han dado cuenta que con él todo era sonrisas, y carcajadas?

Era el efecto Mason.

Y cada que podía me daba una cachetada por haber sido tan estúpida.

A pesar de que no me quitó el antifaz, prácticamente la mitad de la cita la pasé realmente bien.

Solo hubo un detalle cuando aún tenía el antifaz que me pareció impresionante y pensaba que cambiaría mi forma de ver de la vida después.

Estábamos comiendo fresas o más bien el quería dármelas lo que me divertía y no podíamos parar de reír los dos, dado que el se había vuelto a colocar el antifaz y era algo casi inútil.

— Para — ponía las manos en mi boca para evitar que lo siguiera haciendo — No más — no paraba de reír.

—Creo que fue una pésima idea  volverme a poner ésta cosa — dijo mientras yo solo me acomodaba un poco.

— Si yo creo que sí — me burle.

— ¿Pero no has notado nada? — preguntó, lo que me confundió un poco.

— ¿De que hablas?

— Has sido un poco más libre y espontánea así, no te has sentido incómoda, te veo entusiasta, a todo esto me refería — sentí una mano se cerca de mi rostro — ¿No has necesitado ver para poder divertirte, sonreír y mucho menos para ser feliz o si?

Eso me hizo dar un salto a la realidad, tenía tanta razón, y no podía creer que necesitara solo tapar mis ojos para entenderlo.

— No, creo que no — fue lo único que dije, cuando él sacó el antifaz.

— Entonces ahora te pregunto Camila… — dejaba que me acomodara el cabello y un poco mi vista al lugar para proseguir— ¿Por qué te niegas a ser feliz? ¿Por qué no te crees capaz de cumplir tus sueños?

— Es que yo… — sus preguntas en ese momento no tenían respuestas o por lo menos no podía dárselas.

Yo me había guiado siempre era por la reducción de mi vista, que a pesar de que era poco me permitía ver, pero me limitaba. Siempre me pregunté:




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