¡si, Señor!

17: Una buena chica.✓

🔥.

Prefiero usar todas estas cicatrices,

Prefiero ver mi piel sangrar.

Adam.

Una convivencia sencilla y sin nada de problemas: eso espero yo de este matrimonio.

Dubra va a mi lado en la camioneta totalmente seria y ajena a lo que pienso, mire por el retrovisor y Hera junto con la niña están encadenadas y con sus ojos cubiertos para que no vean el camino a mi casa. En los siguientes cinco coches que nos siguen vienen mis muchachos custodiando el coche donde venimos.

—Esto es una mierda.

Dubra sigue enojada conmigo, le desagrada la idea de que Hera sea mía.

—Es para toda una vida, querida, así que ve haciéndote la idea.

Ella procede a ignorarme olímpicamente.

Me decepciona este comportamiento de Dubra ya que creí que éramos iguales pero resulta que no fue así y que mi forma de ser no va con la de ella y es lo que ha generado este distanciamiento. Sin embargo, terminé restándole importancia y continué conduciendo hacia la que será nuestra casa.

La noticia de que Ivannov aún continúa con vida no es para nada de mi agrado y debo ir ideando algo que me haga matarlo de una vez, Aníbal ya sabe del estado actual y espera que yo hago algo contra ese bastardo y que no quepa duda de que lo haré.

Entramos a la villa que ahora nos pertenece y en el final se encuentra una enorme mansión escondida de la vista de cualquier curioso y que en su parte trasera solo se encuentra el abismo hacia una muerte sangrienta, una colina rocosa que lleva directo al infierno. La mansión es de alrededor unos 3 pisos, un jardín extenso, una cocina grande, habitaciones en la zona de las caballerizas, unas mazmorras dónde los traidores serán castigados.

—Bienvenidos, Sres.

La ama de llaves nos recibe junto con alrededor dos chicas del servicio.

Mis hombres se encargaron de bajar a Hera y a la niña del coche, tal y como aquella vez que llegaron a la granja de Malik. Hera arrastrándose de rodillas como un animal y la niña en los brazos del guardaespaldas.

Bruno mi guardaespaldas principal me pasa la cadena que está sujeta al collar de Hera y que rodea su cuello.

Pasamos en primer lugar a la segunda planta y donde mi querida esposa se quedará con la niña.

Su cama matrimonial con sabanas verdes esmeraldas, su closet enorme y una cama más para la niña y una casa de muñecas y ropa para ella. Bruno dejó que la niña pase junto con Dubra, quien permanecía sería.

—Es está su habitación, querida. —. Le dije, tratando de sonar amable.

Dubra le quita la venda a la niña y ella observa con curiosidad la habitación, mis hombres se posicionan frente a Hera para que la niña no la vea en su papel de mascota.

—¡Ay, mira! —. Dubra la llama con emoción para que vea los vestidos que escogí para ella.

Las dejamos a solas cuando Dubra así lo ordenó, ahora la ama de llaves junto con las dos criadas más jóvenes se van a cumplir con sus obligaciones. Es Bruno quien me acompaña a la planta más alta y sola y dónde Hera va a dormir y convivir, y más porque esa será mi pieza. La escuchaba quejarse en murmurios sobre lo mucho que le comienzan a doler sus rodillas de tanto arrastrarse.

—El Sr. Aníbal pide que cuánto antes atienda su e-mail.

—Eso haré, primero pondré en orden a mi mascota. —. Bruno se apartó al abrirme la puerta de mi pieza, y se hizo a un lado.—Ve y cuida de la habitación de Dubra, no sin antes asegurarse que el personal guarde silencio sobre lo que han visto, y no se te olvide guardar las armas y preparar a los perros.

—Así será, Sr. Malik.

Él se va y yo entro tras meter a Hera aún de rodillas.

La habitación es enorme y es tal como la había encargado, una cama matrimonial y grandes ventanales que van en dirección a la colina. En una esquina de la habitación había como una casita para un animal pero que había habitado para Hera.

Le saque la venda y la cadena del collar.

Ella me miró y sus ojos azules estaban rojos por las lágrimas, la vergüenza la consume y no puede con tanta humillación.

—No sabe cuánto lo odio.

Me agaché hasta su altura y lleve unos dedos a su mentón.

—Del odio al deseo hay un corto trecho.

—Escúcheme bien —. Ella se acerca y siento el olor a menta golpearme con fuerza.— Nunca sentiré amor o deseo por ti.

La tomé del cuello sin ejercer presión e hice que nuestras narices se toquen.

—No me retes, mascota, haré y usaré de mi poder para hacer que te arrodilles ante mi.

—En tus más retorcidos sueños.

La terminé soltando para apartarme, como un mismo idiota sonreí a la nada.

—Quítate la ropa.

Y la miré, me reí internamente al verla temblar de miedo.

¿A dónde se había ido la valentía?

—¿Qué?

—¿Qué eres sorda o que? Te estoy ordenando que te quites la ropa.

—¿Y que puedas mirarme? No, gracias.

Y gateando se fue hacia la casa de la mascota.

—¿Ahora te comportas como un animal? —. Me fui acercando lentamente y ella se escondió en la casita.

—Fuiste tu quien lo dijo en primer lugar.

—Que buena eres recordando lo que te conviene. —. Al estar cerca la observé y juro por quien este allá arriba que ese azul de sus ojos me encanta. — Pero eso no funciona conmigo, niña.

Hera se abraza a ella misma como si sintiera miedo.

—¿Qué harás conmigo?

Hacerla mía se me apetece fuertemente.

Domarla, quizás dominar y moldear ese carácter arisco que quiere hacerme creer que tiene.

—Se mía y tú castigo será menos humillante.

Y fue en un ágil movimiento que se levantó y me enfrentó cara a cara, sin apartar su mirada. Ella me estaba retando.

—¿Qué parte de ‘no’ no logras entender?

—La negativa, normalmente siempre me dicen que si a la primera.

—Pues te informo que no es mi caso. —. Las manos me pican por tomarla de la cadera, pegarla hacia mi y devorarle esa boquita pecaminosa hasta callarla.— Así que búscate a tu prometida o a una mujer de la vida fácil.




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