Si Te Hubiera Visto Antes Que Ella...

Capítulo 21

El cuarto que estaba destinado a las prácticas de baile, fue despojado de sus objetos tales como estantes para los zapatos, tuallas, la nevera donde iba el agua fresca, y otros elementos de ejercicio. En su lugar, se pusieron cortinas blancas largas al rededor de todo el espacio.

En el centro, se puso una camilla alargada de color blanco igualmente, muy suave, algo estrecha y no tan alta. A su alrededor, habían velas aromáticas ingeniosamente colocadas, junto a algunos arreglos florares. 

Una esencia dulce inundaba todo el lugar pues ésta no era ostigante.

Tae había cargado a Jimin el cual dormía, para ponerlo sobre la camilla, y quitándole la ropa, lo dejó desnudo boca arriba. 

Seguidamente trajo una mesita con algunas cremas y aceites que dejaban la piel suave y humectada, para consentir a su precioso. 

Preparando sus manos, las impregnó de aceite para hacer algunos masajes leves por todo el cuerpo. El objetivo era hacerle sentir bien a su chico precioso, pues últimamente se había estado quejando por dolores en su cuerpo. 

Sus manos grandes eran perfectas. Con ellas, empezó por abajo, con las piernas las cuales estiraba en un ángulo de noventa grados, hacía movimientos circulares para luego proceder a los pies solamente. En el proceso, se hallaba sentado abierto de piernas, frente al cuerpo que empezaba a tomar cierto brillo. 

Subió un poco más, acomodando las piernas a sus costados, dirigiendo sus dedos a las costillas las cuales fueron masajeadas con suavidad. 

Se levantó, ahora poniendo el cuerpo boca abajo. 

Se fijó en su columna, haciendo círculos a los lados de ésta con su pulgar, luego subiendo por la misma, haciendo una leve presión. Sus dedos viajaron de vuelta, ahora metiendo algunos de ellos en una taza con aceite. Lo esparcio por la espalda, luego la espalda baja para continuar con sus nalgas. 

Las amasaba con tal gracia y habilidad, que la morbosidad era difícil de percibir. Sus manos dieron unos cuantos recorridos más de arriba abajo de la forma más artística posible, cambiando de técnica cada rato. 

Jimin por su parte, y aún medio inconciente, fruncía el ceño cuando le hacían presión en aquellas zonas cercanas a los hombros. Él estaba acostumbrado a dormir boca abajo, y esto era lo que lo tenía asi, ya que esa es la peor posición en la que una persona se puede acomodar. 

- Tae...- hizo apoyo en sus manos, como yendo a levantarse, pero esas enormes manos lo volvieron contra la camilla. 

- Aún no acabo su majestad- hizo sus nudillos más notables en un puño, pasando por la extensión de los hombros. Jimin se retorcía. 

- A-amor, ¡me duele ahí!
- ¿Y sabes por qué es?- interrogó. Sus manos se dirigieron ahora a la extensión de la espalda agena. 
- ¿Por dormir mal? 
- En efecto. 
- Mmmmnn, pero dormir boca abajo es rico... 
- Es rico pero te hace daño. ¿Sabes que pones todo el peso de tu cuerpo en los órganos vitales y además te acorta la circulación? 
- No lo sabía... 
- Bueno. Esta noche puedes probar dormir con una almohada baja, una bajo las piernas y el cuerpo derecho. 
- Buena idea. 
- Será incómodo al principio, pero luego te acostumbras mi lirio.

Tae se acomoda a la cabecera de la camilla y acomoda los brazos de Jimin a los costados, haciendo presión en toda la extensión de los mismos, dando como resultado sus manos entrelazadas. Luego se devolvía para regresar, asi unas cuantas veces. 

- Amor...
- ¿Si?
- ¿Te gustan los niños? 
- JAJAJA ¿Cómo asi Jiminie? 
- Si, es decir, ¿te gustaría tener hijos, y-y y darles de comer, y vestirlos...? 
- La verdad nunca había pensado en hijos, ni nada de eso. Ya te había hablado de mi loca madre, ¿verdad?- Jimin asintió- Esa mujer sólo quería que yo me la pasara como niño bonito sentado en la oficina de mi padre, llenando papeles, firmando, yendo a reuniones aburridas y blablabla. 

- Pero tú no querías esa vida. 
- Exacto. Tendría que conseguir alguna esposa, tener hijos y eso. Lo típico. 
- Debe ser horrible... que tus padres te quieran mandar. 
- Yo no la culpo. Ella quería que yo fuera como mi padre, sin embargo nunca me prestó atención. No le importaba que yo fuera muy bueno para otras cosas, ella sólo quería tenerme allá encerrado. 
- Que feo... 
- Si. Y hablando de padres... 
- Oh, no. No quiero hablar de los míos, eso si es una catástrofe. 
- ¿También querían interferir en tu futuro? 
- No es eso. En mi casa había una cierta rivalidad, y éramos dos contra dos. Mi padre de mi lado, y mi madre... del lado de mi hermana. 
- ¿Y por qué tu madre se ponía del lado de esa chiquilla malcriada? 
- Amor Tae. Ella la amaba, no importaba lo mala que ella fuera, pues el amor de una madre no tiene en cuenta aquello. Ni la más grande imperfección, podría opacar ese amor que mi madre le tenía. Pero en fin. Mi padre murió y me dejó sólo, por ello fuí a Daegu. 
- No te pongas mal. Si eso no hubiera ocurrido, seguramente la historia sería otra. 
- Si... el... él me dejó una cadenita cuando murió. Pero yo soy un idiota y la perdí. 
- ¿Ah, si? ¿y cómo era? Si quieres podemos buscar... 
- No. No se perdió aquí. Cuando vine ya no la tenía. 

- ¿Yoongi...? 


Yoongi... Yoongi seguramente la encontró por hay y la tiró a la basura. Es lo más probable.

- Lo siento. Olvida que dije eso.-

El mayor ponía una tualla pequeña sobre el tracero de su lirio, mientras éste se apoyaba en sus codos y miraba con total atención a su mayor. El cual se sentó frente a él, tapando las cremas y los aceites. 

- ¿Hay algo que no hagas bien?
- ¿Eh? 
- Mirate. Ni sabía que podías hacer esto.
- No es que haya hecho un curso ni nada. Esta mañana miré por interneth ajajjaa. 
- Pero aún asi eres muy bueno. 

Jimin le sonreía, acomodado sobre su barbilla. Tae le sonreía desde su lugar, algo apenado. 

- Si soy bueno para tí, eso estará bien. Pero dime, ¿por qué me preguntas sobre si quiero tener un hijo?
- Simple curiosidad. 
- Quizá más adelante podamos adoptar a un pequeño. O si quieres una niña. 
- También podemos alquilar un vientre, amor. 
- Pues... si. No es mala idea. Voy a guardar esto, ¿vale? 
- Está bien. Dormiré otro poco. 
- Vale. Descansa.
- ¿En un rato te ayudo a hacer el desayuno? 
- Si bebé. 

Tae le da un beso en la frente y se va arrastrando la mesita junto a él. 


El día fue envejeciendo justo como nosotros, que apenas nacemos empezamos a envejecer. Tal cual. La diferencia era que el radiante sol se estaba preparando para volver a brillar al día siguiente. 


El chico de cabellos rojos tirando a naranja, leía tranquilamente con la pierna cruzada, su cuerpo cubierto por una bata, sentado junto a una mesita sobre la cual se hallaba una taza de café helado. Tae mientras tanto practicaba nado invertido, disfrutando la temperatura del agua. 

Afuera hacía mucho frío, pero adentro era supremamente acogedor. 



 




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