Si yo hubiera contado la Historia

Capítulo 14 — La despedida y la promesa

“Milori le explicó con cuidado cuánto tiempo podía estar en cada lugar.”

Llegó el momento de volver. El tiempo en el bosque se había cumplido y si se quedaba más allá, empezaría a sentir el dolor del frío excesivo, igual que antes lo sintiera del calor. Ningún extremo era bueno para ella. Solo el equilibrio la mantenía sana.

Caminaron juntos hasta la línea que separaba los dos mundos. Allí se detuvieron, bajo la luz que empezaba a caer suave sobre la nieve. Milori le ajustó el cristal sobre el pecho, asegurándose de que estuviera bien escondido. Luego le tomó ambas manos y las sostuvo entre las suyas, grandes y cálidas incluso bajo aquel frío.

—Cuenta los días —le dijo, como siempre—. Veinte en el prado. Y regresa. Sin demora. Sin excusas. Tu vida depende de ello. Y recuerda lo de tus alas. Ten cuidado. Que nadie sospeche.

—Lo haré todo bien —respondió Yuki mirándolo a los ojos—. Contaré cada hora. Ocultaré mis alas. Y volveré. Siempre volveré.

Él la miró un instante largo, como grabándola en la memoria, como si aquella fuera la última vez que pudiera verla. Luego la abrazó con tanta fuerza que Yuki sintió que el corazón se le partía en dos.

—Vete ya —le susurró con voz quebrada—. Antes de que el dolor de soltarte me impida dejarte ir.

Yuki lo abrazó una vez más, luego se apartó despacio y cruzó la línea sin volver la vista atrás. Sabía que él la miraba irse. Sabía que se quedaba solo en la frontera, mirando hacia donde ella desaparecía. Y mientras caminaba hacia el prado cálido, apretaba el cristal contra su pecho y empezaba a contar de nuevo. Uno. Dos. Tres. Esperando con todas sus fuerzas que el tiempo corriera rápido para volver a encontrarlo.

Y aprendió que el amor también consiste en saber esperar.




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