Si no veo tus ojos

CAPÍTULO 32

¿Que peor situación que tu ex novio te envié flores, y la persona con la que deseas estar de cache intentando deshacerte de ellas para ocultarselo?

No era del todo así, porque la verdad sólo quería deshacerme de ellas por el mal recuerdo y la sensación extraña que me dejó esa nota, también buscaba que Mason no se enterara que me había enviado esas flores no voy a mentir, no obstante, yo no sabía que el iría ese día a mi casa y me atraparía con las manos en la masa, más bien en las flores, o literal en el vaso de agua que resbaló de mis manos al escuchar su voz y levantar la vista encontrándolo con su ceño fruncido.

—Oh cariño —dijo mi madre acercándose hasta donde estaba y evitando que me agachara a recoger los cristales —Yo lo hago, está bien.

Recogió los pedazos más grande y entró a la cocina. Sin embargo yo miraba a Mason expectante a lo que diría, quién se mantenía callado sin decir una sola palabra.

—¿Q-ue… qué haces aquí? —tomé la valentía suficiente para hablarle y acercarme a él.

—Vine a verte —bajó la mirada una última vez para observar las flores en la mesa.

Sonreí y tendí mi mano para que la tomara y poder guiarlo al sillón, dudó por unos instantes pero al final la tomó y complacida lo lleve hasta la sala.

Lo que yo no pude ver por obvias razones y tampoco me di cuenta, fue que él agarró la nota que traía las flores de la mesa, donde mi madre la había dejado antes de ayudarme con aquel vaso roto.

Otra cosa que tampoco noté cuando llegó fue que traía algo en sus manos, algo de forma cuadrada envuelta en papel para regalo.

Me preguntaba si nunca dejaría de darme algo cada vez que nos veíamos, e incluso cuando no, además de los bellos momentos que atesoraba en mi corazón.

Había hecho tanto por mi, que yo no recordaba haber hecho nada por él, y es porque era la realidad, no le había dado nada ni material, ni en palabras, y menos un momento que atesorar, que no fuera planeado por él, ¡Claro está!

—Ansiaba tanto verte —le fui sincera.

—Y yo a ti ojitos —sonrió, pero esa sonrisa no llegó a sus ojos, y entendía el porqué.

—Lamento que hayas tenido que ver eso, lo siento —le explicaría así no me lo pidiera.

Lo vi bajar la mirada, y cuando se la seguí vi que leía la nota, en ese momento exacto me di cuenta que la había tomado, y sentí mi alma abandonar mi cuerpo por una fracción de segundo.

No quería que se molestara, y mucho menos que lo hiciera conmigo, no cuando estaba apunto de tocar el cielo montada en las nubes que me había obsequiado, esas que la felicidad soplaba para hacerme llegar más y más arriba.

—¿Te sigue buscando? —No sabía que responderle, si serle sincera y contarle todo o abreviar solo a ese momento.

—¡Sí! —confesé.

Ya lo había perdido una vez por mentir, y no me iba a arriesgar una vez más.

—¿Por qué no me habías contado? —Aún seguíamos de pie en la sala, y si hablaríamos de eso sería mejor sentarnos y por eso tomé su mano y lo guíe.

—Porque la primera vez que lo hizo fue cuando estaba aún en la clínica —le explicaría todo con lujo y detalle —Ya después el único encuentro que tuvimos fue hace días, justo cuando quedé contigo para vernos —frunció el ceño —Ese día, cuando me encontraste cantando en el patio, no había sido mucho que se había marchado, o más bien cuando que lo corrí —le aclaré.

—Por eso encontré yo la puerta abierta —fue más una aclaración que una pregunta.

—Sí —borré cualquier duda que le hubiera quedado —Estaba molesto, me decía que todavia me amaba y enfurecí, lo corrí pero antes de irse me dijo que volvería a saber de él —me encongi de hombros y lo vi tenzar su mandíbula —No supe nada de él hasta ahora, y esas flores.

—¿Por qué no me dijiste nada ese día? —sentí que tomo mi mano izquierda y acarició el dorso, con ese gesto confirme que no estaba molesto.

—No lo sé, quedé un poco asustada y sorprendida, supongo que no quería que te molestaras —con mi otra mano acuné la suya entre las mías —¿No lo estás ahora, o si? —pregunté solo para verlo sonreír.

Y no me equivoqué, ensanchó una sonrisa que sabía que comenzaba a enloquecerme, y por instinto mordí uno de mis labios reprimiendo una de mi parte.

—Para nada —respondió con su voz ronca, que se podía oír tan sexy la verdad, sonreí solo por mi pensamiento —Solo quedé un poco consternado.

—Pero como ves, no fueron para nada de mi agrado —lo vi poner sus ojos en blanco tan solo por recordarlo —¿Qué traes ahí? —le pregunté al recordar ese pequeño obsequio que descansaba a su lado.

—¡Aahhh! —exclamó recordando y haciendo un gesto con la mano y posicionandola vuelta puño contra su boca —Es para tí —sonreí e intenté tomarlo pero me detuvo —Es para ti, pero solo puedes abrirlo cuando ya yo no esté —terminó de pasármelo.

—¿Por qué? —dije dudosa e intentando abrirlo desobediente.

—Ojitos ¡No! Hazme caso —agarró mi mano a impidió que siguiera —Vas a querer matarme, por eso lo digo.

—¿Cómo voy a querer matarte? ¡No seas tonto! —hice ademán de querer abrirla una vez más.

—No Camila, enserio —a mi parecer se estaba comportando como un niño chiquito pero me pareció un poco tierno.

—Vale vale —levanté las manos y lo puse en la mesita de al lado sin dejar de reír.

—Venia a invitarte a salir —tomó una vez más mi mano.

—Oh no, no, no —abrió los ojos con sorpresa al ver mi reacción.

—¿No? —preguntó atónito.

—Si, es que todo el tiempo tú haces algo por mi, ahora me toca a mí —Dije con una sonrisa enorme.

—Ay ojitos, pensé que era otra cosa —suelta una pequeña carcajada —Tendremos bastante tiempo para que te pongas creativa, ahora quiero estar contigo un rato a solas —instintivamente volteo hacia la cocina.

—Si acepto invito yo —nego efusivamente con la cabeza —Entonces no voy.

—Pero Oji… —lo interrumpí.

—Tu decides —me paré y me crucé de brazos.

—Bien —Dijo negando y riendo a la vez.




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