El fin de semana pasó más rápido de lo que esperaba. Ahora, un lunes frío se extendía a mi alrededor, con el cielo gris y las hojas secas acumulándose en los rincones del camino. Todos caminaban con normalidad, inmersos en sus rutinas, pero yo me sentía desconectada, como si estuviera flotando entre ellos, buscando desesperadamente una forma de concentrarme.
Intenté ignorar mis pensamientos, pero parecían intensificarse con cada paso. Sus rostros, sus palabras, sus gestos… todo volvía a mí, una y otra vez. Como si mi mente no quisiera darme tregua, recordándome constantemente lo que había sucedido en el festival.
Un leve sonido vibró en mi bolsillo, interrumpiendo el flujo interminable de recuerdos. Saqué el teléfono, esperanzada, aunque no quería admitirlo. Pero al ver la pantalla, mi corazón se hundió un poco. No era Yoongi. Era Jimin.
Jimin: “Sé que no quieres, pero ¿podemos hablar? Al menos déjame cerrar lo que quedó pendiente.”
Leí el mensaje varias veces, sintiendo un peso extraño en el pecho. ¿Por qué ahora? ¿Por qué justo cuando todo parecía estar desmoronándose en otro lado? ¿Por qué no se alejaba con su tormenta y me dejaba con la mía?
Suspiré y guardé el teléfono sin responder. No estaba segura de tener las fuerzas para lidiar con Jimin, ni mucho menos con las cosas que decía que quería cerrar. Había demasiado en mi mente como para agregarle más peso.
Llegué a la entrada de la preparatoria, saludando con una sonrisa forzada a mis amigas que me esperaban cerca de las escaleras. Sujin notó mi expresión y ladeó la cabeza con curiosidad, pero no dijo nada. Yumi y Yeji seguían conversando animadamente sobre algo, completamente ajenas a mi estado.
—¿Lista para enfrentar otro lunes? —preguntó Sujin, dándome un leve empujón en el brazo.
—Claro —respondí, con un intento de sonrisa.
Mientras subíamos las escaleras hacia el salón, el teléfono volvió a vibrar en mi bolsillo. La notificación me quemaba en la mente, pero esta vez decidí no revisarla. No podía seguir dejando que los mensajes controlaran mi día, aunque la curiosidad me carcomiera.
Al llegar al salón, me hundí en mi asiento, buscando mi libreta en mi mochila para intentar distraerme con los apuntes. Pero mi mente seguía volviendo al mensaje de Jimin y, por supuesto, a Yoongi y la bufanda que aún estaba ahí.
¿Habría sido realmente el final? ¿O simplemente era otro comienzo complicado que aún no entendía cómo lidiar?
Sentí la mirada de Sujin sobre mí, como si estuviera analizando cada uno de mis movimientos. Finalmente, ella rompió el silencio.
—¿Va todo bien, Sienna? Pareces un poco... distante.
Asentí, esforzándome por mantener mi voz tranquila. —Sí, todo bien. Solo un poco cansada.
—Claro, cansada —murmuró, claramente no creyéndome, pero decidió no insistir.
El resto de la clase pasó en un borrón de palabras y notas que apenas registré. Al salir del salón, sentí el frío del aire colarse en mi abrigo, pero no lo suficiente para despejar mi mente. Mis pasos me llevaron al jardín principal, donde esperaba encontrar un poco de claridad. Pero en lugar de eso, me encontré con algo más.
A lo lejos, entre los árboles, vi a Yoongi hablando con una de sus compañeras de clases. Su postura relajada y su sonrisa fácil me hicieron detenerme en seco. Mi corazón latió con fuerza, y sin pensarlo, me escondí detrás de uno de los pilares cercanos, observando la escena como si fuera una extraña.
¿Por qué estás haciendo esto?, me pregunté, pero no pude apartar la vista. Había algo en su expresión, en la forma en que se inclinaba ligeramente hacia ella mientras hablaba, que me hacía sentir como si todo lo que habíamos compartido se estuviera desvaneciendo poco a poco. La chica, cuya sonrisa era tan radiante como despreocupada, asintió a algo que él dijo, y luego ambos se rieron.
Sentí cómo el aire frío de la mañana se colaba bajo mi abrigo, pero no fue suficiente para sacarme del trance en el que estaba. Solo bajé la mirada, e intenté convencerme de que eso solo era una conversación, pero mis pensamientos seguían girando en torno a todas las posibilidades.
¿Era esto lo que había temido? ¿Que Yoongi encontrara algo más fácil, alguien con menos complicaciones, alguien que no levantara barreras emocionales cada vez que intentara acercarse?
—¿Sienna Rose? —La voz de Yeji me sacó de mis pensamientos, haciendo que diera un pequeño salto. Ella estaba parada justo detrás de mí, con una mirada curiosa y preocupada al mismo tiempo.
—Oh, Yeji… —intenté sonreír, pero incluso yo podía sentir que mi expresión era forzada—. ¿Qué haces aquí?
—Esa debería ser mi pregunta —respondió, cruzando los brazos mientras me observaba intentando encontrar mi mirada.
—Nada —mentí, apartando la mirada de ella rápidamente—. Solo necesitaba un momento de aire fresco.
Yeji me miró con incredulidad, pero no insistió. En lugar de eso, me dio un pequeño empujón en el brazo. —Vamos, tenemos que entrar al salón antes de que el profesor pase lista.
Asentí, siguiéndola en silencio, pero no pude evitar mirar una vez más hacia donde estaba Yoongi. Esta vez, nuestras miradas se cruzaron por un breve instante. Su sonrisa desapareció, y algo en su expresión cambió, como si intentara entender qué estaba pensando.
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Editado: 21.02.2025