¡si, Señor!

14: Un caos en mi perfección.✓

❤️‍🔥.

Entonces seremos libres, es una línea delgada,

Estoy viendo el dolor, viendo el placer.

Adam.

—Fue eficaz.

Aníbal Malik y yo veíamos por medio de una pantalla como nuestros hombres seguían a ambas mujeres. Hubo un momento donde temimos a qué se perdieran y perdieran el rastro pero lo solucionaron muy profesionalmente y terminaron encontrando donde esa sabandija de Ivannov se esconde.

Y ella, por supuesto.

—Le dije que lo encontraríamos.

—No lo dudé ni por un segundo, Adam. —. Llevó una de sus manos a mi hombro y lo apretó.

Dubra quizás me mate y no cuente absolutamente nada pero me había nacido un fuego voraz desde que confesó que habían jugado con ella y sinceramente me parece algo imperdonable. El simple hecho de que haya ensuciado su cuerpo y se haya beneficiado de el como si se tratara de una prostituta me enfurece.

—Ese puerco probó de mi mercancía y nunca pagó. —. Me confesó y yo atentamente escuchaba.— Es una deshonra hacia el linaje Malik.

—Si atacamos iniciaríamos una batalla campal con los Ivannov.

—Por el honor de mi mercancía y el de mi hija lo que sea.

Admiraba esa familiaridad y ese amor tan inquebrantable hacia Dubra y a mi que representa ser un Malik.

Terminé saliendo de su oficina tras saber dónde está Ivannov y de inmediato me fui hacia la habitación de Dubra donde no toqué y simplemente pasé. Escuché la regadera y supuse que se estaría duchando, me quedé deambulando por su recámara y únicamente habían fotos junto a Hassán y su padre, nada de la mujer que la tuvo.

—Se te está haciendo mala costumbre no tocar la puerta.

Ella sale del baño con su bata y su cabello rojizo goteando.

—Encontré a Ivannov. Les daremos guerra.

—Adam…—. Su voz tembló y no se por quien sentía miedo: si por el maldito quien la usó o por… mí.

Ella para mí es una amiga más que una simple amiga, una hermana.

—Haré que respete tu honor.

En el campo de entrenamiento me preparaba para llevar a cabo un clásico entrenamiento de armas y comprobar que mi puntería es una de las mejores y más certeras de todos los demás. La tomé entre mi mano aferrándome al mango, al girar ella estaba junto a su padre observándome, fui suficiente para inspirarme. Al apretar el gatillo le atiné al centro y fue así durante cinco disparos más, unas con silenciadores, otras que no. Me saque el saco que cargaba quedando en una camiseta básica negra listo para enfrentarme a un guardaespaldas de Aníbal.

—¡Ya! —. Gritó nuestro jefe.

Lo observaba ansioso por golpearme, quizás estudiando mis próximos movimientos.

E hizo un ademan en acercarse pero lo esquivé fácilmente, escabulléndome hacia sus espaldas donde lo golpeé e inmovilicé. Forcejeé unos segundos hasta que caímos, él intentaba golpearme pero era inútil, lo tenía bajo de mi y mi peso era suficiente para evitarlo.

Lo golpeé en su rostro haciendo que sangrara y tras varios segundos quedé de campeón yo.

Mis nudillos estaban rojos y con pequeñas gotas de sangre, mire a Dubra quien observaba horrorizada todo.

—Que orgulloso me haces sentir, muchacho.

Me halaga lo que ha dicho pero no dejó de pensar en lo mal que la paso Dubra tras enterarse de lo que había hecho aquel al que ama y es lo que motiva a querer matarlo a golpes y con 35 balas atravesando su cráneo.

Terminé entrando de regreso a la casa a lavar mis nudillos pero sentía unos pasos pesados siguiéndome. Se de quien trata.

—¿Sabes lo que estás haciendo?

—Si, yo propuse el plan —. Explique como si nada, en lo que lavaba en el lavaplatos mis nudillos los cuales dolían poco.

—¿Eres consciente que Ivannov posee más armas y hombres que nosotros?

Al mirarla la veía asustada y preocupada.

Ese par de ojos verdes cristalizados por las lágrimas que obligaba a no escaparse, podía sentir su preocupación hacia lo que podía pasarme al atacarlos. Y lo que Dubra no sabe es que mi lealtad es inquebrantable y ahora que se lo que él ha hecho ha ocasionado que quiera hacerle daño, peor que el que él le hizo a ella.

—Mi conocimiento en armas, estrategias y artes marciales son suficientes para ganar.

—¡Adam! —. Me riñe y me jala del brazo quedando frente a mi.— ¿Qué no ves que me muero si algo te sucede?

Nunca me había enamorado y siendo honesto no es algo que me emocione o me haga cambiar mi estilo de vida, porque no. La confesión de Dubra solo hizo que en mi pecho se albergue una pequeña calidez que va a desaparecer en cuanto salga al campo de batalla y que volverá a aparecer con ella. No hay mucha diferencia y pretendo que no la haya. Han deshonrado a Dubra y al negocio de Don Malik y es algo imperdonable para mí.

Lo único que lo podría solucionar es acabar con la familia Ivannov.

—Te quiero, Dubra, pero ese cariño no hará que desista en la idea de matar con mis propias manos al bastardo de Ivannov.

La hice a un lado y pretendía irme pero el sonido de su voz me detuvo.

—¿Ella hace parte del plan?

Hera,

Por supuesto que lo hace. Es el punto débil de aquella maldecida familia, sería un buen soborno.

—Siempre hizo parte.

🔸 🔸 🔸

Hades.

Había jurado a Hera que no intentaría involucrarme con su amiga y fue así durante cierto tiempo pero siendo completamente honesto no pude resistirme a verla tan desorientada y viéndome como hambrienta. Me perdí en el sabor de sus labios, en la suavidad de su cuerpo y en su calor, sencillamente pude darme vuelta atrás e irme junto a mis padres pero no contuve aquella necesidad que solo ella podía llenar.

Había fallado.

—Ya voy. —. Dije al atenderle a Killiam.




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