❤️🔥.
No hay nada peor que alguien que,
Te miente en la cara y luego jura que es verdad.
Sus pies se arrastran cansadamente sobre el suelo y su mirada perdida en el horizonte encontrando algo que se le haga conocido pero no había nada en el baúl de sus pensamientos, nada más que una oscuridad interminable y que ni él mismo logra comprender del todo. Terminó deteniéndose junto a un roble viejo descansando su adolorido cuerpo agarrando aire antes de continuar hacia la nada pero algo en frente lo hizo cuestionar su destino puesto que ahora veía hacia una granja poco común y que se le hacía muy vigilada.
Él aún sin ser consciente bien de lo que hacía se dirigió hacia la granja que había captado su atención.
En la misma desde una silla cómoda y con sus guardaespaldas a sus espaldas, una botella de Blue Label y una escopeta a sus pies visualiza el horizonte y cada parte de la granja que había construido como guarida a su trabajo en la ciudad.
—Sr. Malik, se aproxima un indigente y parece herido.
El anciano de ascendía turca se mostró interesado.
—Tráelo ante mi.
Estaba herido, con barba creciente y ropa toda quemada y escasa. El anciano sintió pena hacia él por lo que tocando su oscuro y frío corazón ordenó que una chica de la servidumbre le traiga ropas y comida al pobre hombre.
—¿Y de dónde vienes?
Ya lo habían duchado y cambiado de ropa, él no había permitido que le quiten su barba por lo que se la dejaron.
—No lo sé. —. Dijo mientras disfrutaba de unos frijoles que le habían dado.
—¿Y como llegaste hasta acá?
Él no lo recuerda bien solo sabe que al despertar lo hizo en un bosque muy oscuro y alejado de lo que él cree la civilización, solo siguió su instinto y caminó hasta que el anciano lo encontró.
—Caminando.
El anciano lo veía con interés por lo que le pidió a la servidumbre que fuera por su hija.
En la habitación Dubra Malik termina de peinar su largo cabello rojizo para cuando la mujer del servicio toca a su puerta.
—Su padre solicita de su presencia en el comedor.
Dubra sabe que está no es hora de ninguna comida para que espere por ella ahí.
Dubra palideció al ver a su padre reír con un hombre extraño y que encima se veía bastante deteriorado. El anciano al voltear encontró a su hija y con emoción le pide se acerque.
—Él es…—. Hasta ahora recuerda que no ha preguntado su nombre. Y termina riendo.— ¿Y tú nombre cuál es hijo?
Él no lo sabe por lo que apenado termina negando.
—No tengo.
—¡Bah! De ahora en adelante te llamas Adam Malik, versión árabe del nombre del primer hombre que Allah envió. —. Dubra notó a su padre emocionado con la presencia del extraño.— Bueno, la chica que ves es mi hija Dubra.
—Es un gusto. —. Respondió Adam.
—¿Lo mismo digo? Perdón, pero papá porque lo dejas que se quede acá.
—¿Y por qué no debería? Él es bueno y encima moría de hambre y frío. Hay que amar al prójimo, aparte puede trabajar para mí y ser mi mano derecha.
Los siguientes días fueron de arduo trabajo para aquel que había sido llamado Adam ante la ausencia de un nombre. Aquel anciano se había vuelto su maestro en cuento a finanzas, en cuanto a seguridad y en especial a como usar un arma debidamente para que proteja a su primogénita.
Adam estaba en el campo de entrenamiento del anciano usando un arma cuya marca desconoce pero que sostiene con familiaridad, aquella que despertó dudas en el anciano.
—¿De que trabajabas antes?
—No lo recuerdo bien, la verdad no recuerdo nada de mi vida. —. Relata él.— Solo se que desperté en el bosque y desde entonces he andado.
—… hasta que llegaste a mi… —. Murmuró para si mismo el anciano.— A lo mejor fuiste policía y por eso la familiaridad con el arma. Pero veamos la puntería.
El anciano pasó hacia atrás de Adam y lo dejó para saber si sabe dónde debe disparar.
Adam sostuvo con firmeza el arma y tras encontrar el objetivo apretó el gatillo dándole en el punto.
Desde la habitación Dubra observa a Adam entrenar con su padre.
—Oye pero está candela. —. Le dice en árabe la mujer al lado de Dubra.
—Es solo un indigente estilizado que mi padre adoptó. —. Le respondió en el mismo idioma Dubra.
—Podrá ser muy indigente pero ahora se ve demasiado bien. —. La árabe abandona la ventana mientras que Dubra no, ella se quedó a observarlo.
De vuelta en el campo de entrenamiento el anciano Malik felicita emocionado a Adam.
—Me serás de útil tu cara bonita y tú habilidad.
Adam no entendió pero supone que por la sonrisa del anciano es algo bueno.
—¿Ya puedo retirarme?
—Si, tigre, ve a ducharte que iremos a cenar con Dubra a un restaurante fino.
Adam se despide y entra a la casa que en realidad es una mansión apartada y en pleno pasillo se encuentra con Dubra con quién comparte miradas llenas de curiosidad y bastante complicidad. Ella y él siguieron cada uno su camino por separado y Adam llegó hacia la habitación que el anciano le había asignado.
—La belleza es un estándar vacío. —. Dijo al verse la cicatriz en su rostro, la cual atraviesa una ceja.
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Julia.
En el espejo de cuerpo entero me veía a mi misma vestir un largo vestido de novia blanco de cola pomposa y corpiño ajustado a mi torso, mi largo cabello castaño y rebelde cae como cascadas en mi espalda. Veía en el espejo a mi abuela hablar tan emocionada con la madre de Killiam sobre lo bien que me veía y lo emocionado que él estará al verme con este vestido. Hera a su lado permanece en silencio y aunque se negó fue su madre quien contra todo pronóstico la hizo salir de casa de Hades para ir con nosotras por mi vestido.
Editado: 07.02.2026