No te acostumbres, porque puede desaparecer…
El paso de los días se sentía extraño. Había un pequeño vaivén de distancia y cercanía entre Yoongi y yo. Después de hablar con mis primas, me sentía diferente, pero seguía con un poco de duda. Sobre como era la mejor manera de acercarme. Como debería abordar lo que estaba pasando. Pero cada vez que nos veíamos, era algo de unos segundos, y muy lejos, lo suficiente como para que alguien más rompiera nuestra conexión. Era un frágil equilibrio el que había formado ahí.
Además, no podía ignorar la repentina cercanía de esa chica. Cada vez que veía a Yoongi, ella parecía estar cerca. Los veía conversando en el jardín, caminando juntos hacia la cafetería, o trabajando codo a codo en la biblioteca durante la semana previa a los parciales finales.
—¿La ves de nuevo, verdad? —preguntó Yeji un día, notando mi mirada perdida mientras observaba a Yoongi reír con ella desde la ventana del salón.
—No estoy mirando nada —respondí, tratando de sonar despreocupada, pero la mirada de Yeji lo decía todo.
—Sienna Rose, no quiero presionarte, pero… ¿Vas a hablar con él? Porque si sigues dejando que esto te consuma, no va a terminar bien para ninguno de los dos. Ha pasado casi una semana desde el festival, y para nada se ven como las semanas antes a eso.
—No es tan sencillo, Yeji —murmuré, bajando la voz ligeramente.
Yeji cruzó los brazos, mirándome con una mezcla de frustración y comprensión. —No, no es sencillo. Pero tampoco lo estás intentando, Sienna. ¿Qué es lo peor que podría pasar? ¿Que te diga algo que no quieres escuchar? ¿Que confirmes tus miedos?
Mi mirada se desvió hacia el escritorio, evitando su mirada directa. —Es más complicado que eso…
—¿Más complicado que verlo con alguien más todos los días y sentir que estás perdiendo algo que ni siquiera has intentado salvar? —su tono era firme, pero no cruel, pero aun así, sus palabras calaron hondo. —Sienna, tienes que hablar con él, esto no va a arreglarse solo.
Sus palabras se hundieron como una piedra en mi pecho, creando ondas de inseguridad y culpa. Quería responder, decirle que no era tan fácil como parecía, pero sabía que tenía razón.
—Lo sé —dije, sintiendo las lágrimas amenazar con salir—. Pero no sé cómo hacerlo. Todo lo que digo parece estar mal.
Antes de que pudiera decir algo más, la campana sonó, indicando el inicio de la siguiente clase. Yeji suspiró y tomó sus cosas, pero antes de irse, se detuvo frente a mí.
—Solo piensa en esto, Rosie: ¿Realmente prefieres vivir con el "y si hubiera" toda tu vida? No es fácil, pero tienes que intentarlo. Porque si no lo haces, podrías arrepentirte.
La vi salir del salón, dejándome sola con mis pensamientos. Su pregunta resonaba en mi mente, una y otra vez. La verdad era que no lo sabía. No sabía si estaba lista para enfrentar esa conversación con Yoongi. No sabía si podría soportar lo que él podría decirme. Pero lo que sí sabía era que cada vez que lo veía con esa chica, algo en mí se rompía un poco más. Mientras la clase avanzaba, apenas podía concentrarme. Mis pensamientos iban y venían, debatiendo si debía hablar con él o simplemente seguir adelante, aunque sabía que esto último no era tan simple.
Cuando finalmente llegó el final del día, me encontré caminando hacia la biblioteca, esperando encontrar algo de paz mientras avanzaba mi parte de uno de los proyectos finales. Pero en lugar de eso, lo vi allí, sentado en una de las mesas junto a ella. Sus risas llenaron el aire, tan naturales, tan cómodas.
Me detuve a mitad de camino, sintiendo cómo mi pecho se apretaba. Quería acercarme, quería decir algo, pero mis pies estaban clavados en el suelo. ¿Qué podía decir? ¿Cómo podía explicar lo que sentía cuando ni siquiera lo entendía del todo?
El aire de la biblioteca parecía volverse más denso a mi alrededor. Observé cómo Yoongi se inclinaba ligeramente hacia ella, señalando algo en su cuaderno, mientras ella reía suavemente. Era una escena común, dos compañeros estudiando juntos. Pero para mí, ese momento parecía cargar un peso que no podía ignorar.
Mis dedos se tensaron sobre la correa de mi mochila mientras intentaba convencerme de dar un paso al frente, de cruzar la distancia que nos separaba. Pero no pude. Algo en la naturalidad de su interacción me detenía, como si al interrumpirlos estuviera rompiendo un hilo invisible que los conectaba.
Sentí un nudo en la garganta, y rápidamente desvié la mirada, enfocándome en los estantes llenos de libros, como si fueran mi refugio. Traté de racionalizarlo: “Es solo una compañera de clases. Nada más. Estás exagerando”. Pero el eco de esa risa seguía resonando en mi mente, desmoronando cada intento de calmarme.
Tomé una bocanada de aire y retrocedí unos pasos, ocultándome entre los estantes de libros. Desde ahí, podía escuchar fragmentos de su conversación. No quería escuchar, pero no podía evitarlo.
—Creo que con esto será suficiente para el análisis —dijo él, su voz tranquila pero firme.
—Perfecto. Gracias por ayudarme. Eres el mejor, Yoongi —respondió ella con un tono que me pareció más dulce de lo necesario.
La forma en que dijo su nombre me hizo apretar los labios, intentando no dejar que las lágrimas se acumularan. ¿Por qué me afectaba tanto algo tan insignificante?
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Editado: 21.02.2025