¡si, Señor!

16: Ivannov.✓

❤️‍🔥.

Estoy aquí tan permanentemente, sí,

Y espero tu llamada.

Adam.

Despojarla de la identidad Ivannov fue satisfactorio de ver, de observar, verla sollozar internamente.

Ahora poseía prendas dignas de una criada realzando quien ahora es el siervo del otro, quien es el rey del otro.

—¿Salgo?

Ella normalmente se queda en mi pieza y no tiene permitido salir a las estancias de la granja por su propia protección y para que ningún otro trabajador intente quitármela. Ya me había visto el rostro y había odiado saber que aquel con el que compartió palabras hirientes era el mismo que ahora la había secuestrado y hecho su esclava.

—No. Esa silla es tu lugar en mi pieza y es ahí donde te quiero encontrar.

Una silla de madera en una esquina de la habitación, ella está encadenada de manos y piernas, con cadenas alrededor de su cadera las cuales impiden que huya de mi lado o que al hacerlo sea difícil por el peso. Su largo cabello rubio cae en ambos lados de su rostro y su cara sin una sola gota de maquillaje. Inhalé profundamente viéndola y terminando de encantarme por ella.

Entré al baño antes de que pueda contradecirme y cerré, me quede contra la puerta queriendo escucharla pero no decía nada, solo silencio, al menos hasta que la escuché llorar.

La fría agua caía sobre mi cuerpo mojando en su totalidad mi cabello y barba, pasé la pastilla de jabón por todo mi cuerpo limpiando todo a su paso. Pensé en que quizás Hera quiera darse un baño después de todo lleva una semana secuestrada y sin posibilidades de ser rescatada.

Terminé de ducharme y al envolver mi zona íntima con una toalla salgo a la habitación, dónde ella rápidamente se incorpora derecha viéndome.

—Ve a mi baño de inmediato. —. Le ordené y ella como pudo hizo lo que pedí. Al estar adentro la sigo y ella al girarse me ve preocupada.— Te quitaré los grilletes y la cadena, si llegas a escapar la que va a ocupar tu lugar será la mocosa y ella la va a pasar peor.

La vi tragar grueso y tras un debate mental terminó asintiendo aceptando lo que ofrezco.

—Te darás un baño. Apestas.

La llave la tengo en mi cadena alrededor del cuello y libero tras una semana con ellas puestas.

La carne de sus muñecas están enrojecidas y al contacto puedo notar que le duelen, me agaché para soltar la de sus piernas y desde abajo la observé mirarme con cierto temor, quizás a cometer una tontería y arruinar la vida de su sobrina.

Antes de que pudiera salir le pase una de mis camisetas.

—Ponla en tus muñecas para que no hiera tanto tu piel.

Terminé de vestirme rápido para poder darle su espacio y pueda vestirse con su ropa de criada con calma, sin tener que sufrir de infartos cada vez que me encuentra viéndola. En la entrada de mi habitación dos de mis hombres cuidan.

—No entren y mucho menos la intenten molestar o tocar.

Es mía y como tal debo cuidarla.

Terminé yendo a la habitación de Dubra donde al abrir la puerta la encuentro jugando con la niña con la casita de muñecas que mandó a pedir exclusivamente para ella. Al hacer el mínimo ruido ellas dos notan mi presencia. En Dubra encuentro rabia y resentimiento mientras que en la niña temor.

Dubra la deja tranquila jugando y viene a mi lado.

—¿Ahora que quieres?

—Tienes que ir a la ciudad y averiguar que está ocurriendo allá tras el secuestro.

Dubra bufó y se vio en contra.

—Es tu trabajo. —. Le recuerdo.— Sabes que tanto tu padre como yo no podemos exponernos.

—¿Y tengo que ser yo la sacrificada, Adam?

Nos detuvimos a medio pasillo y la hice verme, acaricié con ternura fingida su mejilla y con voz dulce dije:

—¿Quieres que me maten, Dubra?

Se que en parte soy su punto débil al igual que lo es su padre.

No me había fijado que desde la llegada de la niña a la habitación de Dubra ahora ella viste más recatada y guardada según para darle un mejor ejemplo a la niña. A diferencia de Hera Dubra no puede vivir un solo día sin maquillaje en su rostro, y lo jodido es que ambas se ven tan bien sin eso. Nuevamente pensé en la hermosa mujer que ahora espera por mi en mi habitación y mis ganas de ir hasta allá se incrementan.

—Lo haré pero debes dejar que la niña vea a Hera.

No negocio con nadie pero con Dubra…

Ya es otro cuento.

—Trato.

—Y otra cosa más.

Terminé entornando mis ojos ante tantas exigencias.

—Habla.

—No se te ocurra poner un solo dedo sobre Hera.

Terminé riendo y ella me quemaba con su verdosa mirada. Quizás creyendo que se trata de una jodida broma.

—¿Y a ti que te importa si toco o no a Hera? Es mía y puedo hacer con ella lo que me venga en gana.

Y la dejé atrás pero su voz nuevamente me detuvo.

—¿Tu crees que va a llegar amarte? Eres el culpable de su sufrimiento, ella nunca podría amar a quien le ha hecho daño y la ha humillado en incontables veces. Adam, Hera jamás podría fijarse en un asesino a sangre fría que no dudaría un segundo en apuntar y matar. Las personas como tú deben ser exiliados.

Sus palabras llegaron a un lugar que con fuerzas trato de mantener muerto,

Sin embargo termine ignorando sus palabras para ir a la habitación de Dubra, dónde la mocosa tembló al verme.

🔸 🔸 🔸

—Se nota que mueres por ella.

Hassán es quien me acompaña en lo que Hera y la niña se ven y hablan.

—Hera lo es todo.

No estaba enamorado, eso es un sentimiento vacío e insignificante que no creo necesitar en mi vida. No es tan necesario como el poder y la grandeza, lo cual es lo que si me hace feliz y sentir que valgo algo. Pero… ¿El amor? ¿Morirme de amor por alguien? No sé que carajos me pasa con Hera pero la quiero solo para mí.

—¿Era necesario secuestrarla?




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